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IV Domingo después de Pentecostés

El Sagrado Corazón - ¿Qué significa la palabra "Misa" - ¿Por qué la costumbre de que las mujeres usen velo dentro del templo? - San Sansón de Constantinopla

El Sagrado Corazón - ¿Qué significa la palabra "Misa" - ¿Por qué la costumbre de que las mujeres usen velo dentro del templo? - San Sansón de Constantinopla

El Evangelio de la pesca milagrosa es el símbolo de las conquistas de la Iglesia y la realización de la palabra de Jesús a san Pedro: 

En adelante, serás pescador de hombres. Desde el día siguiente a Pentecostés la predicación de los Apóstoles convertirá a muchos, para realización de esta palabra, y esto continúa verificándose en la Iglesia durante toda su historia. 

En la misa domina la idea de la confianza en Dios en medio de las dichas y sufrimientos de esta vida. San Pablo nos recuerda que estas luchas y sufrimientos no son más que temporales; están ligados a la condición de espera, que es la nuestra y la de toda la creación con nosotros, hasta el día señalado para la plena manifestación de la gloria de los hijos de Dios. Mientras tanto viene el Señor en nuestra ayuda, nos atrae a Sí, nos sostiene, nos perdona y nos levanta. 

Desde el Escritorio del Párroco

Entre las muchas cualidades del Sagrado Corazón de Nuestro Señor, que debemos meditar en este mes de junio, una de las más importantes es su ardiente deseo de que las almas se salven. Decimos en las letanías que Él es la esperanza de los que mueren en Él, la salvación de los que en Él esperan, la vida y resurrección nuestra, y la fuente de vida y de santidad. 


Entonces nos conviene considerar y maravillarnos ante este gran deseo del Sagrado Corazón. Desea vehementemente la salvación de las almas humanas porque esto aumenta la gloria externa de Dios Padre, y la única obsesión del Corazón de Jesús es la mayor gloria de Dios. Si Jesús tiene ese deseo tan presente, nosotros también debemos tenerlo. Este es un mensaje de la carta de San Pablo en la Misa de hoy, cuando comenta que los padecimientos de esta vida —y San Pablo sabía algo de padecimientos— no se pueden comparar con las glorias que esperan a los que aman a Dios y alcanzan la gloria del cielo. Es preciso que meditemos con frecuencia las glorias del cielo, la meta que queremos obtener, y que tengamos por cierto que Dios no nos negará ninguna gracia necesaria para lograrlo. 


Muchos cristianos se desvían y se desaniman porque carecen de este aspecto en su vida espiritual. Se concentran tal vez en superar sus pecados, en considerar su miseria, en temer los castigos de Dios; pero olvidan que la santificación es, ante todo, una obra de amor, y quien ama necesita contemplar a su amado. 


San Pablo también reconoce esta realidad cuando comenta que toda la creación está gimiendo porque desea la perfección que Dios nos ha prometido. Como dice San Agustín, hay un hueco en el corazón que sólo Dios puede llenar. Es una realidad que se aplica a todos, incluso a los que no se dan cuenta. Y cuando habla de las primicias del Espíritu y de los dolores de parto en el alma, está tocando un misterio acerca de la vida de santidad: a veces, los que están más conscientes y convencidos de la realidad de las promesas de Dios sufren más amargamente por la intensidad de su deseo de poseerlo. 


En el Evangelio también hay una indicación de esta misma realidad, porque el evangelista describe la escena de la muchedumbre agolpándose sobre Él. Y en este Evangelio es particularmente interesante, porque su deseo está descrito no como ganas de recibir un beneficio, un milagro o un pan, sino como deseo de oír la palabra de Dios. Es como si quisiera decir que el corazón humano arde instintivamente por conocer la verdad de Dios, semejante a como el Corazón de Jesús arde por nuestra salvación. 


