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I Domingo de Cuaresma

En este domingo, la estación tiene lugar en San Juan de Letrán, basílica dedicada al Salvador.

La escena de la tentación, que abre la vida pública de Jesús, proclama, de manera sorprendente, la transformación profunda que con su Redención se va a introducir en el mundo. Allí donde sucumbió Adán, Cristo, nueva cabeza de la humanidad, triunfa sobre el  poder de los demonios. En el momento de la Pasión se arrojará fuera  al «príncipe de este mundo». Anticipadamente, pues, nos anuncia el Evangelio de la tentación la victoria de Cristo.

Con la colocación de este Evangelio al principio de Cuaresma proclama la Iglesia que esta victoria debe ser también la nuestra. En nosotros y en nuestro derredor se prolongan la tentación, el combate y la victoria de Cristo; nuestro esfuerzo es el suyo, nuestras fuerzas las suyas, nuestro triunfo, en Pascua, será asimismo el suyo. Emprendamos, pues, confiadamente el combate, cuyo programa nos traza san Pablo en la epístola de la misa.

Desde el Escritorio del Párroco

La semana pasada mostramos que el argumento de estado de necesidad no se aplica en el contexto en que ciertos grupos tradicionales lo están invocando y tampoco es tan amplio como imaginan. Recuerden que queremos analizar desde un punto de vista desapasionado y racional. ¿Qué nos dice la teología y el derecho de la Iglesia sobre estos asuntos? Además, para entender qué tanto peso tiene el argumento de estado de necesidad, es interesante ver si aplican los mismos principios con equidad en otras circunstancias.

En 2015, uno de los cuatro obispos consagrados por Monseñor Lefebvre, Monseñor Richard Williamson, consagró un nuevo obispo. Para justificarse, también apeló al estado de necesidad. Dijo en la ceremonia, en el lugar donde normalmente se debe leer el mandato papal:

“¿De dónde, entonces, podrían obtener estos fieles católicos a los obispos esenciales para la supervivencia de su verdadera fe? En un mundo que libra cada día más guerra contra Dios y Su Iglesia, el peligro para la Fe parece tal que su supervivencia no pueda depender ya de un solo obispo plenamente antimodernista. La propia Iglesia le pide [a Mons. Williamson] que designe a un asociado, que será el P. Jean-Michel Faure.

Mediante esta transmisión del poder episcopal de orden, no se asume ningún poder de jurisdicción, y tan pronto como Dios intervenga para salvar a Su Iglesia, que ya no tiene esperanza humana de rescate, los efectos de esta consagración y de su Mandato de emergencia serán devueltos sin demora a las manos de un Papa nuevamente plenamente católico.”

Pero las autoridades dentro de la Fraternidad San Pío X no estaban de acuerdo y respondieron diciendo:

La Fraternidad San Pío X lamenta sinceramente que este espíritu de oposición haya llevado a una consagración episcopal. En 1988, el arzobispo Lefebvre había indicado claramente su intención de consagrar obispos auxiliares que no tendrían jurisdicción, debido al estado de necesidad en el que se encontraban la Fraternidad San Pío X y los fieles católicos en ese momento. Su único objetivo era poner a disposición de los fieles los sacramentos que ofrecerían los sacerdotes ordenados por los obispos.
Después de haber hecho todo lo posible para obtener el permiso de la Santa Sede, el arzobispo Lefebvre procedió a las consagraciones solemnes el 30 de junio de 1988...
La Fraternidad San Pío X denuncia esta consagración episcopal del P. Faure, que, a pesar de las afirmaciones de ambos clérigos, no es en absoluto comparable a las consagraciones de 1988...
La Fraternidad mantiene que el actual estado de necesidad legitima su acción en todo el mundo, sin negar la autoridad legítima de aquellos por quienes sigue rezando en cada misa.

Hay varios puntos en esta declaración y sobre esta situación que merecen un comentario.

Primero dicen que Monseñor Lefebvre tuvo la intención de consagrar obispos auxiliares. ¿Auxiliares de quién? ¿De él, que en ese momento no tenía ninguna misión canónica en la Iglesia? Los obispos auxiliares siempre son consagrados con una sede titular, para conservar el vínculo entre el obispo y su jurisdicción, como señalé la semana pasada. Además, los auxiliares sí tienen una misión de parte de la Iglesia, compartiendo la del ordinario. Pero Monseñor no tenía ninguna misión que compartir. Y como mostraré más adelante, nadie aparte del Papa o quien él haya designado expresamente puede asignar esa misión.

El estudio sobre las consagraciones episcopales, escrito por la Fraternidad Sacerdotal San Pedro, muestra claramente que un obispo con poder de orden pero no de jurisdicción es un concepto monstruoso y representa un abuso grave. La naturaleza del episcopado es el poder de gobierno. Como explica el Papa Pío IX:

“La sucesión apostólica... requiere la misión del Papa. Esta misión es hoy significada por el mandato apostólico, y es esto lo que hace que el nuevo obispo entre en la comunión católica.”

