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Santos Pedro y Pablo

V Domingo después de Pentecostés

Los Santos Apóstoles Pedro y Pablo - Curiosidades sobre esta fiesta - San Otón

Los Santos Apóstoles Pedro y Pablo - Curiosidades sobre esta fiesta - San Otón

LA FIESTA DEL 29 DE JUNIO.

Después de las grandes solemnidades del año Litúrgico y de la fiesta de San Juan Bautista, no hay otra más antigua y universal en la Iglesia que la de los dos príncipes de los Apóstoles. Muy pronto Roma celebró su triunfo en la fecha misma del 29 de Junio, que los viera subir al cielo.

Este uso prevaleció luego sobre el de algunos lugares, que habían puesto la fiesta de los Apóstoles en los últimos días de Diciembre. Fue ciertamente un hermoso pensamiento el hacer así de los padres del pueblo cristiano el cortejo del Emmanuel, a su venida al mundo.

Pero, como ya hemos visto, las enseñanzas de este día tienen ellas solas, una importancia preponderante en la economía del dogma cristiano; son el complemento de toda la obra del Hijo de Dios; la cruz de Pedro da estabilidad a la Iglesia, y señala al espíritu de Dios el centro inamovible de sus operaciones. Roma estuvo inspirada cuando, reservando al discípulo amado el honor de velar por sus hermanos cerca del pesebre del Niño Jesús, guardaba el solemne recuerdo de los príncipes del apostolado en el día escogido por Dios para consumar sus trabajos y coronar juntamente con su vida el ciclo de los misterios.

VIDA DIVINA.

San Pedro después de Pentecostés organizó con los otros apóstoles la Iglesia de Jerusalén, luego las de Samaria y Judea, y recibió en la Iglesia al centurión Cornelio, el primer pagano convertido. Habiendo escapado milagrosamente de la muerte que le tenía preparada el Rey Herodes Agripa, dejó Jerusalén y se dirigió a Roma donde fundó, alrededor del año 42, la Iglesia que sería más tarde el centro de la Catolicidad. Desde Roma emprendió varias excursiones apostólicas.

Hacia el año 50 se encuentra en Jerusalén para el concilio que decidió la admisión de los gentiles en la Iglesia, sin obligarlos a las observancias de la ley mosaica. Partió luego a Antioquía, al Ponto, Galacla, Capadocia, Bitinia, y a la provincia de Asia. Un incendio destruyó Roma hacia el año 64, y acusando Nerón a los cristianos de tal catástrofe, los hizo encarcelar en masa. Muchos cientos, quizá millares, fueron condenados a muerte con diversos tormentos: unos crucificados, otros quemados vivos, otros fueron entregados a las bestias en el anfiteatro, otros decapitados.

San Pedro, encarcelado, según antigua tradición, en la cárcel Mamertina, fue crucificado con la cabeza abajo en los jardines de Nerón, sobre la colina del Vaticano, y allí mismo fue enterrado. No se conoce la fecha exacta de su martirio: se debe colocar entre el año 64 y el 67. 

Desde el Escritorio del Párroco

Hoy celebramos en algunas misas la solemnidad externa de la fiesta de San Pedro y San Pablo, y mañana, el 29 de junio, es la fiesta real. En el calendario universal de la Iglesia es una fiesta de precepto —aunque en pocos lugares todavía se mantiene el precepto—, porque celebramos no solamente la fiesta de dos mártires y dos apóstoles, sino de las dos columnas principales de la Iglesia romana. La ciudad de Roma se convirtió en la sede de la Iglesia de Cristo porque fue consagrada con la sangre de estos dos apóstoles y mártires. Consideremos lo que estos santos nos enseñan acerca de nuestra devoción a nuestra madre la Iglesia. 


Primero, debemos rechazar cualquier error protestante acerca de la Iglesia. ¡Hay muchos! Hay protestantes que consideran la Iglesia irrelevante, solamente una institución humana y corrupta. Hay otros que insisten, como Lutero, en que la Iglesia es algo efímero e invisible, solamente el conjunto de todos los creyentes que mantienen la verdadera fe. 