No es un accidente que, después de esa introducción, el evangelista describa la pesca milagrosa. Si hay tanta necesidad entre los seres humanos de conocer la verdad de Dios, alguien tiene que ayudarles. Alguien tiene que predicarles. Alguien tiene que echar las redes, porque Dios desea, en su Providencia, que todos se salven. 


Pero, como dice San Pablo en otro lugar: ¿cómo van a creer si nadie les predica? 


Qué bueno sería si todos nosotros pudiéramos tener ese celo por la salvación de las almas. 


Los santos sabían compadecerse con Jesús al saber que muchos corazones aún no tienen conocimiento de Dios, y que por eso andan en la oscuridad, desesperados y perdidos. Si amamos a Jesús, tenemos que amar lo que Él ama y tenemos que ofrecernos a ayudarle. 


Quiero aprovechar esta reflexión para animar a todos los miembros de la comunidad, y a todos los que lean este mensaje, a considerar cómo van a ayudar en esta misión. ¿Qué has hecho tú para echar las redes por el Señor? 


Tenemos muchas oportunidades en la parroquia para contribuir. 


Queremos revivir Misión San Pedro, en particular, porque es el apostolado donde literalmente salimos a las calles para ayudar a difundir la palabra de Dios e invitar a las personas a acercarse, por primera vez o de nuevo, a la Iglesia. 


Y aunque nos incomode, recordemos lo que dice San Pablo: los padecimientos de la vida presente no se comparan con la gloria que nos espera. 

Entre las muchas cualidades del Sagrado Corazón de Nuestro Señor, que debemos meditar en este mes de junio, una de las más importantes es su ardiente deseo de que las almas se salven. Decimos en las letanías que Él es la esperanza de los que mueren en Él, la salvación de los que en Él esperan, la vida y resurrección nuestra, y la fuente de vida y de santidad. 


Entonces nos conviene considerar y maravillarnos ante este gran deseo del Sagrado Corazón. Desea vehementemente la salvación de las almas humanas porque esto aumenta la gloria externa de Dios Padre, y la única obsesión del Corazón de Jesús es la mayor gloria de Dios. Si Jesús tiene ese deseo tan presente, nosotros también debemos tenerlo. Este es un mensaje de la carta de San Pablo en la Misa de hoy, cuando comenta que los padecimientos de esta vida —y San Pablo sabía algo de padecimientos— no se pueden comparar con las glorias que esperan a los que aman a Dios y alcanzan la gloria del cielo. Es preciso que meditemos con frecuencia las glorias del cielo, la meta que queremos obtener, y que tengamos por cierto que Dios no nos negará ninguna gracia necesaria para lograrlo. 


Muchos cristianos se desvían y se desaniman porque carecen de este aspecto en su vida espiritual. Se concentran tal vez en superar sus pecados, en considerar su miseria, en temer los castigos de Dios; pero olvidan que la santificación es, ante todo, una obra de amor, y quien ama necesita contemplar a su amado. 


San Pablo también reconoce esta realidad cuando comenta que toda la creación está gimiendo porque desea la perfección que Dios nos ha prometido. Como dice San Agustín, hay un hueco en el corazón que sólo Dios puede llenar. Es una realidad que se aplica a todos, incluso a los que no se dan cuenta. Y cuando habla de las primicias del Espíritu y de los dolores de parto en el alma, está tocando un misterio acerca de la vida de santidad: a veces, los que están más conscientes y convencidos de la realidad de las promesas de Dios sufren más amargamente por la intensidad de su deseo de poseerlo. 


En el Evangelio también hay una indicación de esta misma realidad, porque el evangelista describe la escena de la muchedumbre agolpándose sobre Él. Y en este Evangelio es particularmente interesante, porque su deseo está descrito no como ganas de recibir un beneficio, un milagro o un pan, sino como deseo de oír la palabra de Dios. Es como si quisiera decir que el corazón humano arde instintivamente por conocer la verdad de Dios, semejante a como el Corazón de Jesús arde por nuestra salvación. 


