• Por Semana Santa y Pascua se suspenden las actividades parroquiales. Reiniciamos el sábado 18 de abril.

Por Semana Santa y Pascua se suspenden las actividades parroquiales. Reiniciamos el sábado 18 de abril.

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Domingo de Pascua

La Pascua es la fiesta de las fiestas, la alegría sin igual de los cristianos. La gran oración de acción de gracias, el prefacio, nos dirá el motivo incomparable de esta alegría: Si es justo alabar a Dios en todo tiempo, mucho más lo es en este día, en que Cristo, nuestra Pascua, inmolado para expiar los pecados del mundo, nos ha dado la vida con su muerte y su resurrección. Pascua es el pecado destruido, la muerte vencida,  la vida divina recobrada, nuestro mismo cuerpo promovido a la inmortalidad. Ante semejante certidumbre debe desaparecer toda tristeza.

Haec dies quam fecit Dominus. «He aquí el día que ha hecho el Señor.» Durante toda la octava cantaremos la alegría de este día sin precedente, que nos abre las puertas de la eternidad. Todos los domingos no harán sino evocarlo continuamente. Y así, domingo tras domingo y año tras año, nos conducirán las pascuas de esta tierra hacia el día bienaventurado en que nos ha prometido Cristo volver lleno de gloria para introducirnos consigo en el reino de su Padre

Desde el Escritorio del Párroco

¡Felices pascua de resurrección a todos!

Habiendo conmemorado las amarguras de Nuestro Señor en Semana Santa, ahora nos toca participar en la alegría de su resurrección. Ojala que nuestras prácticas cuaresmales hayan dejado su huellas en nuestras almas, habiéndonos ayudado a vivir más entregados al Señor. Cuando así vivimos también significa que podamos experimentar mejor todo el triunfo y la alegría de su victoria sobre la muerte y el pecado. Debemos de seguir viviendo la liturgia de la iglesia durante los 50 días del tiempo de pascua.

Explica Dom Gueranger.

CRISTO VENCEDOR. — Navidad nos había dado un Hombre-Dios; hace tres días recogimos su sangre de un precio infinito para nuestro rescate. Mas en el día de la Pascua, no es ya una víctima inmolada y vencida por la muerte, la que contemplamos; es un vencedor que aniquila a la muerte, hija del pecado, y proclama la vida, la vida inmortal que nos ha conquistado.

No es ya la humildad de los pañales, ni los dolores de la agonía y de la cruz; es la gloria, primero para él, después para nosotros. En el día de Pascua, Dios recupera, en el Hombre-Dios resucitado, su obra primera: el tránsito por la muerte no ha dejado en él huella ninguna, como tampoco la dejó el pecado, cuya semejanza se había dignado asumir el Cordero divino; y no es solamente él quien vuelve a la vida inmortal; es todo el género humano.

"Así como por un hombre vino la muerte al mundo, nos dice el Apóstol, por un hombre debe venir también la resurrección de los muertos. Y así como en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados"

La importancia de este gran día repercute a todos los domingos del año que ahora guardamos como pequeñas pascuas porque la nueva alianza se ha concretado con esta victoria de Nuestro Señor.

Sigue Gueranger:

Mas no basta festejar el día solemne que contempló a Cristo-Luz huyendo de las sombras del sepulcro; a otro aniversario debemos tributar el culto de nuestra gratitud. El Verbo encarnado resucitó el primer día de la semana, el día en que el Verbo increado del Padre había comenzado la obra de la creación, al sacar la luz del seno del caos y separarla de las tinieblas, inaugurando así el primero de los días.

Por tanto, en la Pascua nuestro divino resucitado santifica por segunda vez el domingo y desde entonces el sábado deja de ser el día sagrado. Nuestra resurrección en Jesucristo, realizada en domingo, colma la gloria de este primero de los días; el precepto divino del sábado es abolido con toda la ley mosaica; y los Apóstoles mandarán en lo sucesivo a todo fiel celebrar como día sagrado el primer día de la semana, en el que la gloria de la primera creación se une a la de la divina regeneración.

Ahora es nuestra obligación procurar vivir la espiritualidad pascual porque el Señor nos ha prometido que los que siguen fieles a Él en sus sufrimientos participarán también en su gloria.

