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III Domingo después de Pentecostés

El Sagrado Corazón - Como cristiano, ¿estoy obligado a asistir al panteón a rezar por el alma de mis padres? - Santa Lutgarda

El Sagrado Corazón - Como cristiano, ¿estoy obligado a asistir al panteón a rezar por el alma de mis padres? - Santa Lutgarda

La misa de este domingo canta la misericordia divina para con los hombres, la cual encuentra su expresión más conmovedora con la solicitud de Jesús por los pecadores. Las más bellas parábolas de la oveja extraviada y de la dracma perdida, recogidas por san Lucas, no podían encontrar lugar más adecuado que inmediatamente después de la fiesta del Sagrado Corazón. 

Mientras el demonio, nuestro terrible adversario, se esfuerza encarnizadamente en perdernos, Dios prosigue incansable la obra  de salvación que ha comenzado en nosotros. San Pedro nos invita a permanecer vigilantes, firmes en la fe, y a descargar sobre el Señor los cuidados que pesen sobre nosotros: «El mismo tendrá cuidado de nosotros.» 

Los cánticos hacen eco al Evangelio y a la Epístola; la invitación a la confianza es tanto más eficaz cuanto más cerca se halla Dios de los que viven en necesidad. Ésta es una constante afirmación de las Escrituras, grata al salmista y reforzada por Cristo; por lo mismo, se la encuentra en toda la enseñanza de la Iglesia sobre el amor del Salvador a los desgraciados, a los pobres, a los pecadores, a todos cuantos buscan en Dios el remedio a su miseria. 

Desde el Escritorio del Párroco

El mes de junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Desafortunadamente, hay personas que intentan darle a este mes otro enfoque más perverso. Hablan de un mes de orgullo que es todo lo contrario del Sagrado Corazón, pues Nuestro Señor nos dijo que aprendiéramos de su Corazón porque es manso y humilde. Pero también el Sagrado Corazón, a través de su amor ardiente, nos mueve a una conversión cada vez más profunda, porque reconocemos que nuestros pecados hieren su Corazón, que solo nos ha amado hasta consumirse en holocausto en la Cruz y sobre el altar. 

Los que hablan de orgullo hablan de dejarnos llevar por nuestras pasiones desordenadas, y cuando hay este tipo de desenfreno, nos lleva a peores aberraciones, lo cual se comprueba cuando vemos los desfiles y manifestaciones a favor de estos pecados, que casi siempre terminan como una exhibición de las perversiones más asquerosas. 

El mensaje del Sagrado Corazón es que nuestro deseo de amor no tiene que contentarse con las cosas materiales o humanas. De hecho, el mensaje es que es imposible que el corazón humano, hecho a imagen y semejanza de Dios, pueda satisfacerse con algo menos que la infinitud del amor divino. Tan tercos solemos ser para darnos cuenta de que debemos amar lo divino y lo espiritual, que el Amor divino tomó la forma de nuestra condición carnal para que podamos acercarnos más fácilmente a Él. 

Esta realidad se expresa elocuentemente en el prefacio de la Natividad, que curiosamente se permite usar en la fiesta de Corpus Christi, porque en efecto se celebra el mismo misterio: 


«Por el misterio de la Encarnación del Verbo, resplandeció ante los ojos de nuestra alma la nueva luz de tu claridad; para que, conociendo a Dios visiblemente, por Él seamos arrebatados al amor de las cosas invisibles». 


Esas cosas invisibles que deben arrebatar nuestros corazones incluyen principalmente el amor misericordioso de nuestro Dios, que se explica tan hermosamente en el Evangelio de hoy, cuando muestra cómo el Señor está dispuesto a dejar las noventa y nueve ovejas para encontrar la que se desvía sola. 

Podemos encontrar esta realidad en nuestras vidas si nos ponemos a reflexionar sobre las muchas gracias que el Señor nos ha dado, sobre todo a través de poder confesarnos una y otra vez, muy probablemente por los mismos pecados. A pesar de ser tan débiles para cumplir nuestros propósitos y, por ende, no corresponder como deberíamos al amor tan grande de Jesús, Él no se cansa de ir a buscarnos una y otra vez. 

Cuando el Evangelio dice: «Habrá gran alborozo entre los ángeles de Dios por un pecador que haga penitencia», seguramente ese regocijo entre ellos se debe a que el gozo del Señor es aún mayor. 

Si meditamos esta realidad, entendemos más claramente lo que expresa el Padre Mateo Crawley-Boevey cuando dice que la desconfianza en Jesús es el pecado más incomprensible. ¿Cómo puede desconfiarse de Uno que ha dado tanto para mostrar su amor tan absoluto? 

