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Domingo de Pasión

«Padre, si es posible, pase de mí este cáliz; mas no se haga mi voluntad, sino la tuya.»

Los últimos días que nos separan del arresto de Jesús nos lo muestran objeto constante del odio de sus enemigos; pero ¡qué divina grandeza en ese ir Él mismo a su Pasión, como dueño de los acontecimientos! Tiene a raya a sus adversarios, seguro de «su hora», en que realizará la Redención por su obediencia al Padre y la efusión de su Sangre.

Solo en Cristo piensa la Iglesia. Continúa ofreciendo a Dios la penitencia cuaresmal de sus fieles; mas su atención se concentra en la Pasión del Señor, de quien nos viene la salud. Lo reflejan particularmente los cánticos de las misas de ambas semanas. Los textos están casi siempre en primera persona de singular: Cristo solo habla. Él asume la plegaria y los lamentos de todos. Es el justo perseguido, aterrado por la muerte próxima, amenazado por los pecadores, quien pide gracia y justicia.

Desde el Escritorio del Párroco

Este domingo comenzamos el tiempo de la Pasión. Entramos en el recto final de la cuaresma, cuando ponemos más en nuestra mirada lo que sufrió Cristo para redimirnos. Todos los santos han reconocido que la meditación de la Pasión de Cristo debe ser uno de nuestros ejercicios espirituales principales durante toda la vida. Un modo excelente para lograr esto es el rezo del vía crucis, pero no es la única manera. Debemos estar especialmente concentrados en la Pasión de nuestro Señor cada vez que asistimos a la Santa Misa, recordando que es sustancialmente el mismo sacrificio que el de la Cruz en forma incruenta, y fue instituida para extender todos los frutos de la Pasión hasta el fin del mundo y para que tuviéramos siempre delante de nuestros ojos el recuerdo vivo de este acto supremo de amor.

Consideremos las enseñanzas de algunos santos sobre la importancia de meditar la Pasión de Cristo.

Dice San Agustín: "Nada hay tan saludable como pensar cada día en la Pasión de nuestro Señor." San Juan Crisóstomo está de acuerdo, diciendo que "la cruz es fuente de todos los bienes." Añade: "Considera lo que Él sufrió por ti, y no rehusarás sufrir por Él." La veracidad de este consejo se ha verificado en la vida de muchos santos.

Santo Tomás de Aquino nos enseña con gran claridad sobre el valor de la Pasión, diciendo que en la Pasión tenemos ejemplo de todas las virtudes, en tal grado que dice que "la Pasión de Cristo es suficiente para dar forma a toda nuestra vida." Luego continúa dando ejemplos. La Pasión enseña paciencia, porque vemos todo lo que aguantó y aceptó nuestro Señor. La Pasión enseña humildad, porque el Señor se anonadó completamente a pesar de su dignidad divina. La Pasión enseña obediencia, y obediencia hasta la muerte de cruz, porque el Señor solo se preocupó por hacer la voluntad de su Padre. La Pasión también demuestra caridad en un grado superlativo, porque se entrega por sus enemigos y perdona a sus asesinos precisamente cuando su crueldad llega a su punto culmen.

San Alfonso de Ligorio, que escribió un libro sobre la Pasión, dice que toda nuestra santidad consiste en amar a Jesucristo y que ese amor "se enciende principalmente al considerar la Pasión de Jesucristo." Por ende, no hay nada más práctico para santificar el alma que la meditación de la Pasión de Cristo, porque "un alma que medita la Pasión difícilmente vive en pecado."

San Buenaventura, que famosamente contestó señalando al crucifijo cuando fue preguntado dónde aprendió tanto sobre Jesús, dijo: "Allí es donde aprendí todo lo que he logrado saber." Con razón también aconsejó que quien quiera avanzar en virtud debe meditar la Pasión continuamente, porque allí encontramos todo lo que necesitamos.

También San Bernardo de Claraval dijo: "Lo que más profundamente hiere mi corazón es la memoria de la Pasión de nuestro Señor." Tener el corazón herido significa que uno se da cuenta de sus pecados y su ingratitud cuando considera lo que le costaron a nuestro Señor, lo cual queda esclarecido en su Pasión.

Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz también eran amantes de la Pasión. Santa Teresa insistió en que considerar a Cristo en la cruz es una gran ayuda para no apartarse del camino. Esto concuerda con lo que recomiendan muchos autores espirituales, enseñando que cuando sentimos la tentación debemos enfocarnos en Cristo crucificado para poder resistir. Por lo mismo, el ritual de la Iglesia recomienda que, cuando alguien está en su última agonía, agarre un crucifijo, lo bese y siga repitiendo el dulce nombre de Jesús, recordando lo que su Señor hizo para que no se perdiera. San Juan de la Cruz concuerda diciendo: "El alma que quiere unirse con Dios debe entrar por la puerta de la cruz."

San Francisco de Sales dice que el Calvario es la gran escuela del amor y "la montaña de los amantes." Entonces, cualquier supuesto amor que no está arraigado en la Pasión es deficiente, y si queremos robustecer nuestro amor, tenemos que volver a considerar a Cristo crucificado.

