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XX Domingo después de Pentecostés

Nuestra Señora del Pilar y la historia de nuestro templo - Europa bajo la amenaza turca - San Colmano, Mártir

Nuestra Señora del Pilar y la historia de nuestro templo - Europa bajo la amenaza turca - San Colmano, Mártir

Este domingo forma la segunda parte de la trilogía de la esperanza. La liturgia prosigue desarrollando el tema, pero fijándose más bien en el aspecto negativo con la imagen del destierro. Estamos expulsados de la patria celestial. El hombre debe sentirse como extranjero sobre la tierra (Ofertorio), debe soportar el confinamiento terrestre con espíritu de penitencia (Introito) y aprovechar bien el tiempo («redimir el tiempo», Epístola) mediante la purificación de los pecados (Oración, Secreta) y por las buenas obras (Introito, Epístola, Comunión). Debe, sobre todo, suspirar con santa nostalgia por la patria eterna (Evangelio, Gradual, Epístola, Comunión). El punto culminante de toda la misa es el canto del Ofertorio. En él hallamos expresada toda nuestra añoranza celeste (esperanza): «al acordarnos de ti, Sión, nos sentamos junto a los ríos de Babilonia y comenzamos a llorar».

Desde el Escritorio del Párroco

Nuestra Señora del Pilar y la historia de nuestro templo

Nuestro templo tiene más de tres siglos de historia. Muchos conocemos sus altares y capillas, pero quizá no sabemos por qué está dedicado a Nuestra Señora del Pilar, qué había en los edificios vecinos o que aquí fue bautizado san David Galván. También fue aquí donde se salvó la imagen de Nuestra Señora de Zapopan durante un atentado. Son acontecimientos que vale la pena conocer y compartir.

La devoción a Nuestra Señora del Pilar procede de Zaragoza, España. Según la antigua tradición, el apóstol Santiago se encontraba desanimado por los pocos frutos de su predicación cuando recibió la visita de la Santísima Virgen, que todavía vivía en este mundo. Nuestra Señora vino a animarlo a perseverar y le dejó una columna, el pilar que dio nombre a esta advocación. La tradición sitúa esta visita el 2 de enero del año 40.

Por eso acudimos a Nuestra Señora del Pilar para pedir fortaleza y perseverancia en la fe. También nosotros necesitamos su ayuda cuando encontramos dificultades en nuestra vida cristiana, en nuestras familias y en nuestros apostolados.

¿Y por qué se escogió esta advocación para nuestro templo? Encontramos un dato interesante: el obispo que promovió su construcción, fray Manuel de Mimbela, había nacido en Fraga, Aragón, la misma región donde está Zaragoza. Era franciscano y estaba vinculado a la provincia religiosa de Aragón. Es probable que sus raíces influyeran en esta elección. Lo que sí está documentado es que colocó la primera piedra el 12 de octubre de 1718, precisamente en la fiesta de Nuestra Señora del Pilar. En la ceremonia estuvieron presentes los provinciales de los franciscanos, dominicos y agustinos.

Guadalajara estaba creciendo hacia el suroeste y hacía falta un templo para atender a quienes se establecían en aquella zona. La obra se encomendó al sacerdote Eusebio Antonio de Riaza y se terminó en 1720. El primer edificio era sencillo, con muros lisos y techo de madera. Funcionaba como ayuda de la parroquia del Sagrario. Su importancia para los vecinos hizo que se conociera popularmente como «la Parroquia», nombre que también recibió la calle situada frente al templo.

El Pilar no fue la primera iglesia de Guadalajara, pero sí pertenece a una etapa antigua de su historia. Además, debemos distinguir entre la fundación del templo y la construcción del edificio que conocemos. Durante el siglo XIX, el padre Juan Jacobo Caldera promovió una reconstrucción, y la ficha histórica del INAH señala el 6 de octubre de 1882 como fecha de dedicación de la nueva iglesia.

Después, el padre Andrés Cárdenas impulsó otras mejoras, entre ellas el bautisterio, la reedificación de la capilla de San Nicolás de Bari, la capilla del Sagrado Corazón y la colocación de cuatro campanas. En años posteriores hubo nuevas intervenciones. El INAH menciona, entre ellas, la restauración de una capilla lateral por el arquitecto Ignacio Díaz Morales.

Lo que hoy disfrutamos es resultado del trabajo de varias generaciones. Hubo sacerdotes y fieles que dedicaron tiempo y recursos para construir, adornar y conservar el templo. Al conocer esta historia podemos apreciar mejor lo que hemos recibido.