Como cada año, promovemos la entronización del Sagrado Corazón en los hogares como una forma excelente de practicar esta devoción, porque le declara Rey de la familia de una forma muy concreta. Y los que ya lo han entronizado en sus hogares deben renovar su compromiso de vivir bajo su reinado con más fidelidad y generosidad. 


Debemos apreciar más sus infinitos tesoros. Como rezamos en las letanías: 

Corazón de Jesús, hoguera ardiente de caridad. 

Y: 

Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. 


No hay manera más apropiada de combatir la mentira de un mes de orgullo —que esencialmente se puede llamar el mes de perversión— que promoviendo la devoción al Sagrado Corazón. En el fondo, creo que muchos que caen en esos pecados de libertinaje y perversión lo hacen, en parte, porque buscan en el amor humano lo que nadie puede encontrar en un ser limitado. Al conocer el amor infinito del Señor, pueden encontrar el consuelo y el afecto capaces de apartarlos de su vida desordenada. 


Esta realidad se expresa en el prefacio del Sagrado Corazón: 


«Quisiste que tu Unigénito Hijo, pendiente de la Cruz, fuese traspasado por la lanza del soldado; para que su Corazón abierto, sagrario de las divinas larguezas, derramase sobre nosotros torrentes de misericordia y de gracia; y el que jamás cesó de abrasarse en amor por nosotros fuese para las almas piadosas lugar de descanso, y refugio de salvación abierto para los penitentes». 


Que el Sagrado Corazón de Jesús reine en nuestras familias, en nuestra parroquia y en toda la sociedad. Y que, frente al falso orgullo del mundo, aprendamos de Él la mansedumbre, la humildad, la pureza y el verdadero amor. 

El mes de junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Desafortunadamente, hay personas que intentan darle a este mes otro enfoque más perverso. Hablan de un mes de orgullo que es todo lo contrario del Sagrado Corazón, pues Nuestro Señor nos dijo que aprendiéramos de su Corazón porque es manso y humilde. Pero también el Sagrado Corazón, a través de su amor ardiente, nos mueve a una conversión cada vez más profunda, porque reconocemos que nuestros pecados hieren su Corazón, que solo nos ha amado hasta consumirse en holocausto en la Cruz y sobre el altar. 

Los que hablan de orgullo hablan de dejarnos llevar por nuestras pasiones desordenadas, y cuando hay este tipo de desenfreno, nos lleva a peores aberraciones, lo cual se comprueba cuando vemos los desfiles y manifestaciones a favor de estos pecados, que casi siempre terminan como una exhibición de las perversiones más asquerosas. 

El mensaje del Sagrado Corazón es que nuestro deseo de amor no tiene que contentarse con las cosas materiales o humanas. De hecho, el mensaje es que es imposible que el corazón humano, hecho a imagen y semejanza de Dios, pueda satisfacerse con algo menos que la infinitud del amor divino. Tan tercos solemos ser para darnos cuenta de que debemos amar lo divino y lo espiritual, que el Amor divino tomó la forma de nuestra condición carnal para que podamos acercarnos más fácilmente a Él. 

Esta realidad se expresa elocuentemente en el prefacio de la Natividad, que curiosamente se permite usar en la fiesta de Corpus Christi, porque en efecto se celebra el mismo misterio: 


«Por el misterio de la Encarnación del Verbo, resplandeció ante los ojos de nuestra alma la nueva luz de tu claridad; para que, conociendo a Dios visiblemente, por Él seamos arrebatados al amor de las cosas invisibles». 


Esas cosas invisibles que deben arrebatar nuestros corazones incluyen principalmente el amor misericordioso de nuestro Dios, que se explica tan hermosamente en el Evangelio de hoy, cuando muestra cómo el Señor está dispuesto a dejar las noventa y nueve ovejas para encontrar la que se desvía sola. 

Podemos encontrar esta realidad en nuestras vidas si nos ponemos a reflexionar sobre las muchas gracias que el Señor nos ha dado, sobre todo a través de poder confesarnos una y otra vez, muy probablemente por los mismos pecados. A pesar de ser tan débiles para cumplir nuestros propósitos y, por ende, no corresponder como deberíamos al amor tan grande de Jesús, Él no se cansa de ir a buscarnos una y otra vez. 

Cuando el Evangelio dice: «Habrá gran alborozo entre los ángeles de Dios por un pecador que haga penitencia», seguramente ese regocijo entre ellos se debe a que el gozo del Señor es aún mayor. 

