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Pintnura de la Parábola del Administrador Astuto

VIII Domingo después de Pentecostés

La Determinación y la Prudencia - La Fiesta de Santiago Apóstol - ¿Debemos ofrecerle a Dios sólo las cosas que hacemos por amor? - Santa Valentina

La Determinación y la Prudencia - La Fiesta de Santiago Apóstol - ¿Debemos ofrecerle a Dios sólo las cosas que hacemos por amor? - Santa Valentina

La enseñanza del Evangelio de hoy es una lección de prudencia cristiana y de celo sobrenatural. Solamente importa el cielo, y a él debemos tender utilizando las situaciones transitorias de aquí abajo, para caminar con más ímpetu. Deberíamos mostrarnos tan hábiles en procurarnos el paraíso, como los hijos de las tinieblas en sus negocios temporales.

En la Epístola se encontrará la razón profunda de este despego de las cosas de la tierra y el secreto de esta aspiración poderosa hacia las cosas del cielo. Es la gracia, la cual transforma nuestras vidas y las prepara para entrar en el reino celestial. Es el Espíritu Santo quien nos da un alma de hijos y nos hace gritar: «¡Abba, Padre!»

Desde el Escritorio del Párroco

El evangelio de la misa de hoy es uno de los más difíciles de entender porque parece que el Señor está halagando la deshonestidad del siervo inicuo. La realidad es que el Señor no está felicitando este siervo, sino está exponiendo una realidad vergonzosa. ¿Cómo es posible que la persona mala aprovecha todos los medios, incluso los malos, para conseguir lo que a él le parece convenir y luego nosotros, que tenemos la certeza del apoyo de Dios y la confianza que estamos buscando un fin mucho más digno, somos mucho menos diligentes astutos para poner los medios para lograr la meta? Entonces debemos de resaltar dos aspectos la parábola que nos proporcionan lecciones importantes. Primero es la determinación que debemos de tener para lograr nuestro objetivo principal que debe de ser la salvación de nuestras almas. San Pablo usa el ejemplo de lo atletas que es similar>

¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, más uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible. Así pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado.

(1Co 9:24-27)

Ahora el Señor da el ejemplo de las personas determinadas a lograr cosas malas solo para mostrarnos la determinación y creatividad de están capaces las personas cuando les importan algo. Entonces si nosotros no buscamos la manera de lograr nuestra santidad, es principalmente porque no nos ha importado lo suficiente.

La otra lección que también es muy importante es sobre la prudencia que es la virtud de que dependen las demás virtudes para funcionar bien. En realidad, el tipo de prudencia que muestra el siervo inicuo es una falsa prudencia que técnicamente se llama astucia. Sin embargo, es similar a la virtud de prudencia in cuanto escoge los medios concretos necesario para lograr una meta específica.

La enciclopedia católica define la prudencia así:

Una de las cuatro virtudes cardinales. Abundan las definiciones, desde Aristóteles en adelante. Su "recta ratio agibilium" tiene la ventaja de ser breve e inclusiva. El padre Rickaby la traduce acertadamente como "la recta razón aplicada a la práctica". Una descripción más completa y útil es la siguiente: un hábito intelectual que nos permite discernir, en cualquier circunstancia humana, lo que es virtuoso y lo que no, y cómo abordar lo uno y evitar lo otro. Cabe señalar que la prudencia, si bien ejerce cierto dominio sobre todas las virtudes morales, no busca perfeccionar la voluntad, sino el intelecto en sus decisiones prácticas. Su función es señalar qué curso de acción debe tomarse en cualquier conjunto de circunstancias concretas. Indica cuál es, aquí y ahora, el justo medio en el que reside la esencia de toda virtud. No tiene nada que ver con querer directamente el bien que discierne. Eso lo hace la virtud moral particular a cuyo ámbito pertenece. Por lo tanto, la prudencia tiene una capacidad directiva con respecto a las demás virtudes. Ilumina el camino y delimita el terreno para su ejercicio. La comprensión que confiere permite distinguir con éxito entre su mera apariencia y su realidad. Debe regir la realización de todos los actos propios de cada una de ellas, al menos si se las considera en su sentido formal. Así, sin prudencia, la valentía se convierte en temeridad; la misericordia en debilidad, y la templanza en fanatismo. Pero no hay que olvidar que la prudencia es una virtud suficientemente distinta de las demás, y no simplemente una condición para su funcionamiento. Su función es determinar para cada una, en la práctica, las circunstancias de tiempo, lugar, modo, etc., que deben observarse, y que los escolásticos engloban bajo el término medium rationis . De este modo, aunque califica directamente al intelecto y no a la voluntad, se la denomina con razón virtud moral.