Escuchemos otra vez Gueranger sobre cómo debemos de vivir este tiempo porque para el cristiano si tenemos una obligación de hacer penitencia, también hay un deber de saber festejar gozosamente y santamente:

El período de cincuenta días que separa la fiesta de Pascua de la de Pentecostés ha sido constantemente objeto de respeto particular en la Iglesia. La primera semana, consagrada principalmente a los misterios de la Resurrección, debía ser celebrada con esplendor especial; pero el resto de los cincuenta días no dejó de tener también sus honores. Además de la alegría que distingue a toda esta parte del año, y cuya expresión es el Aleluya, la tradición cristiana asigna dos usos al tiempo pascual que le diferencian del resto del año. El primero es la abolición del ayuno durante los cuarenta días: es la extensión del precepto antiguo que prohíbe el ayuno el domingo; todo este gozoso período debía ser considerado como un solo y único domingo.

Las Reglas religiosas, aun las más austeras, de Oriente y de Occidente aceptaron esta práctica. La otra práctica especial, que se ha conservado literalmente en la Iglesia de Oriente, consiste en no doblar las rodillas en los oficios de Pascua a Pentecostés. Nuestros usos occidentales han modificado esta costumbre, que se observó entre nosotros durante muchos siglos. La Iglesia latina admitió después de mucho tiempo la genuflexión en la misa durante el tiempo pascual; y los únicos vestigios que ella ha conservado de la antigua disciplina en esto, se han hecho casi imperceptibles a los fieles que no están familiarizados con las rúbricas del servicio divino.

Así, pues, el tiempo pascual es todo él como una fiesta continuada; ya lo proclamaba Tertuliano en el siglo ni, cuando, al reprochar a ciertos cristianos sensuales el sentimiento que experimentaban de haber renunciado por su bautismo a tantas fiestas como ilustraban el año pagano, les decía: "Si amáis las fiestas, también las encontráis entre nosotros: no fiestas de un solo día, sino de muchos.

Entre los paganos la fiesta se celebra una sola vez al año; para vosotros ahora cada ocho días es fiesta. Reunid todas las solemnidades de los gentiles, no llegaréis a la cincuentena de nuestro Pentecostés" '.

San Ambrosio, escribiendo a los fieles sobre este mismo tema hace la siguiente observación:

"Si los judíos, no contentos con su sábado semanal, celebran otro sábado que se prolonga durante todo un año, ¡cuánto más debemos nosotros hacer para honrar la Resurrección del Señor! Por esto nos han enseñado a celebrar los cincuenta días de Pentecostés como parte integral de la Pascua.

Son siete semanas completas, y la fiesta de Pentecostés da comienzo a la semana octava.

Durante estos cincuenta días la Iglesia suspende el ayuno, como en el domingo, en que el Señor resucitó; y todos estos días son como un solo y mismo domingo" '.

A que no sabías que…

El Orate fratres y el Suscipiat

El movimiento circular —o más bien, semicircular— del sacerdote es distintivo. Por lo general, cuando el sacerdote se vuelve hacia el pueblo para hacer una proclamación como Dominus vobiscum, regresa por donde vino, como si estuviera impulsado por un resorte que lo extiende y lo devuelve a su lugar. Pero en el Orate fratres, el sacerdote cruza el meridiano y no regresa. La única otra ocasión en que esto sucede es después de la despedida (Ite, missa est) y antes del Último Evangelio. Si se considera que todo lo que ocurre después de la despedida es un epílogo de la Misa y no parte de la Misa propiamente dicha, entonces el movimiento semicircular del Orate fratres es único dentro de la Misa.

En cuanto a la formulación, llamamos la atención sobre tres aspectos de estas oraciones:

En primer lugar, meum ac vestrum. Si el Espíritu Santo hubiera sido perezoso o hubiera tenido prisa, podría haber dicho nostrum sacrificium o “nuestro sacrificio” en lugar de “vuestro sacrificio y el mío”. Los traductores originales de ICEL en la década de 1970 optaron por esta vía (a pesar del sentido evidente del latín), pero su decisión fue rechazada en la nueva traducción oficial al inglés en 2011. ¿Cuál es la diferencia y por qué importa?