No es un accidente que, después de esa introducción, el evangelista describa la pesca milagrosa. Si hay tanta necesidad entre los seres humanos de conocer la verdad de Dios, alguien tiene que ayudarles. Alguien tiene que predicarles. Alguien tiene que echar las redes, porque Dios desea, en su Providencia, que todos se salven. 


Pero, como dice San Pablo en otro lugar: ¿cómo van a creer si nadie les predica? 


Qué bueno sería si todos nosotros pudiéramos tener ese celo por la salvación de las almas. 


Los santos sabían compadecerse con Jesús al saber que muchos corazones aún no tienen conocimiento de Dios, y que por eso andan en la oscuridad, desesperados y perdidos. Si amamos a Jesús, tenemos que amar lo que Él ama y tenemos que ofrecernos a ayudarle. 


Quiero aprovechar esta reflexión para animar a todos los miembros de la comunidad, y a todos los que lean este mensaje, a considerar cómo van a ayudar en esta misión. ¿Qué has hecho tú para echar las redes por el Señor? 


Tenemos muchas oportunidades en la parroquia para contribuir. 


Queremos revivir Misión San Pedro, en particular, porque es el apostolado donde literalmente salimos a las calles para ayudar a difundir la palabra de Dios e invitar a las personas a acercarse, por primera vez o de nuevo, a la Iglesia. 


Y aunque nos incomode, recordemos lo que dice San Pablo: los padecimientos de la vida presente no se comparan con la gloria que nos espera. 

A que no sabías que…

Aquí conoceremos más sobre temas litúrgicos.

La palabra Misa se deriva, según una explicación probable, del vocablo latino missa (despedida). Recuerda las dos solemnes despedidas de la liturgia: la primera, la de los catecúmenos y pecadores públicos, antes del Ofertorio (a quienes estaba prohibido hallarse presentes después del Evangelio); la segunda, de todos los fieles que eran despedidos al fin del oficio con las mismas palabras que el diácono usa ahora cuando dice: Ite missa est (Idos, la Misa ha terminado). Desde los tiempos de San Gregorio Magno († 604) la palabra Misa ha reemplazado a todos los nombres dados al santo sacrificio.

La palabra Misa se deriva, según una explicación probable, del vocablo latino missa (despedida). Recuerda las dos solemnes despedidas de la liturgia: la primera, la de los catecúmenos y pecadores públicos, antes del Ofertorio (a quienes estaba prohibido hallarse presentes después del Evangelio); la segunda, de todos los fieles que eran despedidos al fin del oficio con las mismas palabras que el diácono usa ahora cuando dice: Ite missa est (Idos, la Misa ha terminado). Desde los tiempos de San Gregorio Magno († 604) la palabra Misa ha reemplazado a todos los nombres dados al santo sacrificio.

¿Tienes dudas sobre la tradición o la Iglesia? ¡Envíanos tus preguntas!

quierosaber@fssp.mx

¿Por qué la costumbre de que las mujeres usen velo dentro del templo?

¿Por qué la costumbre de que las mujeres usen velo dentro del templo?

¿Por qué la costumbre de que las mujeres usen velo dentro del templo?

Es una costumbre muy venerable que debemos de recuperar.  

Y toda mujer que ora o profetiza* con la cabeza descubierta, afrenta a su cabeza; es como si estuviera rapada. Por tanto, si una mujer no se cubre la cabeza, que se corte el pelo. Y si es afrentoso para una mujer cortarse el pelo o raparse, ¡que se cubra*! El varón no debe cubrirse la cabeza*, pues es imagen de la gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. En efecto, no procede el varón de la mujer, sino la mujer del varón. Ni fue creado el varón por razón de la mujer, sino la mujer por razón del varón. He ahí por qué debe llevar la mujer sobre la cabeza una señal de sujeción* por razón de los ángeles*. Por lo demás, ni la mujer sin el varón, ni el varón sin la mujer, en el Señor. Porque si la mujer procede del varón, el varón, a su vez, nace mediante la mujer, y todo proviene de Dios*. Juzgad por vosotros mismos. ¿Está bien que la mujer ore a Dios con la cabeza descubierta? ¿No os enseña la misma naturaleza que es una afrenta para el varón la cabellera, mientras es una gloria para la mujer la cabellera? En efecto, la cabellera le ha sido dada a modo de velo*.  - 1Co 11:6-15