El edificio vecino también tiene una historia importante. Allí funcionó la Casa de Recogidas, establecida a mediados del siglo XVIII por iniciativa del padre José de Castro y del obispo Juan Gómez de Parada. Entre sus fines estaba ofrecer amparo a mujeres sin recursos ni protección, ayudándolas a salir de la prostitución o evitando que cayeran en ella. Era una institución propia de su tiempo, con funciones de asistencia y formación religiosa, pero también de disciplina y reclusión femenina.

Esta casa recibió la ayuda de fray Antonio Alcalde. Como se había establecido sin la autorización real correspondiente, en 1772 se dispuso su supresión e incluso la demolición del edificio. El obispo intervino para conservarla y consiguió que Carlos III reconociera su existencia el 24 de mayo de 1776. También destinó una aportación anual para su sostenimiento. Nuestro templo quedó así relacionado con la obra de uno de los grandes benefactores de Guadalajara.

En nuestra comunidad se conserva el recuerdo de las religiosas que ocuparon el edificio contiguo y de su comunicación con la capilla de la Vía Matris. También se recuerda que el espacio que hoy conocemos como estacionamiento fue utilizado como cárcel de mujeres. Queda por precisar la cronología de estas etapas y el posible funcionamiento de una escuela en el inmueble.

La capilla de la Vía Matris, recordada como la antigua capilla de las religiosas, recibe su nombre de la devoción a los siete dolores de Nuestra Señora, cuyas estaciones se encuentran allí. Vía Matris significa «camino de la Madre». Esta devoción nos invita a meditar los sufrimientos de María y su unión con la Pasión de Nuestro Señor.

Nuestro templo también tiene una relación con la beata Concepción Cabrera de Armida, conocida como Conchita. Su hijo Ignacio María Dionicio Armida Cabrera contrajo matrimonio con María Isabel del Carmen Morán Bolaños-Cacho el 8 de julio de 1919 en el templo del Pilar. Según la tradición bien conocida en nuestra comunidad, la boda se celebró en la capilla de la Vía Matris.

Otro acontecimiento importante fue el bautismo de san David Galván Bermúdez en el Pilar, el 2 de febrero de 1881, fiesta de la Purificación de Nuestra Señora. Había nacido en Guadalajara el 29 de enero, apenas cuatro días antes. Aquí comenzó su vida cristiana quien después llegaría a ser sacerdote y mártir.

Su camino al sacerdocio no fue fácil. Ingresó al seminario siendo adolescente, pero lo dejó durante un tiempo. Después de una conversión pidió regresar y fue ordenado sacerdote en 1909. Se distinguió por su vida de oración y por su dedicación a los enfermos y necesitados.

Durante los enfrentamientos de la Revolución salió a atender espiritualmente a los heridos, a pesar del peligro. En enero de 1915 fue detenido y fusilado. El militar que ordenó su muerte le guardaba rencor porque el sacerdote había intervenido para proteger a una joven de sus pretensiones. Su martirio estuvo relacionado con el ejercicio de su ministerio y la defensa de la moral cristiana. Sucedió antes de la Cristiada de 1926–1929.

Saber que un santo fue bautizado en nuestro templo nos da un motivo especial de agradecimiento. También nos recuerda la importancia de cada bautismo que celebramos. Los padres llevan a su hijo para que reciba la gracia de Dios, sin saber todavía todo lo que Dios puede hacer en esa alma.

El Pilar guarda otros recuerdos de los años de persecución. Una semblanza publicada por la Arquidiócesis relata que Manuel Gómez y Francisca Fregoso, padres del futuro sacerdote e historiador José de Jesús Gómez Fregoso, se casaron a escondidas en la capilla de San Nicolás de Bari en 1926. La vida sacramental continuaba, aunque recibir los sacramentos podía exigir precaución y valor.

También debemos recordar la protección de la imagen de Nuestra Señora de Zapopan durante un atentado en nuestro templo. Según el relato publicado por Semanario, durante una de sus visitas un hombre disparó contra ella mientras estaba expuesta en el altar. Uno de los disparos alcanzó la base que la sostenía y provocó que cayera en un cesto de flores. Los siguientes disparos no la alcanzaron.

El Boletín Eclesiástico de la Arquidiócesis también recoge que la imagen cayó entre las flores y que estas amortiguaron el golpe. Aunque los relatos difieren en algunos detalles y en la fecha, conservan el recuerdo de cómo se salvó la imagen.

Podemos comprender por qué este acontecimiento se recuerda con tanta gratitud y se cuenta como un milagro de Nuestra Señora de Zapopan. Quisieron destruir su imagen, pero se salvó. Para los fieles que vivían aquellos años difíciles fue un motivo para seguir confiando en su protección.