San Pablo de la Cruz, fundador de los pasionistas y autor de una espiritualidad muy centrada en la Pasión, dice: "La Pasión es el remedio de todos los males… porque es la obra más grande y estupenda del amor divino." Por eso, "quien se ejercita en la memoria de la Pasión no caerá fácilmente en el pecado."

Santa Gema Galgani exclamó: "No quiero otra ciencia que la de Jesús crucificado." Con eso dio eco a lo que dijo San Pablo muchos años atrás, cuando insistió que no quiso conocer nada aparte de Cristo y Él crucificado.

Podemos seguir multiplicando muchos ejemplos más, porque la realidad es que nunca ha habido ningún santo que no se haya enamorado de la Pasión de Cristo, porque es allí donde vemos cuán enamorado está Cristo de nuestras almas. Entonces, cada año la Iglesia dedica estas dos últimas semanas de Cuaresma a considerar más profundamente el misterio de la Cruz, culminando con el Viernes Santo, cuando la liturgia nos invita a postrarnos frente al crucifijo para besarlo entre lágrimas derramadas por nuestras infidelidades, al contemplar un amor tan absoluto de parte de nuestro Salvador, que dio todo sin reserva para rescatar nuestras pobres e indignas almas.

A que no sabías que…

El Suscipe Sancta Trinitas

En el boletín anterior comentábamos que esta oración tiene varios propósitos.

Tercero, la oración expresa el efecto propio de cada Misa: aumentar el honor de los Santos y la salvación de la Iglesia militante, y concluye con una oración especial pidiendo su intercesión. Puede parecer sorprendente a los oídos modernos cuánto tanto la Biblia como la liturgia tradicional se preocupan por el honor, pero la comunidad creyente que adora encuentra una alegría particular en dar honor y gloria a Dios y a sus amigos.

Finalmente, el sacerdote comenzó el Lavabo afirmando que caminará entre los inocentes. Aquí, rodeado por la nube santa de testigos que ha invocado, puede decirse que está cumpliendo esa afirmación.

Recomendaciones de lectura mensual

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Formación Espiritual

El sentido de la vida monástica - Louis Bouyer

Louis Bouyer fue uno de los teólogos más agudos y desconocidos del siglo XX. Una de sus obras más relevantes es la Introducción a la vida monástica, en la que se expone la espiritualidad cristiana con una fuerza y una claridad que se conjuga perfectamente con la síntesis que sólo un hombre sabio como el autor es capaz de realizar. 

El libro echa luz a la espiritualidad del cristianismo que muchas veces fue opacada por los autores posteriores a la Contrareforma y por aquellos que son buenos representantes de los aspectos más decadentes de la devotio moderna. 

Como el mismo autor afirma, se trata de un libro dirigido primariamente a los monjes, pero “pero hay que decir que se dirige, al mismo tiempo, a todo cristiano. Si es verdad que el llamado: “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” apunta, de una u otra manera, a cualquiera que quiere ser hijo de Dios, se puede invertir lo que acabamos de decir. En toda vocación cristiana hay un germen de vocación monástica. Se puede desarrollar más o menos; su desarrollo mismo puede tomar muchas formas diferentes. Pero este germen no podría ser ahogado sin que sucumba con él el germen propio de la vida en Jesucristo. No se puede, en efecto, ser hijo de Dios sin escuchar en lo más profundo de su corazón la voz que nos grita: “Venid al Padre”, sin estar preparados a responder con un sacrificio total”.

Formación Intelectual

Cinco defensores de la fe y la razón - Richard Bastien 

Ensayo que reúne el pensamiento de cinco autores de habla inglesa de gran influencia en la actualidad. A los cinco les une un denominador común: su oposición al dogma modernista que rechaza todo vínculo entre fe y razón, y su compromiso de ofrecer una explicación.

Literatura

Una familia de bandidos en 1793 - Marie de Sainte-Hermine

Resulta difícil no emocionarse varias veces al sumergirse en esta narración -a medio camino entre la novela de aventuras y el relato autobiográfico-, atribuida en un principio a Jean Chaurrau, el jesuita que la llevó a la imprenta. Sin embargo, en las últimas ediciones francesas es más común, y más justo, encontrar el nombre de María de Sainte-Hèrmine como autora. Ella misma explica en las primeras páginas el lente que le movió a escribirla: dar a conocer a sus descendientes los beneficios con los que Dios ha colmado a su familia "beneficios amargos, sin duda, pero preciosos a la vez". Es uno de sus nietos quien entrega el manuscrito a Chaurrau con la autorización para publicarlo. El conmovedor testimonio de Sainte-Hèrmine nos muestra el Terror de la revolución más allá de la conocida barbarie parisina, porque los cantores de La Marsellesa también perpetraron el primer genocidio moderno, masacrando a toda una región que se resistía a convertirse en esclava de las nuevas ideas. El episodio se llama la Guerra de Vandea (la Vendée) tomando el nombre de la región insurrecta, y "bandidos" llamaron a aquellos nobles y campesinos que se bordaron en las camisas el Sagrado Corazón con una divisa antigua, Dios y el Rey, es decir, lo más proscrito de la Francia revolucionaria. Este libro es la terrible historia de una familia de aquellos memorables bandidos.

Fraternidad Sacerdotal San Pedro Guadalajara

Fieles a la Tradición de la Iglesia. "Ad Maiorem Dei Gloriam"

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