Prudencia necesaria para la función con las demás virtudes porque toma el concepto abstracto de la virtud y lo aplica a circunstancias concretas.

Por ejemplo, podemos saber que un prójimo hace algo pecaminoso y podemos saber que tal vez tenemos un deber de intentar corregirlo, pero solo con la prudencia podemos saber cómo y cuándo hacerlo eficazmente. Incluso muchas veces la prudencia manda que una acción en sí buena no se puede realizar aún o con tales personas o circunstancias porque no va a tener éxito. Mejor esperar un momento más provechoso.

Prudencia se necesita constantemente. Prudencia es lo que distingue la persona que sabe mucho de la fe de la persona que vive santamente. A veces prudencia incluso parece a los que no la tienen como una debilidad. ¿Por qué no corregimos a todos a viva voz en cada momento? ¿No es cobardía no denunciar todos los males? Pero la realidad es que la prudencia dicta que debemos de hacer no solamente para pelear sino para ganar la victoria.

En su manera el siervo en el evangelio tenía la astucia - parecida a la prudencia - a analizar sus opciones y escoger lo que más le convenía para salir con el suyo. El cristiano que tiene la virtud cardenal de la prudencia debe de también analizar su situación junto con todo su conocimiento de la fe y elegir en cada momento lo que sea más apto para lograr su meta que es su santidad y la gloria de Dios.

Debemos preguntarnos, por tanto: ¿qué medios concretos estamos poniendo para alcanzar la salvación? El hombre mundano calcula, se sacrifica, organiza su tiempo y persevera para conseguir dinero, prestigio o comodidad. ¿Hacemos nosotros algo semejante para vencer nuestros pecados, crecer en la oración y cumplir nuestros deberes? No basta desear vagamente la santidad. La prudencia cristiana nos obliga a examinar nuestra situación, reconocer los obstáculos y tomar decisiones concretas. Si de verdad queremos alcanzar el cielo, debemos actuar con la determinación de quienes saben que está en juego el único bien que nunca podremos recuperar si llegamos a perderlo.

El evangelio de la misa de hoy es uno de los más difíciles de entender porque parece que el Señor está halagando la deshonestidad del siervo inicuo. La realidad es que el Señor no está felicitando este siervo, sino está exponiendo una realidad vergonzosa. ¿Cómo es posible que la persona mala aprovecha todos los medios, incluso los malos, para conseguir lo que a él le parece convenir y luego nosotros, que tenemos la certeza del apoyo de Dios y la confianza que estamos buscando un fin mucho más digno, somos mucho menos diligentes astutos para poner los medios para lograr la meta? Entonces debemos de resaltar dos aspectos la parábola que nos proporcionan lecciones importantes. Primero es la determinación que debemos de tener para lograr nuestro objetivo principal que debe de ser la salvación de nuestras almas. San Pablo usa el ejemplo de lo atletas que es similar>

¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, más uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible. Así pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado.

(1Co 9:24-27)

Ahora el Señor da el ejemplo de las personas determinadas a lograr cosas malas solo para mostrarnos la determinación y creatividad de están capaces las personas cuando les importan algo. Entonces si nosotros no buscamos la manera de lograr nuestra santidad, es principalmente porque no nos ha importado lo suficiente.

La otra lección que también es muy importante es sobre la prudencia que es la virtud de que dependen las demás virtudes para funcionar bien. En realidad, el tipo de prudencia que muestra el siervo inicuo es una falsa prudencia que técnicamente se llama astucia. Sin embargo, es similar a la virtud de prudencia in cuanto escoge los medios concretos necesario para lograr una meta específica.