Regresaremos a este punto.

Tanto Monseñor Williamson como Monseñor Lefebvre alegaron el mismo argumento: que no están usurpando el poder de la Iglesia, porque no pretenden conferir jurisdicción.

Luego, la respuesta de parte de la Fraternidad San Pío X dice que hicieron todo lo posible para obtener el permiso de la Santa Sede. Pero esto no es completamente honesto. La Santa Sede de hecho sí les permitió consagrar un obispo, pero no al que ellos querían ni en la fecha que deseaban.

De igual manera, Monseñor Williamson alegaba que era ya imposible conseguir permiso de Roma para consagrar otro obispo, entonces asume un “poder de emergencia”, como vemos explicado arriba.

Sin embargo, su juicio sobre el estado de emergencia fue denunciado por la misma Fraternidad que tomó la misma decisión en 1988. Insiste que no es en absoluto comparable, pero sin explicar en qué consiste la diferencia real. Con este tipo de razonamiento, lo que se deduce lógicamente es que la opinión de la FSSPX —al menos implícitamente— es que su juicio es supremo, incluso frente a otros tradicionalistas. Pero ningún líder, por muy carismático que sea, tiene esa garantía de indefectibilidad, excepto quien recibió esa promesa de parte de Nuestro Señor.

Este episodio revela la inconsistencia del argumento de “estado de necesidad”. ¿Por qué Monseñor Lefebvre podía invocarlo, pero otros no?

Finalmente, la declaración dice que mantienen su estado de necesidad —que aparentemente nadie más puede reclamar— pero dicen que no niegan la autoridad legítima. ¿Qué significa “reconocer” esa autoridad si no se están sujetos en nada y no reciben ninguna misión? ¿Funcionaría eso en una familia? ¿Un hijo puede decir que reconoce la autoridad de sus padres, pero se reserva obedecer sólo en lo que le parezca?

La próxima semana veremos más a fondo la naturaleza del episcopado y por qué es parte esencial de la constitución divina de la Iglesia.

A que no sabías que…

El Veni Sanctificator

Si en efecto el sacerdote está orando al Espíritu Santo en la oración Veni Sanctificator, surge un esquema familiar: el del Espíritu Santo que cubre con su sombra algo o a alguien para bendecirlo o darle vida. Ejemplos de ello incluyen al Espíritu que se movía sobre la faz de las aguas cuando Dios creó el cielo y la tierra, y el Espíritu que infundió un alma en Adán cuando Dios creó al primer hombre. Pero el precedente bíblico más relevante es la Santísima Virgen María que concibe por obra del Espíritu Santo cuando Él la cubre con su sombra (Lc 1, 35-38). Así como el Verbo se hizo carne en el seno oculto de la Madre de Dios, el sacerdote pide que el Verbo se haga carne oculto bajo las apariencias del pan y del vino. 

Como escribe Gihr, existe una analogía que la Consagración guarda con la Encarnación. La gran semejanza y la múltiple relación entre la realización de la Eucaristía en el altar y el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Inmaculada Virgen María son frecuentemente comentadas por los Padres y se expresan también en la liturgia. La Encarnación es, en cierto modo, renovada y ampliada en la Consagración eucarística, y ello en todo tiempo y en innumerables lugares.

Puesto que lo más probable es que sea el Espíritu Santo quien está siendo invocado, el Veni Sanctificator es presentado a veces como la epíclesis occidental. Pero no es necesario entrar en esta controversia para apreciar cómo la oración refuerza la dimensión trinitaria del Santo Sacrificio de la Misa, que se ofrece al Padre, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

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Rafael Merry del Val (Londres 1865 - Roma 1930) ha sido un testigo excepcional de uno de los períodos más complejos de la historia de la Iglesia: la primera mitad del siglo XX. Hijo de diplomático, con una amplia formación intelectual y eclesiástica, el papa Pío X lo nombró Secretario de Estado el mismo año en que fue elegido papa. En ese puesto vivió los cambios de relaciones políticas del Vaticano con Francia, España, Portugal e Italia, el estallido de la I Guerra mundial y la condena del modernismo. A la muerte de Pío X pasó a ocupar la secretaría de la Congregación del Santo Oficio. A los 75 años de su desaparición, esta obra quiere rendir homenaje a uno de los mentores del Colegio Español en Roma, cuyo proceso de beatificación está en marcha.

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Ensayos literarios selectos. - C.S Lewis 

Este volumen incluye más de veinte de los ensayos literarios más importantes de C. S. Lewis, escritos entre 1932 y 1962.

El autor trata de poesía, teatro o novela, mientras recorre la obra de autores como Austen, Shakespeare, Walter Scott, Eliot, Chaucer o Kipling, Donne, Shelley o William Morris. Y lo hace con el ingenio, la franqueza y la erudición que caracteriza su mejor escritura crítica.

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