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15to Domingo después de Pentecostés

Misión en Ecuador - La expresión: Kyrie Eléison - San Adriano, Mártir

Misión en Ecuador - La expresión: Kyrie Eléison - San Adriano, Mártir

Este domingo oímos hablar de este maravilloso milagro de nuestro Señor.  Ve un cortejo fúnebre y se compadece de la madre viuda.

Jesucristo se compadece de esta pobre mujer.

Parece probable que Jesús, viendo su propia muerte en el futuro, ve en la pobre mujer de Naín el profundo dolor de su propia madre María.  María, también viuda, estaría allí mientras su único Hijo es arrebatado por una muerte horrible.

El hecho es que podemos ver una imagen de María en este evangelio.  Sabemos que la muerte corporal del hijo de esta mujer representa -para nuestra instrucción- la muerte espiritual por el pecado.

María, nuestra Madre, es el refugio de los pecadores.  Uno de sus títulos en las letanías. Ella es la madre que llora por el pecador, reza por el pecador y mueve al Hijo a la compasión.

Si está uno en un estado de pecado grave, no puede curarse a nosotros mismos.  Dependemos enteramente de la gracia que viene de Jesucristo, que Él elige dar a través de María.

¿Cuál es la implicación práctica de todo esto?

La verdadera devoción a María es nuestro camino hacia el Cielo, porque es nuestro camino hacia Cristo.  Necesitamos a Cristo, y nadie le mueve a una compasión extraordinaria como Su Madre.

Desde el Escritorio del Párroco

A que no sabías que…

Aquí conoceremos más sobre temas litúrgicos.

Las tres lenguas que aparecen en el título que Poncio Pilato mandó poner en la cruz de Nuestro Señor —«Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos»— están presentes en la misa.

La liturgia según el rito tradicional romano se celebra en latín. Sin embargo, desde el inicio de la misa nos encontramos con un hermoso canto en griego: el Kyrie eleison.

Y no es la única lengua antigua que encontramos en la misa. También aparecen algunas palabras en hebreo, como Alleluia, Sabaoth, Hosanna y Amen.

  1. ¿Qué significa Kyrie eleison?

La expresión griega Κύριε ἐλέησον significa «Señor, ten piedad». Para entender por qué la Iglesia la conservó en griego dentro de una liturgia que se celebra principalmente en latín, conviene conocer de dónde viene esta súplica.

  1. Su origen más antiguo

La expresión Κύριε ἐλέησον (Kyrie eleison), dirigida a una divinidad, ya era conocida en el mundo antiguo, incluso antes del cristianismo. También era conocida la costumbre de repetir varias veces una misma súplica.

Pero para los cristianos, el origen más importante del Kyrie se encuentra en la Sagrada Escritura. En la traducción griega del Antiguo Testamento encontramos muchas veces la palabra ἐλέησον (eleison), que significa «ten piedad», dirigida a Dios. En los Evangelios encontramos la misma súplica dirigida directamente a Nuestro Señor Jesucristo.

En los Salmos, por ejemplo, es el grito espontáneo del pecador que pide la misericordia de Dios:

«Ten piedad de mí, Señor —ἐλέησόν με κύριε (eleison me kyrie)—, porque estoy débil; sáname, Señor, porque mis huesos tiemblan.» (Sal 6, 3)

Y en el famoso Salmo Miserere:

«Ten piedad de mí, oh Dios —ἐλέησόν με ὁ θεός (eleison me ho Theos)—, según tu gran misericordia; por tu gran bondad, borra mi pecado.» (Sal 50, 3)

En el Evangelio encontramos la misma súplica en labios de quienes acudían a Jesús buscando su misericordia:

«¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí —ἐλέησόν με (eleison me)!» (Mc 10, 47; el ciego Bartimeo)

Y la mujer cananea le dice:

«¡Ten piedad de mí, Señor —ἐλέησόν με κύριε (eleison me kyrie), Hijo de David!»
(Mt 15, 22)

Por eso, el Kyrie eleison expresa perfectamente la actitud del cristiano al comenzar la misa: reconocer que necesita de Dios y acudir a Él pidiendo su misericordia.

