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El sentido literal de la expresión “Reino de los cielos” se entiende en los Evangelios la mayor parte de las veces, no la sociedad de los bienaventurados, sino la sociedad externa y visible de los que en este mundo adoran a Dios por la verdadera fe en Jesucristo. El mismo sentido tienen de ordinario las expresiones Reino de Dios, Reino mío, o solamente Reino, de que usa con frecuencia Jesucristo. Es sencillamente la monarquía religiosa de los que, creyendo en Cristo, habían de formar en el Nuevo Testamento el pueblo de Dios. Así se explica cómo este Reino se compara a una red barredera, que coge peces buenos y malos; a un campo donde crece el trigo y la negrilla; a diez vírgenes, de las que cinco son necias y cinco prudentes; a un banquete en el que entra toda clase de comensales.
El vestido de boda. La parábola dice que el Rey advirtió que entre los comensales había uno que no llevaba el traje de etiqueta que a todos entregaban al entrar. «¿Cómo estás tú sin traje de boda?», le dijo. Y luego a los criados: «¡Fuera con él! Atadle de pies y manos y metedle en el calabozo de allá fuera. ¡Que llore y que rechine los dientes!» El significado de este detalle es sencillísimo. No basta pertenecer al Reino de Dios acá abajo, no basta pertenecer a la Iglesia, no basta ser cristiano por el bautismo para tener derecho al Reino de los cielos consumado, para entrar en la gloria, para salvarse. Es menester, además, tener y conservar limpia la vestidura de bodas, la gracia santificante: sola ella nos hace acreedores a sentarnos con Abrahán, Isaac y Jacob y con el mismo Jesucristo en el eterno banquete de los cielos.
Dom. Prosper Gueranguer, DOMINICA XIX DESPUÉS DE PENTECOSTÉS - Del banquete de bodas, Mt. 22, 1-14.
Desde el Escritorio del Párroco

A que no sabías que…
Aquí conoceremos más sobre temas litúrgicos.

Santos que seguro no conocías
San Luis Beltrán, Confesor – 9 de octubre
Luis Beltrán nació en Valencia (España) el 1° de enero de 1526, de familia rica y muy virtuosa. Su padre, Juan Luis, después de haber quedado viudo, quiso hacerse monje del monasterio de Porta-Coeli que queda cerca de Valencia. Pero cuando ya iba llegando al monasterio, se le aparecieron san Vicente Ferrer y san Bruno quienes le dijeron que la voluntad de Dios no lo quería en el convento sino en el mundo. Obedeció, regresó y al poco tiempo se casó con la virtuosa Juana Angela Eixarch, hija de Juan Eixarch, rico mercader.
Luis fue el primogénito de esta pareja. Desde muy niño dio claras muestras de su afición a la oración y a la penitencia. Se cuenta que a los siete años pasaba largas horas en oración durante la noche y luego se acostaba en el suelo; y para no ser descubierto, desarreglaba la cama.
Lector asiduo de las vidas de los santos, se entusiasmó tanto con el ejemplo de san Alejo y san Roque, quienes por amor a Dios dejaron casa y parientes para peregrinar mendigando su sustento, que resolvió seguir su ejemplo. Sacó dinero prestado, preparó algo de ropa y alimento, buscó un compañero que compartiera su camino y su vida, y partieron camino de Santiago.
A los veinte años ingresó a la Orden de Predicadores y después de su Ordenación sacerdotal se dedicó a la predicación. En 1562 fue enviado a América. En Colombia se dedicó a la catequización, a bautizar y a levantar iglesias. Su celo y su caridad le ganó el afecto de los indígenas, que acudían a él de todas partes y lo acompañaban constantemente. En 1570 regresó a España y continuó su labor apostólica, y en 1574 el Capítulo general de Aragón lo nombró predicador general.
Él mismo define su estilo: “Yo predico en estilo que todos lo entiendan. Y como Dios dijo a Isaías: Stilo hominis. Quiere decir en buen romance claro, que lo entienda todo el mundo. Esto es: estilo llano. Ningún cronista ha guardado tan bien las reglas de los historiadores como los sagrados evangelistas. ¡Qué cortos en contar las grandezas y hazañas de Cristo! ¡Qué sin elocuencia! ¡Qué sin afectos! ¡Qué sin retóricas! Para que resplandezca la verdad, sin color ni afeite, sin ayuda de elocuencia y saber humano”.
Desempeñó varios cargos en su Orden y murió el 9 de octubre de 1581, a los 55 años de edad, en el palacio del patriarca San Juan de Ribera, que era su amigo. Fue canonizado por Clemente X en 1671, y la Iglesia colombiana lo ha venerado siempre como uno de sus principales abogados y patronos.
San Luis tenía una gran devoción por las almas del Purgatorio. Después de su ordenación sacerdotal, su padre, que había muerto ocho años antes, se le apareció y le pidió su ayuda. Un día, después de muchas misas ofrecidas a Dios en su nombre, el Santo vio el alma de su padre muy resplandeciente y liberado de las penas del Purgatorio.
En una oportunidad, en una noche, después de la oración de maitines en el coro, San Luis vio a un hermano compañero de su orden que había fallecido, y estaba todo rodeado por llamas que lo hacía sufrir mucho, el difunto se le arrojó a sus pies para pedirle perdón por aquella expresión ofensiva dirigida al santo hace algunos años.
El fallecido le pidió a San Luis que celebrara una misa para él, mediante el cual iba a ser inmediatamente liberado de las penas del Purgatorio. El Santo celebró la misa en su nombre a la mañana siguiente y en la noche de ese, vio a la persona fallecida que estaba rodeada de gloria, entrando en el Paraíso.
Fuente: https://es.catholic.net/op/articulos/34705/luis-beltrn-santo.html#modal

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