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V Domingo después de Pentecostés
LA FIESTA DEL 29 DE JUNIO.
Después de las grandes solemnidades del año Litúrgico y de la fiesta de San Juan Bautista, no hay otra más antigua y universal en la Iglesia que la de los dos príncipes de los Apóstoles. Muy pronto Roma celebró su triunfo en la fecha misma del 29 de Junio, que los viera subir al cielo.
Este uso prevaleció luego sobre el de algunos lugares, que habían puesto la fiesta de los Apóstoles en los últimos días de Diciembre. Fue ciertamente un hermoso pensamiento el hacer así de los padres del pueblo cristiano el cortejo del Emmanuel, a su venida al mundo.
Pero, como ya hemos visto, las enseñanzas de este día tienen ellas solas, una importancia preponderante en la economía del dogma cristiano; son el complemento de toda la obra del Hijo de Dios; la cruz de Pedro da estabilidad a la Iglesia, y señala al espíritu de Dios el centro inamovible de sus operaciones. Roma estuvo inspirada cuando, reservando al discípulo amado el honor de velar por sus hermanos cerca del pesebre del Niño Jesús, guardaba el solemne recuerdo de los príncipes del apostolado en el día escogido por Dios para consumar sus trabajos y coronar juntamente con su vida el ciclo de los misterios.
VIDA DIVINA.
San Pedro después de Pentecostés organizó con los otros apóstoles la Iglesia de Jerusalén, luego las de Samaria y Judea, y recibió en la Iglesia al centurión Cornelio, el primer pagano convertido. Habiendo escapado milagrosamente de la muerte que le tenía preparada el Rey Herodes Agripa, dejó Jerusalén y se dirigió a Roma donde fundó, alrededor del año 42, la Iglesia que sería más tarde el centro de la Catolicidad. Desde Roma emprendió varias excursiones apostólicas.
Hacia el año 50 se encuentra en Jerusalén para el concilio que decidió la admisión de los gentiles en la Iglesia, sin obligarlos a las observancias de la ley mosaica. Partió luego a Antioquía, al Ponto, Galacla, Capadocia, Bitinia, y a la provincia de Asia. Un incendio destruyó Roma hacia el año 64, y acusando Nerón a los cristianos de tal catástrofe, los hizo encarcelar en masa. Muchos cientos, quizá millares, fueron condenados a muerte con diversos tormentos: unos crucificados, otros quemados vivos, otros fueron entregados a las bestias en el anfiteatro, otros decapitados.
San Pedro, encarcelado, según antigua tradición, en la cárcel Mamertina, fue crucificado con la cabeza abajo en los jardines de Nerón, sobre la colina del Vaticano, y allí mismo fue enterrado. No se conoce la fecha exacta de su martirio: se debe colocar entre el año 64 y el 67.
Desde el Escritorio del Párroco
A que no sabías que…
Aquí conoceremos más sobre temas litúrgicos.

Santos que seguro no conocías
San Otón, 2 de julio (Martirologio Romano)
San Otón fue obispo de Bamberg y es llamado el Apóstol de Pomerania (región en el norte de lo que hoy son Alemania y Polonia).
Nació en Suabia, Alemania, y vivió en el siglo XII. Fue huérfano de padre y madre, enfrentó muchas dificultades para costear sus estudios en filosofía y ciencias humanas. Partió a Polonia para ganarse la vida. Poco a poco se estableció y fundó una escuela que ganó prestigio y le dio buenas ganancias.
Se hizo conocido y estimado en la corte polaca, amigo y consejero del emperador Enrique IV, que lo nombró obispo de Bomberg en el año 1102.
Enrique IV entró en un conflicto serio con la Santa Sede, al querer imponer él sus propios obispos y abades en su territorio, por lo que el Papa Alejandro II lo excomulgó.
San Otón hizo lo que pudo por conseguir que se arrepintiese y se sometiese al Papa, se negó a aprobar el cisma y demás crímenes del emperador; sin embargo, solamente quedó con la conciencia tranquila cuando recibió el Palio por el Papa Pascual II, alrededor del año 1106.
Es considerado el evangelizador de la Pomerania; fundó allí numerosos monasterios. Y apoyado por Boleslao III, duque de Polonia que dominaba la región, y por Vratislao, duque cristiano de Pomerania, recorrió todas las ciudades instruyendo a los gentiles y bautizando a los que se adherían a la fe, intercediendo ante el príncipe por la liberación de los prisioneros, exhortando a todos a abandonar los ídolos y a convertirse al Dios de Jesucristo. Esparció misioneros por toda la Pomerania, bautizando a más de 20,000 infieles.
Murió en su diócesis el 30 de Junio de 1139. Fue canonizadeo cincuenta años más tarde.

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