Si meditamos esta realidad, entendemos más claramente lo que expresa el Padre Mateo Crawley-Boevey cuando dice que la desconfianza en Jesús es el pecado más incomprensible. ¿Cómo puede desconfiarse de Uno que ha dado tanto para mostrar su amor tan absoluto? 

Como cada año, promovemos la entronización del Sagrado Corazón en los hogares como una forma excelente de practicar esta devoción, porque le declara Rey de la familia de una forma muy concreta. Y los que ya lo han entronizado en sus hogares deben renovar su compromiso de vivir bajo su reinado con más fidelidad y generosidad. 


Debemos apreciar más sus infinitos tesoros. Como rezamos en las letanías: 

Corazón de Jesús, hoguera ardiente de caridad. 

Y: 

Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. 


No hay manera más apropiada de combatir la mentira de un mes de orgullo —que esencialmente se puede llamar el mes de perversión— que promoviendo la devoción al Sagrado Corazón. En el fondo, creo que muchos que caen en esos pecados de libertinaje y perversión lo hacen, en parte, porque buscan en el amor humano lo que nadie puede encontrar en un ser limitado. Al conocer el amor infinito del Señor, pueden encontrar el consuelo y el afecto capaces de apartarlos de su vida desordenada. 


Esta realidad se expresa en el prefacio del Sagrado Corazón: 


«Quisiste que tu Unigénito Hijo, pendiente de la Cruz, fuese traspasado por la lanza del soldado; para que su Corazón abierto, sagrario de las divinas larguezas, derramase sobre nosotros torrentes de misericordia y de gracia; y el que jamás cesó de abrasarse en amor por nosotros fuese para las almas piadosas lugar de descanso, y refugio de salvación abierto para los penitentes». 


Que el Sagrado Corazón de Jesús reine en nuestras familias, en nuestra parroquia y en toda la sociedad. Y que, frente al falso orgullo del mundo, aprendamos de Él la mansedumbre, la humildad, la pureza y el verdadero amor. 

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quierosaber@fssp.mx

Como cristiano, ¿estoy obligado a asistir al panteón a rezar por el alma de mis padres?

Como cristiano, ¿estoy obligado a asistir al panteón a rezar por el alma de mis padres?

Como cristiano, ¿estoy obligado a asistir al panteón a rezar por el alma de mis padres?

No estamos obligados a ir al panteón, aunque es una práctica muy noble que puede ayudar mucho a nuestra devoción. Si tenemos obligación de pedir por los difuntos y no hay oración más poderosa que la Santa Misa.  

No estamos obligados a ir al panteón, aunque es una práctica muy noble que puede ayudar mucho a nuestra devoción. Si tenemos obligación de pedir por los difuntos y no hay oración más poderosa que la Santa Misa.  

Recomendaciones de lectura mensual

Recomendaciones de lectura mensual

Formación Espiritual

Formación Espiritual

Jesús Rey de Amor - P. Mateo Crawley Boevey.

Una obra clásica de espiritualidad sobre el Sagrado Corazón de Jesús. Con un estilo sencillo, ardiente y directo, invita a reconocer la realeza amorosa de Cristo en el alma, en la familia y en la sociedad. El libro recoge pláticas y conferencias centradas en la devoción al Corazón de Jesús, la vida de gracia y la entronización del Sagrado Corazón en los hogares. Es una lectura muy recomendable para este mes de junio y para todos los que desean renovar su amor y entrega a Cristo Rey. Disponible en la librería parroquial. 

Jesús Rey de Amor - P. Mateo Crawley Boevey.

Una obra clásica de espiritualidad sobre el Sagrado Corazón de Jesús. Con un estilo sencillo, ardiente y directo, invita a reconocer la realeza amorosa de Cristo en el alma, en la familia y en la sociedad. El libro recoge pláticas y conferencias centradas en la devoción al Corazón de Jesús, la vida de gracia y la entronización del Sagrado Corazón en los hogares. Es una lectura muy recomendable para este mes de junio y para todos los que desean renovar su amor y entrega a Cristo Rey. Disponible en la librería parroquial. 

Formación Intelectual

Formación Intelectual

García Moreno: vengador y mártir del derecho cristiano, del P. Agustín Berthe.

Presenta la vida del presidente ecuatoriano que quiso gobernar según los principios de la fe católica. La obra muestra su lucha por restaurar el orden cristiano en la sociedad, su defensa de la Iglesia y su consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Es una lectura especialmente oportuna para el mes de junio, porque recuerda que la devoción al Sagrado Corazón no debe quedarse en lo privado, sino que debe reinar también en la familia, la cultura y la vida pública. 

García Moreno: vengador y mártir del derecho cristiano, del P. Agustín Berthe.