  1. ¿Cómo llegó el Kyrie a la misa?

Esta antigua súplica comenzó a formar parte de la liturgia primero en Oriente, especialmente en Jerusalén, dentro de las llamadas letanías. Las letanías son oraciones en las que se presentan distintas peticiones y el pueblo responde con una misma invocación. En este caso, la respuesta era el Kyrie eleison.

Hacia el siglo V, esta costumbre llegó también a Occidente. En Roma, el Kyrie estaba relacionado con las grandes procesiones litúrgicas que acompañaban la celebración de la misa solemne. El Papa y el pueblo se reunían primero en una iglesia, llamada iglesia de la colecta, y desde allí se dirigían en procesión hacia otra iglesia, llamada iglesia de la estación, donde se celebraba la misa. Durante la procesión se cantaban las letanías, y el pueblo respondía: Kyrie eleison.

Con el tiempo, estas procesiones dejaron de hacerse, pero se conservó su respuesta principal: el Kyrie eleison. Así, la antigua súplica de las letanías pasó a formar parte de la misa.

La Vigilia Pascual conserva todavía una huella de este antiguo origen. En ella no se canta el Introito, y el Kyrie que concluye las letanías es al mismo tiempo el Kyrie de la misa.

  1. ¿Por qué se repite nueve veces?

Desde al menos la época de san Gregorio Magno, en el siglo VI, el Kyrie tiene la estructura que conocemos en el rito tradicional romano: nueve invocaciones.

Kyrie eleison — tres veces: «Señor, ten piedad».

Christe eleison — tres veces: «Cristo, ten piedad».

Kyrie eleison — tres veces: «Señor, ten piedad».

Las nueve invocaciones pueden entenderse como una referencia a la Santísima Trinidad: tres veces al Padre, tres veces al Hijo y tres veces al Espíritu Santo.

También pueden relacionarse las nueve invocaciones con los nueve coros de los ángeles. De este modo, nuestra súplica en la tierra se une a la alabanza que los ángeles ofrecen continuamente a Dios en el cielo.

El Kyrie prepara así el Gloria que viene después: un himno de alabanza en el que la Iglesia se une de manera especial al canto de los ángeles.

  1. ¿Por qué el sacerdote se coloca frente al crucifijo?

En la misa rezada, el sacerdote se dirige al centro del altar para rezar el Kyrie.

Este cambio de lugar tiene un significado muy hermoso. Al colocarse frente al crucifijo, el sacerdote hace más visible el carácter de súplica del Kyrie: se encuentra ante Cristo crucificado y le dirige esta sencilla oración: Κύριε ἐλέησον (Señor, ten piedad).

Las tres lenguas que aparecen en el título que Poncio Pilato mandó poner en la cruz de Nuestro Señor —«Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos»— están presentes en la misa.

La liturgia según el rito tradicional romano se celebra en latín. Sin embargo, desde el inicio de la misa nos encontramos con un hermoso canto en griego: el Kyrie eleison.

Y no es la única lengua antigua que encontramos en la misa. También aparecen algunas palabras en hebreo, como Alleluia, Sabaoth, Hosanna y Amen.

  1. ¿Qué significa Kyrie eleison?

La expresión griega Κύριε ἐλέησον significa «Señor, ten piedad». Para entender por qué la Iglesia la conservó en griego dentro de una liturgia que se celebra principalmente en latín, conviene conocer de dónde viene esta súplica.

  1. Su origen más antiguo

La expresión Κύριε ἐλέησον (Kyrie eleison), dirigida a una divinidad, ya era conocida en el mundo antiguo, incluso antes del cristianismo. También era conocida la costumbre de repetir varias veces una misma súplica.

Pero para los cristianos, el origen más importante del Kyrie se encuentra en la Sagrada Escritura. En la traducción griega del Antiguo Testamento encontramos muchas veces la palabra ἐλέησον (eleison), que significa «ten piedad», dirigida a Dios. En los Evangelios encontramos la misma súplica dirigida directamente a Nuestro Señor Jesucristo.