Dice Lutero: “La Iglesia es la congregación de los santos, en la cual el Evangelio es enseñado rectamente y los Sacramentos son administrados rectamente.” Y en otro lugar: “La Iglesia no es solamente una sociedad de cosas externas y ritos, como otras organizaciones civiles, sino principalmente la sociedad de la fe y del Espíritu Santo en los corazones.” 


Estas ideas fueron condenadas en varios lugares. Por ejemplo, en Auctorem Fidei, del Papa Pío VI, encontramos esta condenación: “La doctrina que propone que la Iglesia debe considerarse como un solo cuerpo místico compuesto de Cristo cabeza y de los fieles, que son sus miembros… entendida en el sentido de que nadie pertenece al cuerpo de la Iglesia sino los fieles que son perfectos adoradores en espíritu y en verdad: herética.” 


Está diciendo que es herética la idea de que la Iglesia sea solamente el conjunto de los que creen y adoran correctamente, y que ser miembro del Cuerpo Místico no dependa también de estar unidos bajo legítimos pastores. 


La celebración de esta fiesta nos enseña que Roma tiene importancia por su vínculo con los apóstoles. Además, nos recuerda que San Pablo, el gran predicador de los gentiles, reconoció la necesidad de someterse a Pedro para hacer legítimo su ministerio. 


“Luego, después de tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días. Y no vi a ningún otro de los Apóstoles, sino a Santiago, el hermano del Señor.” 


— Gál 1,18–19 


A pesar de que Pablo vio al Señor y recibió directamente de Él su misión, entendió la necesidad de estar vinculado a Pedro, el príncipe de los apóstoles. No bastaba rezar por él: necesitaba establecer sus vínculos de comunión eclesial. Tampoco ese respeto impedía que lo corrigiera cuando era necesario, pero siempre manteniendo intacta esta comunión, que permanece hasta la fecha, pues siempre celebramos a los dos juntos en sus fiestas. 


Es impresionante, además, considerar cuán antigua es esta devoción a Roma y a estos dos apóstoles. 


Tomemos unos ejemplos. 


San Ireneo, Contra las herejías, III, 3, 2 — hacia el año 180: 


“Pero como sería muy largo enumerar en este volumen las sucesiones de todas las Iglesias, indicaremos la tradición recibida de los Apóstoles y la fe anunciada a los hombres, que ha llegado hasta nosotros por la sucesión de los obispos de la Iglesia más grande, más antigua y conocida de todos, fundada y constituida en Roma por los gloriosísimos apóstoles Pedro y Pablo. Con esta Iglesia, por razón de su origen más excelente, debe necesariamente concordar toda Iglesia, es decir, los fieles de todas partes.” 


San Ignacio de Antioquía, Carta a los Romanos, prólogo — hacia el año 107: 


“Ignacio, llamado también Teóforo, a la Iglesia que ha alcanzado misericordia en la magnificencia del Padre Altísimo y de Jesucristo su único Hijo; a la Iglesia amada e iluminada por voluntad de Aquel que quiso todas las cosas… que también preside en la región de los romanos, digna de Dios, digna de honor, digna de bendición…” 


San Cipriano de Cartago, Sobre la unidad de la Iglesia Católica, 4 — hacia el año 251: 


“Sobre uno solo edifica la Iglesia; y aunque después de su resurrección da igual potestad a todos los Apóstoles… sin embargo, para manifestar la unidad, estableció con su autoridad el origen de esa misma unidad comenzando por uno solo. El que abandona la cátedra de Pedro, sobre quien está fundada la Iglesia, ¿puede confiar en que está en la Iglesia?” 


Y en otro lugar: 


Roma es “la Iglesia principal, de donde ha nacido la unidad sacerdotal.” 


San Optato de Milevi, Contra los donatistas, II, 2 — hacia el año 367: 


“No puedes negar que sabes que en la ciudad de Roma fue conferida primero a Pedro la cátedra episcopal, en la cual se sentó Pedro, cabeza de todos los Apóstoles, por lo cual fue llamado Cefas; en esta única cátedra debía conservarse la unidad por todos, para que los demás Apóstoles no reclamaran cada uno su propia cátedra; de modo que ya sería cismático y pecador quien levantara otra cátedra contra esta única cátedra.” 