La enciclopedia católica define la prudencia así:

Una de las cuatro virtudes cardinales. Abundan las definiciones, desde Aristóteles en adelante. Su "recta ratio agibilium" tiene la ventaja de ser breve e inclusiva. El padre Rickaby la traduce acertadamente como "la recta razón aplicada a la práctica". Una descripción más completa y útil es la siguiente: un hábito intelectual que nos permite discernir, en cualquier circunstancia humana, lo que es virtuoso y lo que no, y cómo abordar lo uno y evitar lo otro. Cabe señalar que la prudencia, si bien ejerce cierto dominio sobre todas las virtudes morales, no busca perfeccionar la voluntad, sino el intelecto en sus decisiones prácticas. Su función es señalar qué curso de acción debe tomarse en cualquier conjunto de circunstancias concretas. Indica cuál es, aquí y ahora, el justo medio en el que reside la esencia de toda virtud. No tiene nada que ver con querer directamente el bien que discierne. Eso lo hace la virtud moral particular a cuyo ámbito pertenece. Por lo tanto, la prudencia tiene una capacidad directiva con respecto a las demás virtudes. Ilumina el camino y delimita el terreno para su ejercicio. La comprensión que confiere permite distinguir con éxito entre su mera apariencia y su realidad. Debe regir la realización de todos los actos propios de cada una de ellas, al menos si se las considera en su sentido formal. Así, sin prudencia, la valentía se convierte en temeridad; la misericordia en debilidad, y la templanza en fanatismo. Pero no hay que olvidar que la prudencia es una virtud suficientemente distinta de las demás, y no simplemente una condición para su funcionamiento. Su función es determinar para cada una, en la práctica, las circunstancias de tiempo, lugar, modo, etc., que deben observarse, y que los escolásticos engloban bajo el término medium rationis . De este modo, aunque califica directamente al intelecto y no a la voluntad, se la denomina con razón virtud moral.

Prudencia necesaria para la función con las demás virtudes porque toma el concepto abstracto de la virtud y lo aplica a circunstancias concretas.

Por ejemplo, podemos saber que un prójimo hace algo pecaminoso y podemos saber que tal vez tenemos un deber de intentar corregirlo, pero solo con la prudencia podemos saber cómo y cuándo hacerlo eficazmente. Incluso muchas veces la prudencia manda que una acción en sí buena no se puede realizar aún o con tales personas o circunstancias porque no va a tener éxito. Mejor esperar un momento más provechoso.

Prudencia se necesita constantemente. Prudencia es lo que distingue la persona que sabe mucho de la fe de la persona que vive santamente. A veces prudencia incluso parece a los que no la tienen como una debilidad. ¿Por qué no corregimos a todos a viva voz en cada momento? ¿No es cobardía no denunciar todos los males? Pero la realidad es que la prudencia dicta que debemos de hacer no solamente para pelear sino para ganar la victoria.

En su manera el siervo en el evangelio tenía la astucia - parecida a la prudencia - a analizar sus opciones y escoger lo que más le convenía para salir con el suyo. El cristiano que tiene la virtud cardenal de la prudencia debe de también analizar su situación junto con todo su conocimiento de la fe y elegir en cada momento lo que sea más apto para lograr su meta que es su santidad y la gloria de Dios.

Debemos preguntarnos, por tanto: ¿qué medios concretos estamos poniendo para alcanzar la salvación? El hombre mundano calcula, se sacrifica, organiza su tiempo y persevera para conseguir dinero, prestigio o comodidad. ¿Hacemos nosotros algo semejante para vencer nuestros pecados, crecer en la oración y cumplir nuestros deberes? No basta desear vagamente la santidad. La prudencia cristiana nos obliga a examinar nuestra situación, reconocer los obstáculos y tomar decisiones concretas. Si de verdad queremos alcanzar el cielo, debemos actuar con la determinación de quienes saben que está en juego el único bien que nunca podremos recuperar si llegamos a perderlo.

A que no sabías que…

Aquí conoceremos más sobre temas litúrgicos.

Santiago Apóstol

De la página web www.fisheaters.com

Santiago era hijo de Zebedeo, un pescador galileo, y de Salomé, una mujer piadosa que cuidaba de Cristo. Él y su hermano menor, San Juan (fiesta: 27 de diciembre), fueron llamados como discípulos justo después de que lo fueran Simón Pedro y Andrés, y a Pedro, Santiago y Juan se les suele mencionar juntos en las Escrituras, ya que fueron testigos de la resurrección de la hija de Jairo, de la Transfiguración y de la agonía de xCristo en el huerto de Getsemaní.

