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Este domingo oímos hablar de este maravilloso milagro de nuestro Señor. Ve un cortejo fúnebre y se compadece de la madre viuda.
Jesucristo se compadece de esta pobre mujer.
Parece probable que Jesús, viendo su propia muerte en el futuro, ve en la pobre mujer de Naín el profundo dolor de su propia madre María. María, también viuda, estaría allí mientras su único Hijo es arrebatado por una muerte horrible.
El hecho es que podemos ver una imagen de María en este evangelio. Sabemos que la muerte corporal del hijo de esta mujer representa -para nuestra instrucción- la muerte espiritual por el pecado.
María, nuestra Madre, es el refugio de los pecadores. Uno de sus títulos en las letanías. Ella es la madre que llora por el pecador, reza por el pecador y mueve al Hijo a la compasión.
Si está uno en un estado de pecado grave, no puede curarse a nosotros mismos. Dependemos enteramente de la gracia que viene de Jesucristo, que Él elige dar a través de María.
¿Cuál es la implicación práctica de todo esto?
La verdadera devoción a María es nuestro camino hacia el Cielo, porque es nuestro camino hacia Cristo. Necesitamos a Cristo, y nadie le mueve a una compasión extraordinaria como Su Madre.
Desde el Escritorio del Párroco

A que no sabías que…
Aquí conoceremos más sobre temas litúrgicos.

Santos que seguro no conocías
San Adriano de Nicomedia, Mártir - 8 de septiembre
San Adriano de Nicomedia, Mártir - 8 de septiembre
Se conmemora el 4 de marzo, fecha en que era su fiesta, pero actualmente es el 8 de septiembre, fecha en que sus reliquias fueron trasladadas a Roma.
Adriano nació en Bizancio a finales del siglo III, y era hijo del César Probo. A la muerte de este, los rebeldes encargados de su asesinato elevaron al trono a Caro, por lo que Adriano jamás fue considerado para el gobierno Romano.
Se desempeñaba como oficial en la corte imperial de Nicomedia, durante los reinados de Maximiano y Galerio, persiguiendo a los cristianos.
Se hallaba presente cuando veintitrés cristianos fueron azotados y maltratados y, a la vista de su constancia en el sufrimiento, se adelantó lleno de entereza y declaró a los verdugos: «Contadme entre las víctimas; yo también soy cristiano». Al instante se le aprehendió y, antes de que le metieran en prisión, envió aviso a su joven esposa Natalia, que también era cristiana y con la que sólo había estado casado trece meses. Natalia corrió a la prisión y, al encontrar a su marido, se arrodilló para besar las cadenas que le sujetaban los brazos y las piernas, al tiempo que decía: «¡Bendito seas, Adriano! Has encontrado las riquezas que no te fueron heredadas por tus padres terrenales y de las que tienen necesidad los hombres más acaudalados del mundo para el día en que ni el padre ni la madre, ni los hijos, ni los amigos, ni los bienes sirven para nada».
Cuando Adriano supo que se acercaba el momento de su martirio, sobornó a uno de los carceleros para que le dejase salir tan sólo para despedirse de su mujer. Natalia supo que su marido volvía a casa y creyó que había quedado en libertad por haber renegado de su fe y, llena de indignación, corrió a cerrarle la puerta en la cara. Adriano tuvo que explicarle lo que había sucedido y jurarle que los otros prisioneros se habían quedado voluntariamente como rehenes hasta su regreso, para que Natalia abriese la puerta. Pero a partir de aquel momento ya no quiso abandonarlo, regresó con él a la prisión y ahí se quedó.
Los mártires fueron condenados a morir con los miembros destrozados por el mazo. Cuando Adriano era arrastrado al tajo, la propia Natalia le acomodó los brazos y las piernas sobre el trozo de madera para que los huesos fueran triturados a golpes de mazo. A Adriano le cortaron las manos y los pies y murió pronto. Durante su tormento, Natalia permaneció arrodillada en muda oración; recogió una de las manos cortadas y la guardó entre sus ropas; más tarde, cuando el cadáver de su esposo y de otros mártires fueron arrojados a la hoguera, hubo necesidad de sujetarla porque se empeñaba en saltar a las llamas para morir también.
Una tormenta repentina apagó las llamas en la hoguera, antes de que los cuerpos quedasen completamente consumidos y, así, los cristianos pudieron recoger muchas reliquias que fueron llevadas, posteriormente, a Argirópolis, donde se les dio honrosa sepultura.
Algunos meses después, Natalia, acosada por un oficial imperial de Nicomedia que se había enamorado de ella, decidió partir y, sin llevarse nada más que la preciosa reliquia, la mano de Adriano, se embarcó para unirse a los otros cristianos en Argirópolis. Ahí murió poco tiempo después, y sus hermanos la sepultaron junto a los restos de los mártires.
San Adriano fue uno de los santos mártires más populares en la antigüedad, patrono de soldados y carniceros e invocado contra las plagas.
Este relato fue tomado de las “Actas de San Adriano”, que es el relato más antiguo y difundido de su martirio. Muchos relatos cuentan que fue decapitado (incluyendo la página de Wikipedia), pero esto se debe a una confusión con San Adriano de Cesarea, mártir, que fue quien murió de esta forma.
Fuente: https://alingilalyawmi.org/SP/display-saint/e3e07c50-fbe1-4a99-8b93-83a16eaeb412

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