San Jerónimo, Carta 15 a San Dámaso Papa — año 376/377: 


“Yo no sigo a ningún jefe sino a Cristo, y no me comunico con nadie sino con tu beatitud, es decir, con la cátedra de Pedro. Sé que sobre esta piedra está edificada la Iglesia… Quien no recoge contigo, desparrama; es decir, quien no es de Cristo, es del Anticristo.” 


En la Fraternidad Sacerdotal San Pedro tenemos una devoción muy particular a San Pedro. Esta devoción no fue impuesta por la Iglesia, que no recomendó este nombre cuando fuimos erigidos en 1988. Entonces, recordemos las razones por las cuales la devoción a Pedro es una devoción que todos los católicos debemos mantener en gran estima, y pidamos por sus sucesores y por la unidad de toda la Iglesia. 

Hoy celebramos en algunas misas la solemnidad externa de la fiesta de San Pedro y San Pablo, y mañana, el 29 de junio, es la fiesta real. En el calendario universal de la Iglesia es una fiesta de precepto —aunque en pocos lugares todavía se mantiene el precepto—, porque celebramos no solamente la fiesta de dos mártires y dos apóstoles, sino de las dos columnas principales de la Iglesia romana. La ciudad de Roma se convirtió en la sede de la Iglesia de Cristo porque fue consagrada con la sangre de estos dos apóstoles y mártires. Consideremos lo que estos santos nos enseñan acerca de nuestra devoción a nuestra madre la Iglesia. 


Primero, debemos rechazar cualquier error protestante acerca de la Iglesia. ¡Hay muchos! Hay protestantes que consideran la Iglesia irrelevante, solamente una institución humana y corrupta. Hay otros que insisten, como Lutero, en que la Iglesia es algo efímero e invisible, solamente el conjunto de todos los creyentes que mantienen la verdadera fe. 


Dice Lutero: “La Iglesia es la congregación de los santos, en la cual el Evangelio es enseñado rectamente y los Sacramentos son administrados rectamente.” Y en otro lugar: “La Iglesia no es solamente una sociedad de cosas externas y ritos, como otras organizaciones civiles, sino principalmente la sociedad de la fe y del Espíritu Santo en los corazones.” 


Estas ideas fueron condenadas en varios lugares. Por ejemplo, en Auctorem Fidei, del Papa Pío VI, encontramos esta condenación: “La doctrina que propone que la Iglesia debe considerarse como un solo cuerpo místico compuesto de Cristo cabeza y de los fieles, que son sus miembros… entendida en el sentido de que nadie pertenece al cuerpo de la Iglesia sino los fieles que son perfectos adoradores en espíritu y en verdad: herética.” 


Está diciendo que es herética la idea de que la Iglesia sea solamente el conjunto de los que creen y adoran correctamente, y que ser miembro del Cuerpo Místico no dependa también de estar unidos bajo legítimos pastores. 


La celebración de esta fiesta nos enseña que Roma tiene importancia por su vínculo con los apóstoles. Además, nos recuerda que San Pablo, el gran predicador de los gentiles, reconoció la necesidad de someterse a Pedro para hacer legítimo su ministerio. 


“Luego, después de tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días. Y no vi a ningún otro de los Apóstoles, sino a Santiago, el hermano del Señor.” 


— Gál 1,18–19 


A pesar de que Pablo vio al Señor y recibió directamente de Él su misión, entendió la necesidad de estar vinculado a Pedro, el príncipe de los apóstoles. No bastaba rezar por él: necesitaba establecer sus vínculos de comunión eclesial. Tampoco ese respeto impedía que lo corrigiera cuando era necesario, pero siempre manteniendo intacta esta comunión, que permanece hasta la fecha, pues siempre celebramos a los dos juntos en sus fiestas. 


Es impresionante, además, considerar cuán antigua es esta devoción a Roma y a estos dos apóstoles. 