Santiago y su hermano debían de ser personas celosas y de carácter apasionado, ya que llegaron a ser llamados «Boanerges» («Hijos del Trueno»), un apodo que les puso el propio Jesús. Tras la Ascensión de Nuestro Señor, la tradición cuenta que el celo evangelizador de san Santiago le llevó a Marmarica, en el norte de África, y, posiblemente, a algunas zonas de España durante un tiempo —lugar al que san Pablo había deseado viajar (Romanos 15, 24)—, tras lo cual regresó a Judea para sufrir el martirio.

En el año 44 d. C., Herodes Agripa I, nieto de Herodes el Grande —quien intentó matar al Niño Jesús—, se propuso cumplir la voluntad de los judíos actuando con dureza contra los cristianos locales. San Santiago fue acusado, y Herodes «mató a Santiago, hermano de Juan, con la espada». (Hechos 12, 1-2). El historiador de la Iglesia, Eusebio, nos cuenta que el acusador de Santiago siguió a este hasta el martirio, ya que se convirtió tras escuchar la confesión del santo ante Herodes. En el lugar donde se dice que Santiago fue martirizado mediante decapitación, se construyó una capilla; se encuentra cerca del santuario de la catedral de Santiago de Jerusalén, en el barrio armenio.

Aquí la tradición retoma el hilo contándonos que las reliquias de Santiago fueron trasladadas a España (por supuesto, surgieron leyendas en torno al suceso, una de ellas, extraña y encantadora, aparentemente destinada a explicar por qué la concha de berberecho es el emblema de Santiago. Se dice que, cuando las reliquias del santo eran transportadas en barco desde Jerusalén y se acercaban a la costa de Portugal, un hombre cabalgaba por casualidad por la playa. El caballo, desobediente, se lanzó al mar junto con su jinete, dirigiéndose hacia el barco. Se hundieron, por supuesto, pero luego volvieron a salir a la superficie, cubiertos de conchas de vieira, y de ahí que la concha de vieira se convirtiera en el símbolo de nuestro héroe). Las reliquias fueron enterradas y quedaron prácticamente olvidadas tras años de persecución romana, invasiones vándalas y visigodas, y ataques musulmanes; olvidadas, es decir, hasta que un ermitaño de principios del siglo IX llamado Pelayo descubrió la tumba —algunos dicen que tras ver una estrella que señalaba el lugar— en una zona que pasó a conocerse como Compostela, que significa «Campo de las Estrellas». El rey construyó una catedral para señalar el lugar (el obispo de Pelayo, Teodomoro de Iria, también está enterrado allí, tras negarse a ser enterrado en su sede episcopal por su deseo de estar cerca del santo).

Los fieles comenzaron a peregrinar hasta ese lugar —hasta tal punto que Compostela se convirtió en el tercer lugar de peregrinación más importante, solo por detrás de Jerusalén y Roma— y aún hoy siguen peregrinando hasta allí. Tras recorrer una de las muchas rutas, conocidas como «el Camino de Santiago», los peregrinos se colocan conchas de berberecho o réplicas de las mismas en sus sombreros o ropa a modo de «insignias de peregrino», como señal de que han venerado las reliquias sagradas. Cualquier año en el que el día de Santiago caiga en domingo se denomina Año Santo, y se puede obtener una indulgencia plenaria al realizar la peregrinación (su festividad cae en domingo cada 6, 5, 6 y 11 años). Para obtener la indulgencia, hay que cumplir las condiciones habituales de las indulgencias plenarias, realizar la peregrinación con fines espirituales y haber recorrido las últimas 63 millas (100 km) a pie o a caballo, o las últimas 125 millas (200 km) en bicicleta.



En la época de las invasiones musulmanas ("moras") mencionadas anteriormente, tuvo lugar una batalla en particular que sellaría el vínculo de Santiago con España para siempre. En la batalla de Clavijo, en el año 841 d. C., los cristianos habían perdido y se batían en retirada cuando el rey Ramiro de León tuvo un sueño en el que el Apóstol le aseguraba la victoria. El rey relató su visión a sus hombres y, a la mañana siguiente, ordenó a sus trompetistas tocar la llamada a la batalla. Allí, en el campo de batalla, los hombres vieron a Santiago sobre un caballo adornado con conchas de vieira, ondeando un estandarte. El Santo guio a los cristianos hacia una clara victoria y, desde entonces, el grito de guerra español ha sido "¡Santiago!" y a Santiago se le conoce como "Matamoros".



Santiago es el patrono del pueblo español, los jinetes, los herreros, los curtidores y los veterinarios. En el arte se le representa habitualmente con sus símbolos —la concha de vieira, el sombrero de peregrino, la espada, las Sagradas Escrituras— o a caballo, por lo general pisoteando a un moro.