En los Salmos, por ejemplo, es el grito espontáneo del pecador que pide la misericordia de Dios:

«Ten piedad de mí, Señor —ἐλέησόν με κύριε (eleison me kyrie)—, porque estoy débil; sáname, Señor, porque mis huesos tiemblan.» (Sal 6, 3)

Y en el famoso Salmo Miserere:

«Ten piedad de mí, oh Dios —ἐλέησόν με ὁ θεός (eleison me ho Theos)—, según tu gran misericordia; por tu gran bondad, borra mi pecado.» (Sal 50, 3)

En el Evangelio encontramos la misma súplica en labios de quienes acudían a Jesús buscando su misericordia:

«¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí —ἐλέησόν με (eleison me)!» (Mc 10, 47; el ciego Bartimeo)

Y la mujer cananea le dice:

«¡Ten piedad de mí, Señor —ἐλέησόν με κύριε (eleison me kyrie), Hijo de David!»
(Mt 15, 22)

Por eso, el Kyrie eleison expresa perfectamente la actitud del cristiano al comenzar la misa: reconocer que necesita de Dios y acudir a Él pidiendo su misericordia.

  1. ¿Cómo llegó el Kyrie a la misa?

Esta antigua súplica comenzó a formar parte de la liturgia primero en Oriente, especialmente en Jerusalén, dentro de las llamadas letanías. Las letanías son oraciones en las que se presentan distintas peticiones y el pueblo responde con una misma invocación. En este caso, la respuesta era el Kyrie eleison.

Hacia el siglo V, esta costumbre llegó también a Occidente. En Roma, el Kyrie estaba relacionado con las grandes procesiones litúrgicas que acompañaban la celebración de la misa solemne. El Papa y el pueblo se reunían primero en una iglesia, llamada iglesia de la colecta, y desde allí se dirigían en procesión hacia otra iglesia, llamada iglesia de la estación, donde se celebraba la misa. Durante la procesión se cantaban las letanías, y el pueblo respondía: Kyrie eleison.

Con el tiempo, estas procesiones dejaron de hacerse, pero se conservó su respuesta principal: el Kyrie eleison. Así, la antigua súplica de las letanías pasó a formar parte de la misa.

La Vigilia Pascual conserva todavía una huella de este antiguo origen. En ella no se canta el Introito, y el Kyrie que concluye las letanías es al mismo tiempo el Kyrie de la misa.

  1. ¿Por qué se repite nueve veces?

Desde al menos la época de san Gregorio Magno, en el siglo VI, el Kyrie tiene la estructura que conocemos en el rito tradicional romano: nueve invocaciones.

Kyrie eleison — tres veces: «Señor, ten piedad».

Christe eleison — tres veces: «Cristo, ten piedad».

Kyrie eleison — tres veces: «Señor, ten piedad».

Las nueve invocaciones pueden entenderse como una referencia a la Santísima Trinidad: tres veces al Padre, tres veces al Hijo y tres veces al Espíritu Santo.

También pueden relacionarse las nueve invocaciones con los nueve coros de los ángeles. De este modo, nuestra súplica en la tierra se une a la alabanza que los ángeles ofrecen continuamente a Dios en el cielo.

El Kyrie prepara así el Gloria que viene después: un himno de alabanza en el que la Iglesia se une de manera especial al canto de los ángeles.

  1. ¿Por qué el sacerdote se coloca frente al crucifijo?

En la misa rezada, el sacerdote se dirige al centro del altar para rezar el Kyrie.

Este cambio de lugar tiene un significado muy hermoso. Al colocarse frente al crucifijo, el sacerdote hace más visible el carácter de súplica del Kyrie: se encuentra ante Cristo crucificado y le dirige esta sencilla oración: Κύριε ἐλέησον (Señor, ten piedad).