Tomemos unos ejemplos. 


San Ireneo, Contra las herejías, III, 3, 2 — hacia el año 180: 


“Pero como sería muy largo enumerar en este volumen las sucesiones de todas las Iglesias, indicaremos la tradición recibida de los Apóstoles y la fe anunciada a los hombres, que ha llegado hasta nosotros por la sucesión de los obispos de la Iglesia más grande, más antigua y conocida de todos, fundada y constituida en Roma por los gloriosísimos apóstoles Pedro y Pablo. Con esta Iglesia, por razón de su origen más excelente, debe necesariamente concordar toda Iglesia, es decir, los fieles de todas partes.” 


San Ignacio de Antioquía, Carta a los Romanos, prólogo — hacia el año 107: 


“Ignacio, llamado también Teóforo, a la Iglesia que ha alcanzado misericordia en la magnificencia del Padre Altísimo y de Jesucristo su único Hijo; a la Iglesia amada e iluminada por voluntad de Aquel que quiso todas las cosas… que también preside en la región de los romanos, digna de Dios, digna de honor, digna de bendición…” 


San Cipriano de Cartago, Sobre la unidad de la Iglesia Católica, 4 — hacia el año 251: 


“Sobre uno solo edifica la Iglesia; y aunque después de su resurrección da igual potestad a todos los Apóstoles… sin embargo, para manifestar la unidad, estableció con su autoridad el origen de esa misma unidad comenzando por uno solo. El que abandona la cátedra de Pedro, sobre quien está fundada la Iglesia, ¿puede confiar en que está en la Iglesia?” 


Y en otro lugar: 


Roma es “la Iglesia principal, de donde ha nacido la unidad sacerdotal.” 


San Optato de Milevi, Contra los donatistas, II, 2 — hacia el año 367: 


“No puedes negar que sabes que en la ciudad de Roma fue conferida primero a Pedro la cátedra episcopal, en la cual se sentó Pedro, cabeza de todos los Apóstoles, por lo cual fue llamado Cefas; en esta única cátedra debía conservarse la unidad por todos, para que los demás Apóstoles no reclamaran cada uno su propia cátedra; de modo que ya sería cismático y pecador quien levantara otra cátedra contra esta única cátedra.” 


San Jerónimo, Carta 15 a San Dámaso Papa — año 376/377: 


“Yo no sigo a ningún jefe sino a Cristo, y no me comunico con nadie sino con tu beatitud, es decir, con la cátedra de Pedro. Sé que sobre esta piedra está edificada la Iglesia… Quien no recoge contigo, desparrama; es decir, quien no es de Cristo, es del Anticristo.” 


En la Fraternidad Sacerdotal San Pedro tenemos una devoción muy particular a San Pedro. Esta devoción no fue impuesta por la Iglesia, que no recomendó este nombre cuando fuimos erigidos en 1988. Entonces, recordemos las razones por las cuales la devoción a Pedro es una devoción que todos los católicos debemos mantener en gran estima, y pidamos por sus sucesores y por la unidad de toda la Iglesia. 

A que no sabías que…

Aquí conoceremos más sobre temas litúrgicos.

Procesión en la fiesta de los Santos Pedro y Pablo

Una divertida tradición popular para esta fiesta comienza en su víspera: en Italia (especialmente en las regiones del norte), en la noche entre el 28 y el 29 de junio, los niños llenan una jarra de vidrio grande y transparente con agua fría y dejan caer con cuidado la clara de un huevo muy fresco. Sin remover ni agitar la jarra, la dejan destapada al aire libre, en el césped, en un campo abierto o bajo un árbol para que "absorba el rocío". Por la mañana encontrarán "la barca (o barchetta) di San Pietro" - la barca de pesca de San Pedro. La clara del huevo toma la forma de las velas de un barco, ¿ven?, lo que, según les cuentan a los niños, sucede porque San Pedro sopla en la jarra. Al ver el barco, los niños dicen: "¡È vero, è vero, è arrivato San Piero!" ("¡Es verdad, es verdad, San Pedro ha llegado!"). La leyenda dice que si las velas están abiertas, el tiempo será agradable y tranquilo, pero si están cerradas, la lluvia es inminente. 
 