Cabe señalar que el 25 de julio es también la fiesta de San Cristóbal, uno de los Catorce Santos Auxiliadores a quienes honramos juntos el 8 de agosto.



Costumbres

En cuanto a las costumbres de este día, debido al amor que los españoles tienen por Santiago, lo adoptaron como su patrono, y su festividad es un día festivo nacional, una época de gran celebración, muy similar a lo que es la fiesta de San Patricio para los irlandeses, la de San José para los italianos, la de San Jorge para los ingleses y la de San Andrés para los escoceses. En Compostela se realizan grandes procesiones y el famoso espectáculo de fuegos artificiales de La Fachada. Y en la catedral de la ciudad, los fieles se reúnen para dar culto, al igual que muchos peregrinos, especialmente cuando su festividad cae en domingo. Del techo de esta gran catedral cuelga un incensario del siglo XIV de un metro ochenta de altura (el "botafumeiro") que se balancea mediante poleas en este día y en algunas otras grandes festividades. ¡El incensario es tan grande que se necesitan ocho personas para balancearlo correctamente! Un himno que podrías escuchar en Compostela en la fiesta de Santiago es:



Himno al Apóstol Santiago 


 
Santo Adalid, patrón de las Españas, 
amigo del Señor: 
defiende a tus discípulos queridos, 
protege a tu Nación. 
 
Las armas victoriosas del cristiano 
venimos a templar 
en el sagrado y encendido fuego 
de tu devoto altar. 
 
Firma y segura 
como aquella Columna 
que te entregó la Madre de Jesús, 
será en España 
la santa fe cristiana, 
bien celestial que nos legaste tú. 
 
¡Gloria a Santiago, patrón insigne! 
Gratos, tus hijos, Hoy te bendicen. 
 
A tus plantas postrados te ofrecemos 
La prenda más cordial de nuestro amor. 
¡Defiende a tus discípulos queridos! 
¡Protege a tu Nación! 
¡Protege a tu Nación!

De la página web www.fisheaters.com

Santiago era hijo de Zebedeo, un pescador galileo, y de Salomé, una mujer piadosa que cuidaba de Cristo. Él y su hermano menor, San Juan (fiesta: 27 de diciembre), fueron llamados como discípulos justo después de que lo fueran Simón Pedro y Andrés, y a Pedro, Santiago y Juan se les suele mencionar juntos en las Escrituras, ya que fueron testigos de la resurrección de la hija de Jairo, de la Transfiguración y de la agonía de xCristo en el huerto de Getsemaní.

Santiago y su hermano debían de ser personas celosas y de carácter apasionado, ya que llegaron a ser llamados «Boanerges» («Hijos del Trueno»), un apodo que les puso el propio Jesús. Tras la Ascensión de Nuestro Señor, la tradición cuenta que el celo evangelizador de san Santiago le llevó a Marmarica, en el norte de África, y, posiblemente, a algunas zonas de España durante un tiempo —lugar al que san Pablo había deseado viajar (Romanos 15, 24)—, tras lo cual regresó a Judea para sufrir el martirio.

En el año 44 d. C., Herodes Agripa I, nieto de Herodes el Grande —quien intentó matar al Niño Jesús—, se propuso cumplir la voluntad de los judíos actuando con dureza contra los cristianos locales. San Santiago fue acusado, y Herodes «mató a Santiago, hermano de Juan, con la espada». (Hechos 12, 1-2). El historiador de la Iglesia, Eusebio, nos cuenta que el acusador de Santiago siguió a este hasta el martirio, ya que se convirtió tras escuchar la confesión del santo ante Herodes. En el lugar donde se dice que Santiago fue martirizado mediante decapitación, se construyó una capilla; se encuentra cerca del santuario de la catedral de Santiago de Jerusalén, en el barrio armenio.