Con el paso del tiempo, el barrio también se ha transformado. El entorno del Carmen y del Pilar conserva casas y edificios que recuerdan una época con más vida residencial. El centro de Guadalajara ha perdido habitantes y muchas viviendas se han convertido en comercios y espacios de servicios. El deterioro de los inmuebles, las rentas elevadas y la inseguridad han contribuido a la salida de vecinos.

También ha cambiado el ambiente moral del barrio. En algunas calles cercanas se han establecido lugares de diversión que promueven conductas contrarias a la moral cristiana. Ese ambiente perverso y decadente presenta dificultades para las familias que vienen al templo y para el desarrollo de nuestros apostolados.

Tenemos mucho cariño al Pilar. Estamos agradecidos por su historia, su belleza y, sobre todo, por las gracias que hemos recibido aquí. Nuestra devoción a Nuestra Señora del Pilar permanece. Pero también conocemos las limitaciones del inmueble y las dificultades de su entorno. Nos hacen falta espacios adecuados para las clases, los apostolados y la convivencia de las familias.

Por eso seguimos pidiéndole a san José que nos ayude a encontrar un nuevo templo, donde podamos atender mejor las necesidades de nuestra comunidad y desarrollar nuestros apostolados.

También los invitamos a firmar la petición dirigida al señor Cardenal, pidiéndole respetuosamente que considere esta necesidad y nos ayude a encontrar una solución. Queremos que conozca las necesidades de las familias y de los fieles que aman la Misa tradicional y desean transmitir la fe a las siguientes generaciones.

Agradecemos a Nuestra Señora todo lo que hemos recibido en el Pilar y seguimos encomendando a san José esta intención.

Nuestra Señora del Pilar y la historia de nuestro templo

Nuestro templo tiene más de tres siglos de historia. Muchos conocemos sus altares y capillas, pero quizá no sabemos por qué está dedicado a Nuestra Señora del Pilar, qué había en los edificios vecinos o que aquí fue bautizado san David Galván. También fue aquí donde se salvó la imagen de Nuestra Señora de Zapopan durante un atentado. Son acontecimientos que vale la pena conocer y compartir.

La devoción a Nuestra Señora del Pilar procede de Zaragoza, España. Según la antigua tradición, el apóstol Santiago se encontraba desanimado por los pocos frutos de su predicación cuando recibió la visita de la Santísima Virgen, que todavía vivía en este mundo. Nuestra Señora vino a animarlo a perseverar y le dejó una columna, el pilar que dio nombre a esta advocación. La tradición sitúa esta visita el 2 de enero del año 40.

Por eso acudimos a Nuestra Señora del Pilar para pedir fortaleza y perseverancia en la fe. También nosotros necesitamos su ayuda cuando encontramos dificultades en nuestra vida cristiana, en nuestras familias y en nuestros apostolados.

¿Y por qué se escogió esta advocación para nuestro templo? Encontramos un dato interesante: el obispo que promovió su construcción, fray Manuel de Mimbela, había nacido en Fraga, Aragón, la misma región donde está Zaragoza. Era franciscano y estaba vinculado a la provincia religiosa de Aragón. Es probable que sus raíces influyeran en esta elección. Lo que sí está documentado es que colocó la primera piedra el 12 de octubre de 1718, precisamente en la fiesta de Nuestra Señora del Pilar. En la ceremonia estuvieron presentes los provinciales de los franciscanos, dominicos y agustinos.

Guadalajara estaba creciendo hacia el suroeste y hacía falta un templo para atender a quienes se establecían en aquella zona. La obra se encomendó al sacerdote Eusebio Antonio de Riaza y se terminó en 1720. El primer edificio era sencillo, con muros lisos y techo de madera. Funcionaba como ayuda de la parroquia del Sagrario. Su importancia para los vecinos hizo que se conociera popularmente como «la Parroquia», nombre que también recibió la calle situada frente al templo.

El Pilar no fue la primera iglesia de Guadalajara, pero sí pertenece a una etapa antigua de su historia. Además, debemos distinguir entre la fundación del templo y la construcción del edificio que conocemos. Durante el siglo XIX, el padre Juan Jacobo Caldera promovió una reconstrucción, y la ficha histórica del INAH señala el 6 de octubre de 1882 como fecha de dedicación de la nueva iglesia.

Después, el padre Andrés Cárdenas impulsó otras mejoras, entre ellas el bautisterio, la reedificación de la capilla de San Nicolás de Bari, la capilla del Sagrado Corazón y la colocación de cuatro campanas. En años posteriores hubo nuevas intervenciones. El INAH menciona, entre ellas, la restauración de una capilla lateral por el arquitecto Ignacio Díaz Morales.