Presenta la vida del presidente ecuatoriano que quiso gobernar según los principios de la fe católica. La obra muestra su lucha por restaurar el orden cristiano en la sociedad, su defensa de la Iglesia y su consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Es una lectura especialmente oportuna para el mes de junio, porque recuerda que la devoción al Sagrado Corazón no debe quedarse en lo privado, sino que debe reinar también en la familia, la cultura y la vida pública. 

Literatura

Literatura

La mujer pobre, de Léon Bloy.

Es una novela católica intensa sobre el sufrimiento, la pobreza y la purificación del alma. A través de una historia dura y profundamente espiritual, Bloy muestra la miseria de un mundo sin caridad y la grandeza de un amor que sólo se entiende a la luz de la Cruz. No es una obra devocional en sentido estricto, pero sí una lectura muy apropiada para el mes del Sagrado Corazón, porque recuerda que el amor de Cristo no es sentimentalismo, sino fuego, sacrificio y redención. 

La mujer pobre, de Léon Bloy.

Es una novela católica intensa sobre el sufrimiento, la pobreza y la purificación del alma. A través de una historia dura y profundamente espiritual, Bloy muestra la miseria de un mundo sin caridad y la grandeza de un amor que sólo se entiende a la luz de la Cruz. No es una obra devocional en sentido estricto, pero sí una lectura muy apropiada para el mes del Sagrado Corazón, porque recuerda que el amor de Cristo no es sentimentalismo, sino fuego, sacrificio y redención. 

Santos que seguro no conocías

Santa Lutgarda, Vírgen - 16 de junio

Nace en 1182. A los doce años, fue encomendada a las monjas benedictinas cerca de Saint-Trond, no por piedad sino porque el dinero para su dote matrimonial había sido perdido por su padre. Era la costumbre de la época. 

Lutgarda era bonita y le gustaba divertirse sanamente y vestir bien. No aparentaba vocación religiosa, por lo que en el convento vivía como una especie de pensionista, libre para entrar y salir. 

Sin embargo, un día, mientras charlaba con unas amistades, tuvo una visión de Nuestro Señor Jesucristo que le mostraba sus heridas y le pedía que lo amase solo a Él. Lutgarda aquel día descubrió el amor de Jesús y lo aceptó al instante como su Prometido, ingresando a la orden del convento en que vivía. 

Pidió ciertos dones especiales a Nuestro Señor, quien se los concedió. Sin embargo, Lutgarda se sentía frustrada, ya que encontraba en estos dones un obstáculo para su devoción. Un día se lo hizo saber a Nuestro Señor, quien le dijo: 

—Entonces, ¿qué quieres? 

—Señor, quiero tu Corazón. —le contestó ella. 

—¿Quieres mi Corazón? —le dijo el Señor—. Soy yo el que quiere el tuyo. 

A lo que Lutgarda le respondió: 

—Tómalo, mi amado Señor; pero tómalo de tal manera que por amor de tu Corazón, estrechamente unido al mío, sólo posea mi corazón en ti, a fin de que permanezca para siempre seguro, bajo tu protección. 

Lutgarda, entonces, recibió de Cristo una nueva vida. Él le mostró su propio Corazón atravesado, fuente de toda gracia, de todo amor y de todas las delicias y la unió a Él, dándole su propio Corazón, a cambio del de ella. Se produjo ahí, entre Cristo y ella, el místico intercambio que, más tarde, sucedería también en la vida de algunas santas devotas del Sagrado Corazón de Jesús, como Santa Gertrudis, Santa Matilde de Hackeborn y Santa Margarita María Alacoque. 

Después de doce años en el convento de Santa Catalina, sintió la inspiración de abrazar la regla cisterciense que es más estricta.


Tenía gran humildad y solo se quejaba de su propia impotencia para responder como era debido a las gracias de Dios. En una ocasión oraba ofreciendo vehemente su vida al Señor, cuando se le reventó una vena que le causó una fuerte hemorragia. Le fue revelado que, en el cielo, su efusión se aceptaba como un martirio. 

Predijo su muerte que ocurrió en la noche del sábado posterior a la Santísima Trinidad, precisamente cuando comenzaba el oficio nocturno del domingo. Era el 16 de junio del 1246. 


Fuentes: https://revistacatolica.org/santa-lutgarda-de-aywieres-desde-nina-conquistada-por-el-amor-divino/ 

https://es.catholic.net/op/articulos/53133/lutgarda-santa.html#modal 

Fraternidad Sacerdotal San Pedro Guadalajara

Fieles a la Tradición de la Iglesia. "Ad Maiorem Dei Gloriam"

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