Formaba parte de derecho canónica durante muchos siglos. Según la tradición fue el segundo papa, San Lino que estableció esta ley y es una ley que, aunque no aparezca en el derecho actual, tampoco fue revocada.  

Muchos comentarios señalan que es una señal de modestia y de la distinción entre hombre y mujer. Además, el velo señala un gran misterio y por eso velamos todo lo sagrado, incluso, el sagrario y el cáliz porque que contienen el misterio de vida. Así es también en el caso de la mujer.  

Es una costumbre muy venerable que debemos de recuperar.  

Y toda mujer que ora o profetiza* con la cabeza descubierta, afrenta a su cabeza; es como si estuviera rapada. Por tanto, si una mujer no se cubre la cabeza, que se corte el pelo. Y si es afrentoso para una mujer cortarse el pelo o raparse, ¡que se cubra*! El varón no debe cubrirse la cabeza*, pues es imagen de la gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. En efecto, no procede el varón de la mujer, sino la mujer del varón. Ni fue creado el varón por razón de la mujer, sino la mujer por razón del varón. He ahí por qué debe llevar la mujer sobre la cabeza una señal de sujeción* por razón de los ángeles*. Por lo demás, ni la mujer sin el varón, ni el varón sin la mujer, en el Señor. Porque si la mujer procede del varón, el varón, a su vez, nace mediante la mujer, y todo proviene de Dios*. Juzgad por vosotros mismos. ¿Está bien que la mujer ore a Dios con la cabeza descubierta? ¿No os enseña la misma naturaleza que es una afrenta para el varón la cabellera, mientras es una gloria para la mujer la cabellera? En efecto, la cabellera le ha sido dada a modo de velo*.  - 1Co 11:6-15


Formaba parte de derecho canónica durante muchos siglos. Según la tradición fue el segundo papa, San Lino que estableció esta ley y es una ley que, aunque no aparezca en el derecho actual, tampoco fue revocada.  

Muchos comentarios señalan que es una señal de modestia y de la distinción entre hombre y mujer. Además, el velo señala un gran misterio y por eso velamos todo lo sagrado, incluso, el sagrario y el cáliz porque que contienen el misterio de vida. Así es también en el caso de la mujer.  

Recomendaciones de lectura mensual

Recomendaciones de lectura mensual

Formación Espiritual

Formación Espiritual

Jesús Rey de Amor - P. Mateo Crawley Boevey.

Una obra clásica de espiritualidad sobre el Sagrado Corazón de Jesús. Con un estilo sencillo, ardiente y directo, invita a reconocer la realeza amorosa de Cristo en el alma, en la familia y en la sociedad. El libro recoge pláticas y conferencias centradas en la devoción al Corazón de Jesús, la vida de gracia y la entronización del Sagrado Corazón en los hogares. Es una lectura muy recomendable para este mes de junio y para todos los que desean renovar su amor y entrega a Cristo Rey. Disponible en la librería parroquial. 

Jesús Rey de Amor - P. Mateo Crawley Boevey.

Una obra clásica de espiritualidad sobre el Sagrado Corazón de Jesús. Con un estilo sencillo, ardiente y directo, invita a reconocer la realeza amorosa de Cristo en el alma, en la familia y en la sociedad. El libro recoge pláticas y conferencias centradas en la devoción al Corazón de Jesús, la vida de gracia y la entronización del Sagrado Corazón en los hogares. Es una lectura muy recomendable para este mes de junio y para todos los que desean renovar su amor y entrega a Cristo Rey. Disponible en la librería parroquial. 