Lo que hoy disfrutamos es resultado del trabajo de varias generaciones. Hubo sacerdotes y fieles que dedicaron tiempo y recursos para construir, adornar y conservar el templo. Al conocer esta historia podemos apreciar mejor lo que hemos recibido.

El edificio vecino también tiene una historia importante. Allí funcionó la Casa de Recogidas, establecida a mediados del siglo XVIII por iniciativa del padre José de Castro y del obispo Juan Gómez de Parada. Entre sus fines estaba ofrecer amparo a mujeres sin recursos ni protección, ayudándolas a salir de la prostitución o evitando que cayeran en ella. Era una institución propia de su tiempo, con funciones de asistencia y formación religiosa, pero también de disciplina y reclusión femenina.

Esta casa recibió la ayuda de fray Antonio Alcalde. Como se había establecido sin la autorización real correspondiente, en 1772 se dispuso su supresión e incluso la demolición del edificio. El obispo intervino para conservarla y consiguió que Carlos III reconociera su existencia el 24 de mayo de 1776. También destinó una aportación anual para su sostenimiento. Nuestro templo quedó así relacionado con la obra de uno de los grandes benefactores de Guadalajara.

En nuestra comunidad se conserva el recuerdo de las religiosas que ocuparon el edificio contiguo y de su comunicación con la capilla de la Vía Matris. También se recuerda que el espacio que hoy conocemos como estacionamiento fue utilizado como cárcel de mujeres. Queda por precisar la cronología de estas etapas y el posible funcionamiento de una escuela en el inmueble.

La capilla de la Vía Matris, recordada como la antigua capilla de las religiosas, recibe su nombre de la devoción a los siete dolores de Nuestra Señora, cuyas estaciones se encuentran allí. Vía Matris significa «camino de la Madre». Esta devoción nos invita a meditar los sufrimientos de María y su unión con la Pasión de Nuestro Señor.

Nuestro templo también tiene una relación con la beata Concepción Cabrera de Armida, conocida como Conchita. Su hijo Ignacio María Dionicio Armida Cabrera contrajo matrimonio con María Isabel del Carmen Morán Bolaños-Cacho el 8 de julio de 1919 en el templo del Pilar. Según la tradición bien conocida en nuestra comunidad, la boda se celebró en la capilla de la Vía Matris.

Otro acontecimiento importante fue el bautismo de san David Galván Bermúdez en el Pilar, el 2 de febrero de 1881, fiesta de la Purificación de Nuestra Señora. Había nacido en Guadalajara el 29 de enero, apenas cuatro días antes. Aquí comenzó su vida cristiana quien después llegaría a ser sacerdote y mártir.

Su camino al sacerdocio no fue fácil. Ingresó al seminario siendo adolescente, pero lo dejó durante un tiempo. Después de una conversión pidió regresar y fue ordenado sacerdote en 1909. Se distinguió por su vida de oración y por su dedicación a los enfermos y necesitados.

Durante los enfrentamientos de la Revolución salió a atender espiritualmente a los heridos, a pesar del peligro. En enero de 1915 fue detenido y fusilado. El militar que ordenó su muerte le guardaba rencor porque el sacerdote había intervenido para proteger a una joven de sus pretensiones. Su martirio estuvo relacionado con el ejercicio de su ministerio y la defensa de la moral cristiana. Sucedió antes de la Cristiada de 1926–1929.

Saber que un santo fue bautizado en nuestro templo nos da un motivo especial de agradecimiento. También nos recuerda la importancia de cada bautismo que celebramos. Los padres llevan a su hijo para que reciba la gracia de Dios, sin saber todavía todo lo que Dios puede hacer en esa alma.

El Pilar guarda otros recuerdos de los años de persecución. Una semblanza publicada por la Arquidiócesis relata que Manuel Gómez y Francisca Fregoso, padres del futuro sacerdote e historiador José de Jesús Gómez Fregoso, se casaron a escondidas en la capilla de San Nicolás de Bari en 1926. La vida sacramental continuaba, aunque recibir los sacramentos podía exigir precaución y valor.

También debemos recordar la protección de la imagen de Nuestra Señora de Zapopan durante un atentado en nuestro templo. Según el relato publicado por Semanario, durante una de sus visitas un hombre disparó contra ella mientras estaba expuesta en el altar. Uno de los disparos alcanzó la base que la sostenía y provocó que cayera en un cesto de flores. Los siguientes disparos no la alcanzaron.

El Boletín Eclesiástico de la Arquidiócesis también recoge que la imagen cayó entre las flores y que estas amortiguaron el golpe. Aunque los relatos difieren en algunos detalles y en la fecha, conservan el recuerdo de cómo se salvó la imagen.