Aquí la tradición retoma el hilo contándonos que las reliquias de Santiago fueron trasladadas a España (por supuesto, surgieron leyendas en torno al suceso, una de ellas, extraña y encantadora, aparentemente destinada a explicar por qué la concha de berberecho es el emblema de Santiago. Se dice que, cuando las reliquias del santo eran transportadas en barco desde Jerusalén y se acercaban a la costa de Portugal, un hombre cabalgaba por casualidad por la playa. El caballo, desobediente, se lanzó al mar junto con su jinete, dirigiéndose hacia el barco. Se hundieron, por supuesto, pero luego volvieron a salir a la superficie, cubiertos de conchas de vieira, y de ahí que la concha de vieira se convirtiera en el símbolo de nuestro héroe). Las reliquias fueron enterradas y quedaron prácticamente olvidadas tras años de persecución romana, invasiones vándalas y visigodas, y ataques musulmanes; olvidadas, es decir, hasta que un ermitaño de principios del siglo IX llamado Pelayo descubrió la tumba —algunos dicen que tras ver una estrella que señalaba el lugar— en una zona que pasó a conocerse como Compostela, que significa «Campo de las Estrellas». El rey construyó una catedral para señalar el lugar (el obispo de Pelayo, Teodomoro de Iria, también está enterrado allí, tras negarse a ser enterrado en su sede episcopal por su deseo de estar cerca del santo).

Los fieles comenzaron a peregrinar hasta ese lugar —hasta tal punto que Compostela se convirtió en el tercer lugar de peregrinación más importante, solo por detrás de Jerusalén y Roma— y aún hoy siguen peregrinando hasta allí. Tras recorrer una de las muchas rutas, conocidas como «el Camino de Santiago», los peregrinos se colocan conchas de berberecho o réplicas de las mismas en sus sombreros o ropa a modo de «insignias de peregrino», como señal de que han venerado las reliquias sagradas. Cualquier año en el que el día de Santiago caiga en domingo se denomina Año Santo, y se puede obtener una indulgencia plenaria al realizar la peregrinación (su festividad cae en domingo cada 6, 5, 6 y 11 años). Para obtener la indulgencia, hay que cumplir las condiciones habituales de las indulgencias plenarias, realizar la peregrinación con fines espirituales y haber recorrido las últimas 63 millas (100 km) a pie o a caballo, o las últimas 125 millas (200 km) en bicicleta.



En la época de las invasiones musulmanas ("moras") mencionadas anteriormente, tuvo lugar una batalla en particular que sellaría el vínculo de Santiago con España para siempre. En la batalla de Clavijo, en el año 841 d. C., los cristianos habían perdido y se batían en retirada cuando el rey Ramiro de León tuvo un sueño en el que el Apóstol le aseguraba la victoria. El rey relató su visión a sus hombres y, a la mañana siguiente, ordenó a sus trompetistas tocar la llamada a la batalla. Allí, en el campo de batalla, los hombres vieron a Santiago sobre un caballo adornado con conchas de vieira, ondeando un estandarte. El Santo guio a los cristianos hacia una clara victoria y, desde entonces, el grito de guerra español ha sido "¡Santiago!" y a Santiago se le conoce como "Matamoros".



Santiago es el patrono del pueblo español, los jinetes, los herreros, los curtidores y los veterinarios. En el arte se le representa habitualmente con sus símbolos —la concha de vieira, el sombrero de peregrino, la espada, las Sagradas Escrituras— o a caballo, por lo general pisoteando a un moro.

Cabe señalar que el 25 de julio es también la fiesta de San Cristóbal, uno de los Catorce Santos Auxiliadores a quienes honramos juntos el 8 de agosto.



Costumbres

En cuanto a las costumbres de este día, debido al amor que los españoles tienen por Santiago, lo adoptaron como su patrono, y su festividad es un día festivo nacional, una época de gran celebración, muy similar a lo que es la fiesta de San Patricio para los irlandeses, la de San José para los italianos, la de San Jorge para los ingleses y la de San Andrés para los escoceses. En Compostela se realizan grandes procesiones y el famoso espectáculo de fuegos artificiales de La Fachada. Y en la catedral de la ciudad, los fieles se reúnen para dar culto, al igual que muchos peregrinos, especialmente cuando su festividad cae en domingo. Del techo de esta gran catedral cuelga un incensario del siglo XIV de un metro ochenta de altura (el "botafumeiro") que se balancea mediante poleas en este día y en algunas otras grandes festividades. ¡El incensario es tan grande que se necesitan ocho personas para balancearlo correctamente! Un himno que podrías escuchar en Compostela en la fiesta de Santiago es:



Himno al Apóstol Santiago 


 
Santo Adalid, patrón de las Españas, 
amigo del Señor: 
defiende a tus discípulos queridos, 
protege a tu Nación. 
 
