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El próximo sábado celebraremos la fiesta de la Decapitación de San Juan Bautista.
San Juan Bautista es el ángel que prepara la llegada del Mesías, como nos lo explica el libro de Malaquías: «He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí» (Malaquías 3, 1). El mensaje que este ángel de luz venía a traer era el del arrepentimiento. Así lo proclamaba con gritos que llenaban el desierto cercano al río Jordán: «Convertíos, porque ya está cerca el reino de los cielos. ¡Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas!».
San Juan Crisóstomo, hablando sobre el Bautista, nos dice:
«Era admirable ver tanta paciencia en un ser humano; y esto es lo que más atraía a los judíos, que veían en él al gran Elías. Hubo también de contribuir a su admiración el que apareciera un profeta después de tanto tiempo. El modo singular de predicar contribuía a ello. No oían de Juan nada de lo que acostumbraban oír a otros profetas, como eran las batallas y las victorias de acá abajo, sobre Babilonia y Persia, sino que hablaba de los cielos, de cuanto conduce a ellos y de los castigos del infierno». (Homiliae in Matthaeum, hom. 10).
La predicación del Bautista trascendía lo momentáneo y tocaba la fibra más permanente del corazón del hombre: su lucha constante y su vocación a lo divino.
Por eso, su anuncio de penitencia y de conversión es un llamado que sigue siendo actual y necesario, pues nos recuerda que debemos preparar el camino, ya sea para la llegada de Nuestro Señor en nuestro encuentro personal con el Divino Juez a la hora de nuestra muerte, o en su última y segunda venida como Juez Universal.
Hablando sobre la necesidad que tienen los hombres de la predicación, San Pablo nos dice:
«¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?».
Dios sigue enviando ángeles a predicar su mensaje de conversión. Para continuar esta tarea, Cristo ha instituido su Iglesia, una sociedad espiritual y visible, que todavía hoy envía a sus ministros a predicar el mismo mensaje de conversión (Romanos 10, 13-15).
Como nos comenta San Gregorio Magno:
«Todo aquel que predica la recta fe y las buenas obras, prepara, a los corazones de los que lo oyen, el camino para ir al Señor. Ordena las sendas que conducen al Señor, cuando, por medio de la palabra y de la buena predicación, forma los deseos perfectos en el alma». (Homiliae in Evangelia, 20).
Desde el Escritorio del Párroco

A que no sabías que…
Aquí conoceremos más sobre temas litúrgicos.

Santos que seguro no conocías
San Ceferino, Papa – 26 de agosto
En el año 199, cuando murió el papa San Víctor I, el clero romano oró pidiendo consejo a Dios para nombrar al nuevo Pontífice. La señal esperada se produjo bajo la forma de una paloma que se posó unos instantes sobre la cabeza de este santo e inmediatamente desapareció. Se vio en ella una imagen del Espíritu Santo, y Ceferino subió a la sede de San Pedro de inmediato.
Al iniciar su pontificado nombró a Calixto, quien luego sería su sucesor, como archidiácono de Roma, cargo equivalente al actual de secretario de Estado, y que supuso convertirlo en su principal consejero, lo que dada la escasa formación teológica de Ceferino lo hizo depender totalmente de aquel.
Por otra parte, Ceferino estableció que los jóvenes cumplidos los 14 años hiciesen la comunión por Pascua, y que los cálices no fueran de madera introduciendo además el uso de la patena. Asimismo, excomulgó a Tertuliano.
Fue por aquellas mismas fechas cuando el emperador Severo, que hasta entonces se había mostrado, si no favorable, sí al menos neutral con los cristianos, publicó su primer edicto de persecución contra éstos. Ceferino supo afrontar la noticia con gran presencia de ánimo.
A pesar de su alta dignidad, pasaba gran parte de su tiempo visitando los refugios de cristianos, animándolos con sus palabras y proporcionándoles recursos para sobrevivir. En ocasiones iba a verlos a la cárcel, y no pocas veces estuvo presente durante las torturas, intentando dar apoyo y esperanza con su presencia.
Al cabo de nueve años, las persecuciones cesaron con la muerte de Severo. Pero los problemas a los que debía enfrentarse nuestro Santo no habían terminado. Los herejes aprovecharon aquel momento de relativa tranquilidad para difundir sus doctrinas erróneas por doquier.
Durante su pontificado, iniciado bajo el gobierno del emperador Septimio Severo, se reanudaron las persecuciones contra los cristianos, persecuciones que se suavizaron a la muerte de este y durante el mandato de su sucesor Caracalla pero que se reactivaron al ascender, en 217, al trono del imperio Macrino y que hace afirmar a ciertas fuentes que Ceferino murió en ese mismos año tras sufrir martirio, aunque, al no existir pruebas documentales de tal afirmación, lo más probable es que falleciera de muerte natural.
Fuente: https://es.catholic.net/op/articulos/35751/cat/214/ceferino-santo.html

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