Podemos comprender por qué este acontecimiento se recuerda con tanta gratitud y se cuenta como un milagro de Nuestra Señora de Zapopan. Quisieron destruir su imagen, pero se salvó. Para los fieles que vivían aquellos años difíciles fue un motivo para seguir confiando en su protección.

Con el paso del tiempo, el barrio también se ha transformado. El entorno del Carmen y del Pilar conserva casas y edificios que recuerdan una época con más vida residencial. El centro de Guadalajara ha perdido habitantes y muchas viviendas se han convertido en comercios y espacios de servicios. El deterioro de los inmuebles, las rentas elevadas y la inseguridad han contribuido a la salida de vecinos.

También ha cambiado el ambiente moral del barrio. En algunas calles cercanas se han establecido lugares de diversión que promueven conductas contrarias a la moral cristiana. Ese ambiente perverso y decadente presenta dificultades para las familias que vienen al templo y para el desarrollo de nuestros apostolados.

Tenemos mucho cariño al Pilar. Estamos agradecidos por su historia, su belleza y, sobre todo, por las gracias que hemos recibido aquí. Nuestra devoción a Nuestra Señora del Pilar permanece. Pero también conocemos las limitaciones del inmueble y las dificultades de su entorno. Nos hacen falta espacios adecuados para las clases, los apostolados y la convivencia de las familias.

Por eso seguimos pidiéndole a san José que nos ayude a encontrar un nuevo templo, donde podamos atender mejor las necesidades de nuestra comunidad y desarrollar nuestros apostolados.

También los invitamos a firmar la petición dirigida al señor Cardenal, pidiéndole respetuosamente que considere esta necesidad y nos ayude a encontrar una solución. Queremos que conozca las necesidades de las familias y de los fieles que aman la Misa tradicional y desean transmitir la fe a las siguientes generaciones.

Agradecemos a Nuestra Señora todo lo que hemos recibido en el Pilar y seguimos encomendando a san José esta intención.

A que no sabías que…

Aquí conoceremos más sobre temas litúrgicos.

En 1570, considerándose suficientemente fuertes para enfrentarse a cualquier adversario, el Imperio otomano se lanzó sobre Chipre y se apoderó de la isla tras una campaña sangrienta y brutal. El Gran Turco pensaba que podía extender impunemente la sombra de su dominio sobre la Europa cristiana, pues los reinos occidentales se encontraban entonces divididos, en medio de las convulsiones provocadas por la aparición del protestantismo.

Intervención providencial de Nuestra Señora del Rosario

Pero no contaba con la providencia divina, que cuatro años antes había suscitado a un gran papa en la persona del padre Michele Ghisleri, hijo de santo Domingo, quien llegó a ser papa con el nombre de Pío V. Dedicado a la reforma de la Iglesia según los cánones del Concilio de Trento, Pío V es conocido por la bula mediante la cual unificó el rito romano para la celebración de la misa.

Horrorizado por los relatos de los crímenes perpetrados por los turcos en Chipre y por la amenaza que esta nueva incursión musulmana representaba para Europa, el Pontífice emprendió la tarea de reunir las fuerzas de los reinos cristianos en una santa liga, cuyos ejércitos fueran suficientemente poderosos para salir al encuentro de los infieles.

A pesar de sus esfuerzos diplomáticos, el Santo Padre no logró reunir una flota que pareciera estar a la altura de las fuerzas turcas. Consciente de la dificultad de la empresa, pero convencido de su necesidad y de su conformidad con el plan divino, el papa resolvió confiar los ejércitos cristianos a un excelente capitán: don Juan de Austria, pero, sobre todo, a una gran Reina: Nuestra Señora del Rosario.

Recomendó a toda la Iglesia suplicar con insistencia mediante el rezo del rosario, esa gran oración que nos une a María como hijos aferrados a la mano de su madre. La intercesión de la Santísima Virgen mereció manifiestamente la intervención divina en favor de las naves cristianas, que obtuvieron en Lepanto, el 7 de octubre de 1571, frente a las costas occidentales de Grecia, una resonante victoria que alejaría durante mucho tiempo la amenaza musulmana de los territorios europeos.

En el instante decisivo, el papa, mirando desde su ventana hacia Oriente, tuvo una visión que le anunció el feliz desenlace de la batalla, noticia que solo llegaría a Roma unos quince días después. La victoria sería conmemorada con una fiesta en honor de su principal mediadora: Nuestra Señora del Rosario, celebrada el primer domingo de octubre o el séptimo día de ese mes, dedicado por entero a esta devoción mariana.

El rosario: oración antigua y tradicional

La repetición de las Avemarías del rosario no es incompatible con la verdadera oración; al contrario, es como la repetición que necesitan los enamorados de las palabras con las que expresan su fidelidad.