Las tormentas son frecuentes durante esta época, y se explican mediante una leyenda bastante terrible. Tal como se narra a finales del siglo XIX en "Cuentos populares italianos" de Thomas Frederick Crane: 


La madre de San Pedro es la protagonista de una historia que ha dado origen a un proverbio muy extendido. Según cuenta la leyenda, era una mujer avariciosa, conocida por su generosidad. De hecho, durante toda su vida jamás regaló nada, salvo la parte superior de una cebolla a una mendiga. Tras su muerte, la madre de San Pedro fue al infierno, y el santo suplicó a Dios que la liberara. En agradecimiento por su único acto de caridad, un ángel fue enviado para rescatarla del infierno con la parte superior de una cebolla. Los demás espíritus perdidos se aferraron a sus faldas para escapar con ella, pero la egoísta mujer intentó zafarse, rompiendo la cebolla y cayendo de nuevo al infierno. Esta historia ha dado origen al dicho «Como la madre de San Pedro», que se encuentra, con ligeras variaciones, por toda Italia. 


Una curiosa versión de esta historia se encuentra en Bernoni (Leggende fant. No. 8):

Después de que la parte superior de la cebolla se rompió y la madre de San Pedro cayó de nuevo al infierno, la historia continúa: "Sin embargo, por consideración a San Pedro, el Señor le permitió una vez al año, el día de San Pedro, salir del infierno y vagar por la tierra durante una semana; y, de hecho, lo hace todos los años, y durante esta semana hace toda clase de travesuras y causa grandes problemas. 


Las "travesuras" y los "grandes problemas" se manifiestan en esas tormentas eléctricas, de las que los italianos (al menos los venecianos) dicen: "ven fora la vecia" ("sale la anciana"). La historia de la anciana y la cebolla también se narra en "Los hermanos Karamazov" de Dostoievski. En esta obra, se omite cualquier mención a la pobre madre de San Pedro y se lee así: 

Érase una vez una campesina, una mujer muy malvada. Murió sin dejar ni una sola buena obra. Los demonios la atraparon y la arrojaron al lago de fuego. Su ángel guardián se quedó pensando qué buena obra suya podría recordar para contárselo a Dios. «Una vez arrancó una cebolla de su huerto», dijo, «y se la dio a una mendiga». Dios respondió: «Toma esa cebolla, ofrécesela en el lago, y deja que la agarre para que la saque. Si logras sacarla del lago, que entre al Paraíso; pero si la cebolla se rompe, la mujer deberá quedarse donde está». El ángel corrió hacia la mujer y le ofreció la cebolla. «Ven», le dijo, «agárrate y te sacaré». Y comenzó a sacarla con cuidado. Justo cuando la había sacado, los demás pecadores del lago, al ver cómo la sacaban, comenzaron a agarrarla para ser sacados con ella. Pero ella era una mujer muy malvada y comenzó a patearlos. «¡A mí me toca salir, no a ustedes! ¡Es mi cebolla, no la suya!». En cuanto dijo eso, la cebolla se rompió. Y la mujer cayó al lago, y allí arde hasta el día de hoy. Entonces el ángel lloró y se fue. 

Una divertida tradición popular para esta fiesta comienza en su víspera: en Italia (especialmente en las regiones del norte), en la noche entre el 28 y el 29 de junio, los niños llenan una jarra de vidrio grande y transparente con agua fría y dejan caer con cuidado la clara de un huevo muy fresco. Sin remover ni agitar la jarra, la dejan destapada al aire libre, en el césped, en un campo abierto o bajo un árbol para que "absorba el rocío". Por la mañana encontrarán "la barca (o barchetta) di San Pietro" - la barca de pesca de San Pedro. La clara del huevo toma la forma de las velas de un barco, ¿ven?, lo que, según les cuentan a los niños, sucede porque San Pedro sopla en la jarra. Al ver el barco, los niños dicen: "¡È vero, è vero, è arrivato San Piero!" ("¡Es verdad, es verdad, San Pedro ha llegado!"). La leyenda dice que si las velas están abiertas, el tiempo será agradable y tranquilo, pero si están cerradas, la lluvia es inminente. 
 