La formulación original subraya el sacerdocio común pero diferenciado de todos los fieles, el cual —según se afirma— la traducción de ICEL de los años setenta difumina y oculta. Como ministro válidamente ordenado, el sacerdote tiene la facultad de ofrecer el Sacrificio de la Misa, de convertir el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. En ese sentido, el sacrificio es suyo y solo suyo, uno por el cual él mismo ha hecho grandes sacrificios (con votos de celibato, obediencia, etc.).

Pero los católicos también constituyen un “sacerdocio real” en virtud de su bautismo (cf. Éxodo 19,6; 1 Pedro 2,9). Ellos también, al participar en la Misa, ofrecen el Sacrificio a su modo. Otros ritos occidentales (por ejemplo, el mozárabe) y diversos usos del Rito Romano (como el de Colonia) hacen explícito este aspecto al añadir pariterque al Orate fratres, como en ut meum sacrificium pariterque vestrum. Pariterque significa “y también igualmente”, pero puede traducirse como: “Que mi sacrificio, y en igual medida también el vuestro, sea…”. Fiel a su característica sobriedad de palabras, el Rito Romano carece de esta formulación añadida, pero el sentido permanece. Aunque no son esenciales para la consagración de la Eucaristía, los fieles laicos ayudan igualmente a ofrecer el sacrificio.

Recomendaciones de lectura mensual

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Formación Espiritual

Mirar a Cristo  - Joseph Ratzinger/ Benedicto XVI

El presente texto, en el que se recogen las lecciones impartidas por Joseph Ratzinger sobre las tres virtudes teologales en unos ejercicios espirituales constituye, en palabras del actual papa emérito Benedicto XVI, «una unión entre filosofía, teología y espiritualidad que puede ser fecunda y ofrecer nuevos puntos de vista».

Para la elaboración de sus contenidos, el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe se apoyó en el trabajo de reflexión sobre la Fe, la Esperanza y la Caridad llevado a cabo por Joseph Pieper, ampliando con los planos teológico y espiritual la exposición filosófica realizada por el pensador alemán.

Formación Intelectual

La fe y la razón: sermones universitarios - San John Henry Newman

«¿Por qué motivo, en el juicio cotidiano de los hombres, la fe es contraria a la razón, o irracional?» Esta pregunta, formulada por el propio Newman en el prólogo de una de las primeras ediciones de estos Sermones Universitarios, indica cuál es el objetivo central de los textos recogidos en esta obra: exponer a sus lectores la relación profunda entre la fe y la razón en una sociedad en la que tal relación estaba ya abiertamente en entredicho.


Escritos entre 1826 y 1843, coincidiendo con los años en los que Newman ejerció como presbítero anglicano, estos Sermones permiten observar con claridad la evolución del pensamiento de su autor en este importante periodo de su vida. Posteriormente, en 1872, mucho tiempo después de su conversión al catolicismo, Newman hizo una revisión de los textos cotejándolos con la doctrina católica, y comprobó con alegría que no tenía que retractarse de nada de lo que en ellos había escrito: «Pienso que son en su conjunto lo mejor que he escrito, y no puedo creer que no sean católicos, ni que dejarán de ser útiles».


El último sermón, escrito dos años antes de su ingreso en la Iglesia católica, perfila ya su teoría sobre el desarrollo doctrinal, con la que resolvería sus dudas respecto a las «corrupciones» del catolicismo romano, haciendo posible su acercamiento definitivo a él.

Literatura

Retorno a Brideshead - Evelyn Waugh

El retorno de Charles Ryder a Brideshead —la elegante mansión de lord Marchmain, convertida ahora en cuartel— devuelve a su memoria aquellos tiempos, anteriores a la guerra, en que paseaba embelesado por sus hermosos jardines y salones y se dejaba sucumbir al hechizo de sus singulares habitantes. En realidad, nunca pudo Charles librarse de su ambigua amistad con el inquieto Sebastian, ni de su obsesivo amor por la hermana de éste, lady Julia, ni de la oscura y contradictoria fatalidad que dejó marcada para siempre la atribulada vida de los Marchmain con su huella de drama y desvarío.

Retorno a Brideshead, una de las novelas más importantes de la aclamada obra del célebre escritor inglés.

Fraternidad Sacerdotal San Pedro Guadalajara

Fieles a la Tradición de la Iglesia. "Ad Maiorem Dei Gloriam"

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