Los primeros monjes desarrollaron esta oración acompasada al pulso o a la respiración, que se conoce como la oración del corazón. Ya desde el siglo XII, los cistercienses, guiados por san Bernardo, acostumbraban rezar las tres coronas de cincuenta Avemarías, en recuerdo de los 150 salmos del rey David.

Después de retirarse al bosque de Bouconne, al suroeste de Toulouse, y de orar por la conversión de los cátaros, santo Domingo recibió allí el santo rosario de manos de Nuestra Señora para tocar el corazón de los herejes.

Desde entonces, los cristianos han amado confiarse a su Madre celestial mientras desgranan las cuentas de su rosario y repiten las palabras sencillas y confiadas del «Dios te salve, María». Son muchos quienes han sido protegidos, sostenidos y salvados por esta oración en la hora del peligro o de la desesperación.

El rosario: oración de las familias

San Juan Pablo II decía del santo rosario que es un resumen del Evangelio en el que resuena la oración de María. Al meditar con ella los misterios de la vida de Jesús, es como si los viviéramos junto a ella, como si los contempláramos con sus ojos y nos uniéramos a ellos en ella.

El santo papa recomendaba especialmente esta oración para las familias. Preguntémonos hoy qué lugar ocupa el rosario en nuestra vida y en nuestras familias, pues ese lugar es precisamente el que dejamos a María.

Con su maternal benevolencia, ella quiere estar presente en el corazón de nuestras vidas y de nuestros hogares, y esa presencia es la del santo rosario.

En 1570, considerándose suficientemente fuertes para enfrentarse a cualquier adversario, el Imperio otomano se lanzó sobre Chipre y se apoderó de la isla tras una campaña sangrienta y brutal. El Gran Turco pensaba que podía extender impunemente la sombra de su dominio sobre la Europa cristiana, pues los reinos occidentales se encontraban entonces divididos, en medio de las convulsiones provocadas por la aparición del protestantismo.

Intervención providencial de Nuestra Señora del Rosario

Pero no contaba con la providencia divina, que cuatro años antes había suscitado a un gran papa en la persona del padre Michele Ghisleri, hijo de santo Domingo, quien llegó a ser papa con el nombre de Pío V. Dedicado a la reforma de la Iglesia según los cánones del Concilio de Trento, Pío V es conocido por la bula mediante la cual unificó el rito romano para la celebración de la misa.

Horrorizado por los relatos de los crímenes perpetrados por los turcos en Chipre y por la amenaza que esta nueva incursión musulmana representaba para Europa, el Pontífice emprendió la tarea de reunir las fuerzas de los reinos cristianos en una santa liga, cuyos ejércitos fueran suficientemente poderosos para salir al encuentro de los infieles.

A pesar de sus esfuerzos diplomáticos, el Santo Padre no logró reunir una flota que pareciera estar a la altura de las fuerzas turcas. Consciente de la dificultad de la empresa, pero convencido de su necesidad y de su conformidad con el plan divino, el papa resolvió confiar los ejércitos cristianos a un excelente capitán: don Juan de Austria, pero, sobre todo, a una gran Reina: Nuestra Señora del Rosario.

Recomendó a toda la Iglesia suplicar con insistencia mediante el rezo del rosario, esa gran oración que nos une a María como hijos aferrados a la mano de su madre. La intercesión de la Santísima Virgen mereció manifiestamente la intervención divina en favor de las naves cristianas, que obtuvieron en Lepanto, el 7 de octubre de 1571, frente a las costas occidentales de Grecia, una resonante victoria que alejaría durante mucho tiempo la amenaza musulmana de los territorios europeos.

En el instante decisivo, el papa, mirando desde su ventana hacia Oriente, tuvo una visión que le anunció el feliz desenlace de la batalla, noticia que solo llegaría a Roma unos quince días después. La victoria sería conmemorada con una fiesta en honor de su principal mediadora: Nuestra Señora del Rosario, celebrada el primer domingo de octubre o el séptimo día de ese mes, dedicado por entero a esta devoción mariana.

El rosario: oración antigua y tradicional

La repetición de las Avemarías del rosario no es incompatible con la verdadera oración; al contrario, es como la repetición que necesitan los enamorados de las palabras con las que expresan su fidelidad.

Los primeros monjes desarrollaron esta oración acompasada al pulso o a la respiración, que se conoce como la oración del corazón. Ya desde el siglo XII, los cistercienses, guiados por san Bernardo, acostumbraban rezar las tres coronas de cincuenta Avemarías, en recuerdo de los 150 salmos del rey David.