Las tormentas son frecuentes durante esta época, y se explican mediante una leyenda bastante terrible. Tal como se narra a finales del siglo XIX en "Cuentos populares italianos" de Thomas Frederick Crane: 


La madre de San Pedro es la protagonista de una historia que ha dado origen a un proverbio muy extendido. Según cuenta la leyenda, era una mujer avariciosa, conocida por su generosidad. De hecho, durante toda su vida jamás regaló nada, salvo la parte superior de una cebolla a una mendiga. Tras su muerte, la madre de San Pedro fue al infierno, y el santo suplicó a Dios que la liberara. En agradecimiento por su único acto de caridad, un ángel fue enviado para rescatarla del infierno con la parte superior de una cebolla. Los demás espíritus perdidos se aferraron a sus faldas para escapar con ella, pero la egoísta mujer intentó zafarse, rompiendo la cebolla y cayendo de nuevo al infierno. Esta historia ha dado origen al dicho «Como la madre de San Pedro», que se encuentra, con ligeras variaciones, por toda Italia. 


Una curiosa versión de esta historia se encuentra en Bernoni (Leggende fant. No. 8):

Después de que la parte superior de la cebolla se rompió y la madre de San Pedro cayó de nuevo al infierno, la historia continúa: "Sin embargo, por consideración a San Pedro, el Señor le permitió una vez al año, el día de San Pedro, salir del infierno y vagar por la tierra durante una semana; y, de hecho, lo hace todos los años, y durante esta semana hace toda clase de travesuras y causa grandes problemas. 


Las "travesuras" y los "grandes problemas" se manifiestan en esas tormentas eléctricas, de las que los italianos (al menos los venecianos) dicen: "ven fora la vecia" ("sale la anciana"). La historia de la anciana y la cebolla también se narra en "Los hermanos Karamazov" de Dostoievski. En esta obra, se omite cualquier mención a la pobre madre de San Pedro y se lee así: 

Érase una vez una campesina, una mujer muy malvada. Murió sin dejar ni una sola buena obra. Los demonios la atraparon y la arrojaron al lago de fuego. Su ángel guardián se quedó pensando qué buena obra suya podría recordar para contárselo a Dios. «Una vez arrancó una cebolla de su huerto», dijo, «y se la dio a una mendiga». Dios respondió: «Toma esa cebolla, ofrécesela en el lago, y deja que la agarre para que la saque. Si logras sacarla del lago, que entre al Paraíso; pero si la cebolla se rompe, la mujer deberá quedarse donde está». El ángel corrió hacia la mujer y le ofreció la cebolla. «Ven», le dijo, «agárrate y te sacaré». Y comenzó a sacarla con cuidado. Justo cuando la había sacado, los demás pecadores del lago, al ver cómo la sacaban, comenzaron a agarrarla para ser sacados con ella. Pero ella era una mujer muy malvada y comenzó a patearlos. «¡A mí me toca salir, no a ustedes! ¡Es mi cebolla, no la suya!». En cuanto dijo eso, la cebolla se rompió. Y la mujer cayó al lago, y allí arde hasta el día de hoy. Entonces el ángel lloró y se fue. 

Recomendaciones de lectura mensual

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Formación Espiritual

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Jesús Rey de Amor - P. Mateo Crawley Boevey.

Una obra clásica de espiritualidad sobre el Sagrado Corazón de Jesús. Con un estilo sencillo, ardiente y directo, invita a reconocer la realeza amorosa de Cristo en el alma, en la familia y en la sociedad. El libro recoge pláticas y conferencias centradas en la devoción al Corazón de Jesús, la vida de gracia y la entronización del Sagrado Corazón en los hogares. Es una lectura muy recomendable para este mes de junio y para todos los que desean renovar su amor y entrega a Cristo Rey. Disponible en la librería parroquial. 