Formación Intelectual

Formación Intelectual

García Moreno: vengador y mártir del derecho cristiano, del P. Agustín Berthe.

Presenta la vida del presidente ecuatoriano que quiso gobernar según los principios de la fe católica. La obra muestra su lucha por restaurar el orden cristiano en la sociedad, su defensa de la Iglesia y su consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Es una lectura especialmente oportuna para el mes de junio, porque recuerda que la devoción al Sagrado Corazón no debe quedarse en lo privado, sino que debe reinar también en la familia, la cultura y la vida pública. 

García Moreno: vengador y mártir del derecho cristiano, del P. Agustín Berthe.

Presenta la vida del presidente ecuatoriano que quiso gobernar según los principios de la fe católica. La obra muestra su lucha por restaurar el orden cristiano en la sociedad, su defensa de la Iglesia y su consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Es una lectura especialmente oportuna para el mes de junio, porque recuerda que la devoción al Sagrado Corazón no debe quedarse en lo privado, sino que debe reinar también en la familia, la cultura y la vida pública. 

Literatura

Literatura

La mujer pobre, de Léon Bloy.

Es una novela católica intensa sobre el sufrimiento, la pobreza y la purificación del alma. A través de una historia dura y profundamente espiritual, Bloy muestra la miseria de un mundo sin caridad y la grandeza de un amor que sólo se entiende a la luz de la Cruz. No es una obra devocional en sentido estricto, pero sí una lectura muy apropiada para el mes del Sagrado Corazón, porque recuerda que el amor de Cristo no es sentimentalismo, sino fuego, sacrificio y redención. 

La mujer pobre, de Léon Bloy.

Es una novela católica intensa sobre el sufrimiento, la pobreza y la purificación del alma. A través de una historia dura y profundamente espiritual, Bloy muestra la miseria de un mundo sin caridad y la grandeza de un amor que sólo se entiende a la luz de la Cruz. No es una obra devocional en sentido estricto, pero sí una lectura muy apropiada para el mes del Sagrado Corazón, porque recuerda que el amor de Cristo no es sentimentalismo, sino fuego, sacrificio y redención. 

Santos que seguro no conocías

San Sansón de Constantinopla – 27 de junio

Nació en Roma de una familia noble, casi de rango imperial. Desde joven soñó con hacer los estudios de medicina con la finalidad de ayudar de forma gratuita a los pobres y abandonados. 
 
Cuando murieron sus padres, le vino un período de larga y profunda reflexión. Después de este tiempo, optó por hacer algo nuevo. Vendió todo lo que tenían sus padres y se lo dio todo, absolutamente todo, a los más pobres. 
 
Viajó a Constantinopla. Siguió con el mismo trabajo: cuidar a los enfermos sin cobrar nada. 
 
Por el año 520, como consecuencia de un motín, se desató un incendio que quemó su pobre alojamiento. Se libró de milagro. 
 
Mientras tanto, el patriarca de la ciudad había oído hablar muy bien de él. Tras varias conversaciones en la más estricta intimidad, el patriarca le sugirió la idea de ordenarlo sacerdote. Tenía entonces 30 años. 
 
Efectivamente, fue ordenado sacerdote, y desde entonces, se dedicó a curar los cuerpos y las almas de los enfermos sin recursos económicos. 


El emperador Justianiano cayó gravemente enfermo. Mandó que fuera a verlo Sansón. Lo curó en seguida. Le pidió en recompensa que edificara un hospital para los pobres y enfermos. 
 
Los médicos bizantinos lo reconocen como a su patrono. 
 
Murió alrededor del 530. 


Fuente: https://es.catholic.net/op/articulos/37250/sansn-de-constantinopla-santo.html#modal 
 

Fraternidad Sacerdotal San Pedro Guadalajara

Fieles a la Tradición de la Iglesia. "Ad Maiorem Dei Gloriam"

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