Después de retirarse al bosque de Bouconne, al suroeste de Toulouse, y de orar por la conversión de los cátaros, santo Domingo recibió allí el santo rosario de manos de Nuestra Señora para tocar el corazón de los herejes.

Desde entonces, los cristianos han amado confiarse a su Madre celestial mientras desgranan las cuentas de su rosario y repiten las palabras sencillas y confiadas del «Dios te salve, María». Son muchos quienes han sido protegidos, sostenidos y salvados por esta oración en la hora del peligro o de la desesperación.

El rosario: oración de las familias

San Juan Pablo II decía del santo rosario que es un resumen del Evangelio en el que resuena la oración de María. Al meditar con ella los misterios de la vida de Jesús, es como si los viviéramos junto a ella, como si los contempláramos con sus ojos y nos uniéramos a ellos en ella.

El santo papa recomendaba especialmente esta oración para las familias. Preguntémonos hoy qué lugar ocupa el rosario en nuestra vida y en nuestras familias, pues ese lugar es precisamente el que dejamos a María.

Con su maternal benevolencia, ella quiere estar presente en el corazón de nuestras vidas y de nuestros hogares, y esa presencia es la del santo rosario.

Recomendaciones de lectura mensual

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Formación Espiritual

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El secreto admirable del Santísimo Rosario, de san Luis María Grignion de Montfort

El mes del Rosario es una ocasión para preguntarnos cómo rezamos esta oración: ¿meditamos sus misterios?, ¿perseveramos a pesar de las distracciones?, ¿la compartimos en familia? San Luis María Grignion de Montfort nos ayuda a conocer y amar una devoción que ocupó un lugar central en su vida y en su predicación. Explica la riqueza del Padrenuestro y del Avemaría, la importancia de contemplar la vida y la Pasión de Nuestro Señor, y las disposiciones necesarias para rezar con fruto. Sus páginas reúnen enseñanza, exhortaciones y consejos prácticos que pueden leerse poco a poco durante el mes. Un libro especialmente recomendable para renovar el fervor, combatir la rutina y perseverar en el Rosario como camino de conversión y crecimiento en la vida cristiana.

Está disponible en español en distintas ediciones impresas y también gratuitamente en el sitio de los Misioneros Montfortianos, en PDF: https://www.montfort.org/content/uploads/pdf/PDF_ES_29_1.pdf?

El secreto admirable del Santísimo Rosario, de san Luis María Grignion de Montfort

El mes del Rosario es una ocasión para preguntarnos cómo rezamos esta oración: ¿meditamos sus misterios?, ¿perseveramos a pesar de las distracciones?, ¿la compartimos en familia? San Luis María Grignion de Montfort nos ayuda a conocer y amar una devoción que ocupó un lugar central en su vida y en su predicación. Explica la riqueza del Padrenuestro y del Avemaría, la importancia de contemplar la vida y la Pasión de Nuestro Señor, y las disposiciones necesarias para rezar con fruto. Sus páginas reúnen enseñanza, exhortaciones y consejos prácticos que pueden leerse poco a poco durante el mes. Un libro especialmente recomendable para renovar el fervor, combatir la rutina y perseverar en el Rosario como camino de conversión y crecimiento en la vida cristiana.

Está disponible en español en distintas ediciones impresas y también gratuitamente en el sitio de los Misioneros Montfortianos, en PDF: https://www.montfort.org/content/uploads/pdf/PDF_ES_29_1.pdf?

Formación Intelectual

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Las grandes herejías, de Hilaire Belloc

¿Importa realmente lo que una sociedad cree acerca de Dios y del hombre? Belloc muestra que las disputas religiosas tienen consecuencias que desbordan los libros de teología y llegan a transformar pueblos enteros. Desde una perspectiva católica, examina el arrianismo, el islam, el movimiento albigense, la Reforma protestante y el ataque moderno contra la fe, atendiendo a sus repercusiones en la civilización. Su capítulo sobre el islam ofrece un marco para comprender el prolongado conflicto histórico dentro del cual tuvo lugar Lepanto. Es un ensayo vigoroso que exige cierta atención, pero ayuda a reconocer la relación entre doctrina, cultura e historia. Una lectura para formar el juicio y comprender mejor por qué la integridad de la fe importa también para la vida de la sociedad.

Hay ediciones impresas en español; figura en el catálogo de Editorial Que no te la cuenten: https://editorial.quenotelacuenten.org/productos/las-grandes-herejias/ y en Libros Guadalupe: https://librosguadalupe.com/products/las-grandes-herejias?