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Formación Intelectual

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García Moreno: vengador y mártir del derecho cristiano, del P. Agustín Berthe.

Presenta la vida del presidente ecuatoriano que quiso gobernar según los principios de la fe católica. La obra muestra su lucha por restaurar el orden cristiano en la sociedad, su defensa de la Iglesia y su consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Es una lectura especialmente oportuna para el mes de junio, porque recuerda que la devoción al Sagrado Corazón no debe quedarse en lo privado, sino que debe reinar también en la familia, la cultura y la vida pública. 

García Moreno: vengador y mártir del derecho cristiano, del P. Agustín Berthe.

Presenta la vida del presidente ecuatoriano que quiso gobernar según los principios de la fe católica. La obra muestra su lucha por restaurar el orden cristiano en la sociedad, su defensa de la Iglesia y su consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Es una lectura especialmente oportuna para el mes de junio, porque recuerda que la devoción al Sagrado Corazón no debe quedarse en lo privado, sino que debe reinar también en la familia, la cultura y la vida pública. 

Literatura

Literatura

La mujer pobre, de Léon Bloy.

Es una novela católica intensa sobre el sufrimiento, la pobreza y la purificación del alma. A través de una historia dura y profundamente espiritual, Bloy muestra la miseria de un mundo sin caridad y la grandeza de un amor que sólo se entiende a la luz de la Cruz. No es una obra devocional en sentido estricto, pero sí una lectura muy apropiada para el mes del Sagrado Corazón, porque recuerda que el amor de Cristo no es sentimentalismo, sino fuego, sacrificio y redención. 

La mujer pobre, de Léon Bloy.

Es una novela católica intensa sobre el sufrimiento, la pobreza y la purificación del alma. A través de una historia dura y profundamente espiritual, Bloy muestra la miseria de un mundo sin caridad y la grandeza de un amor que sólo se entiende a la luz de la Cruz. No es una obra devocional en sentido estricto, pero sí una lectura muy apropiada para el mes del Sagrado Corazón, porque recuerda que el amor de Cristo no es sentimentalismo, sino fuego, sacrificio y redención. 

Santos que seguro no conocías

San Otón, 2 de julio (Martirologio Romano)

San Otón fue obispo de Bamberg y es llamado el Apóstol de Pomerania (región en el norte de lo que hoy son Alemania y Polonia). 

Nació en Suabia, Alemania, y vivió en el siglo XII. Fue huérfano de padre y madre, enfrentó muchas dificultades para costear sus estudios en filosofía y ciencias humanas. Partió a Polonia para ganarse la vida. Poco a poco se estableció y fundó una escuela que ganó prestigio y le dio buenas ganancias. 

Se hizo conocido y estimado en la corte polaca, amigo y consejero del emperador Enrique IV, que lo nombró obispo de Bomberg en el año 1102. 

Enrique IV entró en un conflicto serio con la Santa Sede, al querer imponer él sus propios obispos y abades en su territorio, por lo que el Papa Alejandro II lo excomulgó. 

San Otón hizo lo que pudo por conseguir que se arrepintiese y se sometiese al Papa, se negó a aprobar el cisma y demás crímenes del emperador; sin embargo, solamente quedó con la conciencia tranquila cuando recibió el Palio por el Papa Pascual II, alrededor del año 1106. 

Es considerado el evangelizador de la Pomerania; fundó allí numerosos monasterios. Y apoyado por Boleslao III, duque de Polonia que dominaba la región, y por Vratislao, duque cristiano de Pomerania, recorrió todas las ciudades instruyendo a los gentiles y bautizando a los que se adherían a la fe, intercediendo ante el príncipe por la liberación de los prisioneros, exhortando a todos a abandonar los ídolos y a convertirse al Dios de Jesucristo. Esparció misioneros por toda la Pomerania, bautizando a más de 20,000 infieles. 

Murió en su diócesis el 30 de Junio de 1139. Fue canonizadeo cincuenta años más tarde. 


Fuente: https://www.aciprensa.com/santo/570/san-oton 

San Otón de Bomberg

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