Las armas victoriosas del cristiano 
venimos a templar 
en el sagrado y encendido fuego 
de tu devoto altar. 
 
Firma y segura 
como aquella Columna 
que te entregó la Madre de Jesús, 
será en España 
la santa fe cristiana, 
bien celestial que nos legaste tú. 
 
¡Gloria a Santiago, patrón insigne! 
Gratos, tus hijos, Hoy te bendicen. 
 
A tus plantas postrados te ofrecemos 
La prenda más cordial de nuestro amor. 
¡Defiende a tus discípulos queridos! 
¡Protege a tu Nación! 
¡Protege a tu Nación!

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¿Debemos ofrecerle a Dios sólo las cosas que hacemos por amor, o también nuestros defectos y dificultades?

¿Debemos ofrecerle a Dios sólo las cosas que hacemos por amor, o también nuestros defectos y dificultades?

¿Debemos ofrecerle a Dios sólo las cosas que hacemos por amor, o también nuestros defectos y dificultades?

Debemos de procurar siempre ofrecerle a lo más puro posible. Sin embargo, muchas versiones del acto de ofrecimiento que debemos de hacer cada mañana también incluyen ofrecer nuestros defectos como signo de abandono a Dios. No es que le ofrecemos algo malo, sino le ofrecemos quienes somos con la esperanza de que solo Él puede purificarnos de esos defectos y también como signo de humildad que manifiesta que sin Dios no podemos nada. 

Debemos de procurar siempre ofrecerle a lo más puro posible. Sin embargo, muchas versiones del acto de ofrecimiento que debemos de hacer cada mañana también incluyen ofrecer nuestros defectos como signo de abandono a Dios. No es que le ofrecemos algo malo, sino le ofrecemos quienes somos con la esperanza de que solo Él puede purificarnos de esos defectos y también como signo de humildad que manifiesta que sin Dios no podemos nada. 

Recomendaciones de lectura mensual

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Formación Espiritual

Formación Espiritual

La preciosa sangre o El precio de nuestra salvación - Frederick William Faber

La Preciosa Sangre o El precio de nuestra salvación, del P. Federico Guillermo Faber, es una profunda meditación sobre el misterio de la Sangre de Cristo, derramada por nuestra redención. El autor muestra que la Sangre del Salvador no es solamente un recuerdo piadoso de la Pasión, sino el precio real de nuestra salvación: por ella somos perdonados, purificados y reconciliados con Dios.

Faber contempla la Preciosa Sangre en relación con el pecado, la Pasión, la Santa Misa, los sacramentos, la Iglesia, el purgatorio y la gloria del cielo. Todo bien sobrenatural que recibimos —la gracia, el perdón, la conversión, la perseverancia y la vida eterna— nos llega por los méritos de Cristo crucificado.

Es un libro especialmente útil para crecer en gratitud, espíritu de reparación, amor a la Santa Misa y celo por la salvación de las almas. Su mensaje principal es claro: nuestra salvación tuvo un precio infinito, y ese precio fue la Sangre adorable de Nuestro Señor Jesucristo.

La preciosa sangre o El precio de nuestra salvación - Frederick William Faber

La Preciosa Sangre o El precio de nuestra salvación, del P. Federico Guillermo Faber, es una profunda meditación sobre el misterio de la Sangre de Cristo, derramada por nuestra redención. El autor muestra que la Sangre del Salvador no es solamente un recuerdo piadoso de la Pasión, sino el precio real de nuestra salvación: por ella somos perdonados, purificados y reconciliados con Dios.

Faber contempla la Preciosa Sangre en relación con el pecado, la Pasión, la Santa Misa, los sacramentos, la Iglesia, el purgatorio y la gloria del cielo. Todo bien sobrenatural que recibimos —la gracia, el perdón, la conversión, la perseverancia y la vida eterna— nos llega por los méritos de Cristo crucificado.

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Formación Intelectual

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El pueblo de Dios, de Dom Anscar Vonier

Es una obra sobre el misterio de la Iglesia considerada como el pueblo que Dios ha formado para sí. El autor muestra que la Iglesia no es una simple asociación humana ni una organización religiosa más, sino la continuación y plenitud del pueblo elegido en el Antiguo Testamento. 

Vonier explica cómo Dios preparó a su pueblo a lo largo de la historia de Israel y cómo esa preparación alcanza su cumplimiento en Cristo y en la Iglesia. La Iglesia aparece así como un pueblo visible, unido por la fe, los sacramentos, la jerarquía y el culto divino. 