Las grandes herejías, de Hilaire Belloc

¿Importa realmente lo que una sociedad cree acerca de Dios y del hombre? Belloc muestra que las disputas religiosas tienen consecuencias que desbordan los libros de teología y llegan a transformar pueblos enteros. Desde una perspectiva católica, examina el arrianismo, el islam, el movimiento albigense, la Reforma protestante y el ataque moderno contra la fe, atendiendo a sus repercusiones en la civilización. Su capítulo sobre el islam ofrece un marco para comprender el prolongado conflicto histórico dentro del cual tuvo lugar Lepanto. Es un ensayo vigoroso que exige cierta atención, pero ayuda a reconocer la relación entre doctrina, cultura e historia. Una lectura para formar el juicio y comprender mejor por qué la integridad de la fe importa también para la vida de la sociedad.

Hay ediciones impresas en español; figura en el catálogo de Editorial Que no te la cuenten: https://editorial.quenotelacuenten.org/productos/las-grandes-herejias/ y en Libros Guadalupe: https://librosguadalupe.com/products/las-grandes-herejias?

Literatura

Literatura

Lepanto y otros poemas, de G. K. Chesterton

Octubre nos invita a recordar la victoria de Lepanto, y la literatura nos ofrece una manera privilegiada de acercarnos a aquella jornada. En su célebre poema, Chesterton evoca la figura de don Juan de Austria y el enfrentamiento de las escuadras con imágenes de gran fuerza y un ritmo que invita a leer en voz alta. Sus versos transmiten el valor de quienes combatieron y la gravedad de lo que estaba en juego para la cristiandad. El volumen permite descubrir, además, otras composiciones de un escritor más conocido por sus relatos y ensayos. Una buena ocasión para cultivar el gusto por la poesía y contemplar cómo la fe, la imaginación y la memoria histórica pueden enriquecer una obra literaria.

Se encuentra en español en Editorial Renacimiento, con edición de 2021: https://www.editorialrenacimiento.com/poesia-universal-serie-mediana/2625-lepanto-y-otros-poemas.html

Lepanto y otros poemas, de G. K. Chesterton

Octubre nos invita a recordar la victoria de Lepanto, y la literatura nos ofrece una manera privilegiada de acercarnos a aquella jornada. En su célebre poema, Chesterton evoca la figura de don Juan de Austria y el enfrentamiento de las escuadras con imágenes de gran fuerza y un ritmo que invita a leer en voz alta. Sus versos transmiten el valor de quienes combatieron y la gravedad de lo que estaba en juego para la cristiandad. El volumen permite descubrir, además, otras composiciones de un escritor más conocido por sus relatos y ensayos. Una buena ocasión para cultivar el gusto por la poesía y contemplar cómo la fe, la imaginación y la memoria histórica pueden enriquecer una obra literaria.

Se encuentra en español en Editorial Renacimiento, con edición de 2021: https://www.editorialrenacimiento.com/poesia-universal-serie-mediana/2625-lepanto-y-otros-poemas.html

Santos que seguro no conocías

San Colmano, Mártir - 13 de octubre

A inicios del siglo XI, los pueblos de la Moravia y de la Bohemia, en Austria, estaban divididos por un odio implacable, se enfrentaban entre sí en una cruel guerra.

Es en aquella época que Colmano, irlandés de nacimiento, llegó a la ciudad de Stockcraw, situada a unas 30 Km. de Viena. Era un peregrino que se dirigía a Jerusalén. Como él llegaba desde un país enemigo, lo tomaron por espía, y a pesar de que él clamaba su inocencia, lo arrestaron y lo ejecutaron colgándolo de un árbol seco.

Lo curioso es que, según la costumbre, el cuerpo se descolgaba al descomponerse, pero el de Colmano, se balanceó durante 18 meses e hizo florecer el árbol. Los habitantes del lugar entendieron este signo como una señal del Cielo de que había muerto injustamente; a esto se sumaron milagros obrados por el santo, y la veneración se extendió, desde el 13 de octubre del 1014 (inhumación de su cuerpo), por Austria, Hungría, el Tirol, Baviera y el Palatinado.

Según la tradición, el árbol donde fue colgado se conserva hasta hoy en el castillo de Kreuzenstein, también cerca de Viena, mientras que el cuerpo del santo reposa en Melk, en la tumba que hizo construir en su honor el margrave Enrique II.

En su honor fueron erigidas muchas capillas, especialmente en las zonas montañosas. Aún hoy es posible encontrar en los campos fuentes de agua dedicadas al santo.

En la devoción popular, así como el Martirologio tradicional, se le da el título de Mártir debido a su violenta muerte y posteriores milagros. En el Martirologio actual, ya no posee ese título.

Fuente: https://es.catholic.net/op/articulos/36836/colmano-santo.html#modal

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