Santos que seguro no conocías

San Adriano de Nicomedia, Mártir - 8 de septiembre

San Adriano de Nicomedia, Mártir - 8 de septiembre

Se conmemora el 4 de marzo, fecha en que era su fiesta, pero actualmente es el 8 de septiembre, fecha en que sus reliquias fueron trasladadas a Roma.

Adriano nació en Bizancio a finales del siglo III, y era hijo del César Probo. A la muerte de este, los rebeldes encargados de su asesinato elevaron al trono a Caro, por lo que Adriano jamás fue considerado para el gobierno Romano.

Se desempeñaba como oficial en la corte imperial de Nicomedia, durante los reinados de Maximiano y Galerio, persiguiendo a los cristianos.

Se hallaba presente cuando veintitrés cristianos fueron azotados y maltratados y, a la vista de su constancia en el sufrimiento, se adelantó lleno de entereza y declaró a los verdugos: «Contadme entre las víctimas; yo también soy cristiano». Al instante se le aprehendió y, antes de que le metieran en prisión, envió aviso a su joven esposa Natalia, que también era cristiana y con la que sólo había estado casado trece meses. Natalia corrió a la prisión y, al encontrar a su marido, se arrodilló para besar las cadenas que le sujetaban los brazos y las piernas, al tiempo que decía: «¡Bendito seas, Adriano! Has encontrado las riquezas que no te fueron heredadas por tus padres terrenales y de las que tienen necesidad los hombres más acaudalados del mundo para el día en que ni el padre ni la madre, ni los hijos, ni los amigos, ni los bienes sirven para nada».

Cuando Adriano supo que se acercaba el momento de su martirio, sobornó a uno de los carceleros para que le dejase salir tan sólo para despedirse de su mujer. Natalia supo que su marido volvía a casa y creyó que había quedado en libertad por haber renegado de su fe y, llena de indignación, corrió a cerrarle la puerta en la cara. Adriano tuvo que explicarle lo que había sucedido y jurarle que los otros prisioneros se habían quedado voluntariamente como rehenes hasta su regreso, para que Natalia abriese la puerta. Pero a partir de aquel momento ya no quiso abandonarlo, regresó con él a la prisión y ahí se quedó.

Los mártires fueron condenados a morir con los miembros destrozados por el mazo. Cuando Adriano era arrastrado al tajo, la propia Natalia le acomodó los brazos y las piernas sobre el trozo de madera para que los huesos fueran triturados a golpes de mazo. A Adriano le cortaron las manos y los pies y murió pronto. Durante su tormento, Natalia permaneció arrodillada en muda oración; recogió una de las manos cortadas y la guardó entre sus ropas; más tarde, cuando el cadáver de su esposo y de otros mártires fueron arrojados a la hoguera, hubo necesidad de sujetarla porque se empeñaba en saltar a las llamas para morir también.

Una tormenta repentina apagó las llamas en la hoguera, antes de que los cuerpos quedasen completamente consumidos y, así, los cristianos pudieron recoger muchas reliquias que fueron llevadas, posteriormente, a Argirópolis, donde se les dio honrosa sepultura.

Algunos meses después, Natalia, acosada por un oficial imperial de Nicomedia que se había enamorado de ella, decidió partir y, sin llevarse nada más que la preciosa reliquia, la mano de Adriano, se embarcó para unirse a los otros cristianos en Argirópolis. Ahí murió poco tiempo después, y sus hermanos la sepultaron junto a los restos de los mártires.

San Adriano fue uno de los santos mártires más populares en la antigüedad, patrono de soldados y carniceros e invocado contra las plagas.

Este relato fue tomado de las “Actas de San Adriano”, que es el relato más antiguo y difundido de su martirio. Muchos relatos cuentan que fue decapitado (incluyendo la página de Wikipedia), pero esto se debe a una confusión con San Adriano de Cesarea, mártir, que fue quien murió de esta forma.

Fuente: https://alingilalyawmi.org/SP/display-saint/e3e07c50-fbe1-4a99-8b93-83a16eaeb412

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