El libro ayuda a comprender mejor el amor que debemos tener a la Iglesia: no como una institución meramente externa, sino como la obra de Dios en la historia, el lugar donde Cristo reúne, santifica y conduce a las almas hacia la salvación. 

El pueblo de Dios, de Dom Anscar Vonier

Es una obra sobre el misterio de la Iglesia considerada como el pueblo que Dios ha formado para sí. El autor muestra que la Iglesia no es una simple asociación humana ni una organización religiosa más, sino la continuación y plenitud del pueblo elegido en el Antiguo Testamento. 

Vonier explica cómo Dios preparó a su pueblo a lo largo de la historia de Israel y cómo esa preparación alcanza su cumplimiento en Cristo y en la Iglesia. La Iglesia aparece así como un pueblo visible, unido por la fe, los sacramentos, la jerarquía y el culto divino. 

El libro ayuda a comprender mejor el amor que debemos tener a la Iglesia: no como una institución meramente externa, sino como la obra de Dios en la historia, el lugar donde Cristo reúne, santifica y conduce a las almas hacia la salvación. 

Literatura

Literatura

La Abolición del Hombre, C.S. Lewis 

La Abolición del Hombre, de C. S. Lewis, es una defensa lúcida de la ley natural y de la formación moral del hombre. Lewis advierte contra una educación que pretende ser “neutral”, pero que termina destruyendo en los jóvenes la capacidad de reconocer la verdad, el bien y la belleza. 

El autor sostiene que existen valores objetivos inscritos en la realidad y reconocidos por las grandes tradiciones humanas. Cuando se enseña que todos los juicios morales son meras emociones o preferencias personales, el hombre queda reducido a sus impulsos, manipulable por la técnica, la propaganda y el poder. 

La tesis central del libro es clara: si se elimina la formación de la conciencia y del corazón, no se produce un hombre más libre, sino un hombre más débil. Sin una verdadera educación moral, la civilización no progresa: se deshumaniza.

La Abolición del Hombre, C.S. Lewis 

La Abolición del Hombre, de C. S. Lewis, es una defensa lúcida de la ley natural y de la formación moral del hombre. Lewis advierte contra una educación que pretende ser “neutral”, pero que termina destruyendo en los jóvenes la capacidad de reconocer la verdad, el bien y la belleza. 

El autor sostiene que existen valores objetivos inscritos en la realidad y reconocidos por las grandes tradiciones humanas. Cuando se enseña que todos los juicios morales son meras emociones o preferencias personales, el hombre queda reducido a sus impulsos, manipulable por la técnica, la propaganda y el poder. 

La tesis central del libro es clara: si se elimina la formación de la conciencia y del corazón, no se produce un hombre más libre, sino un hombre más débil. Sin una verdadera educación moral, la civilización no progresa: se deshumaniza.

Santos que seguro no conocías

Santa Valentina, Virgen - 25 de julio

Según Eusebio de Cesarea, cuando habla sobre los mártires de Palestina, narra que a los inicios del cristianismo el gobernador Firmiliano mandó torturar a un gran grupo de cristianos egipcios que habían sido deportados a esa región.

A ellos se les unieron algunos cristianos de la zona y un grupo procedente de Gaza, que fueron capturados mientras celebraban la liturgia.

"Una cristiana, mujer según el cuerpo, pero viril por su valentía y coraje, se encaró con el tirano por lo que fue flagelada, sometida al tormento del potro y le rompieron las costillas", cuenta Eusebio. A aquella se le atribuyó el nombre de Ennata, o Thea, según algunas versiones.

Mientras Thea era torturada, otra mujer, llamada Valentina (la valiente), no soportó el atroz espectáculo y se adelantó hasta el gobernador para gritarle: "¿Por qué tratas con tanta crueldad a esta mi hermana? ¿Me quieres torturar a mí igual que a esta joven?".

De inmediato la empujaron hasta el altar para forzarla a ofrecer sacrificios a los dioses paganos, pero como pateó el brasero, entonces la arrojaron y la quemaron con las brasas que se esparcieron en el suelo.

Posteriormente ambas fueron torturadas y quemadas vivas. Se dice que Thea provenía de Gaza, pero que Valentina era de Cesarea y una mujer muy conocida. Era el 25 de julio del 308 de nuestra era.

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