Volver a todos los Boletines

La misa de este domingo nos muestra a Jesús en lucha con Satanás, a quien derrota y expulsa del cuerpo de un poseso (Evangelio).
Ya en el comienzo de su ministerio se había medido con el demonio: en el momento de su Pasión entablará el debate supremo, que coronará su victoria: «He aquí que llega el príncipe de este mundo, mas no tiene ninguna parte en mí.» Él mismo resume toda su obra como una victoria definitiva sobre Satanás: «Ahora va a ser arrojado fuera el príncipe de este mundo; en cuanto a Mí. cuando Yo sea elevado sobre la Tierra, atraeré hacia Mí a todos los hombres.»
Así, pues, toda la misión de Jesús se presenta a nosotros como un combate y un triunfo sobre Satanás. En este tiempo de Cuaresma la Iglesia no podía dejar de subrayarlo. El primer domingo nos presentó el Evangelio de la tentación. Hoy, Satanás, arrojado del cuerpo de un poseso, ve desvanecérsele el dominio usurpado.
Desde el Escritorio del Párroco
El siguiente punto en nuestra catequesis eclesiológica es sobre la relación intrínseca entre el episcopado y la jurisdicción. Debemos recordarnos que solo queremos tratar asuntos de doctrina de la Iglesia que necesitamos considerar sobriamente. Debemos tener presente que la doctrina viene de Dios mismo a través de su Iglesia y, por tanto, tiene garantía de veracidad. Si alguien niega la doctrina, no importa para la realidad de la misma. Incluso aunque casi todo el mundo ignore un punto doctrinal, ello no tiene ningún efecto sobre su estatus, porque no determinamos la doctrina por votación o encuestas, sino que la transmitimos a través del magisterio de la Iglesia.
Para poner un ejemplo: que cada vez un menor porcentaje de católicos crea en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía no significa que debamos reconsiderar si mantener esa doctrina nos conviene. Tampoco podemos poner en duda una parte de la doctrina con el argumento de que otros errores doctrinales la relativizan. Imaginemos lo absurdo que sería decir que, como es tan común que los católicos ignoren la doctrina sobre el sacramento del matrimonio —justificando el uso de anticonceptivos o el supuesto matrimonio homosexual—, entonces podemos prescindir de la doctrina sobre la unidad y exclusividad del matrimonio, con el fin de contrarrestar esos errores, porque urge tanto reproducir más católicos. Tenemos que aceptar toda la doctrina, porque todo es parte de la revelación de Cristo.
Entonces, nos preguntamos si la cuestión de la jurisdicción de los obispos es algo insignificante —una mera cuestión de disciplina sobre la cual hay espacio para libre opinión y discusión— o si realmente es algo tan intrínseco al depósito de la fe que debemos defenderlo como defendemos la doctrina de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía o la sacralidad del matrimonio.
El Concilio de Trento contiene entre sus condenaciones la siguiente proposición, en su sesión XXIII (1551):
“Aquellos que no han sido ordenados ni enviados por la autoridad eclesiástica y canónica, sino que vienen de otra parte, son ministros legítimos de la palabra y de los sacramentos.”
Trento está enseñando en continuidad con el anterior Concilio de Florencia, que en su decreto Laetentur Caeli (6 de julio de 1439), definió solemnemente la primacía del Papa:
“También definimos que la Santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice tienen el primado sobre toda la Iglesia universal, y que el Romano Pontífice es el sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los Apóstoles, y verdadero vicario de Cristo, cabeza de toda la Iglesia, padre y doctor de todos los cristianos; y que a él, en la persona del bienaventurado Pedro, fue entregado por Nuestro Señor Jesucristo el pleno poder de apacentar, regir y gobernar a la Iglesia universal, como se contiene también en las actas de los concilios ecuménicos y en los sagrados cánones.”
San Roberto Belarmino, doctor de la Iglesia y uno de los primeros teólogos que estudió con precisión la teología eclesial para responder a los errores protestantes, enseñó:
“Cristo constituyó un solo gobierno eclesial con Pedro a la cabeza: ‘Sucesor de Pedro, solo él (el Papa) tiene sobre la Iglesia entera jurisdicción plena; aunque los obispos, sucesores de los Apóstoles, tengan una autoridad directa sobre sus diócesis, el poder del Papa es superior al de todos, no solo en extensión y eficacia, sino también en el origen, pues él lo recibe directamente de Jesucristo, mientras los otros no lo reciben sino por medio de él’.”
Y en otro lugar afirma:
“Es de fe que la jurisdicción eclesiástica viene del Papa, ya que solo el Pontífice puede dar misión canónica a un obispo. Nadie puede ejercer lícitamente la potestad de jurisdicción sin estar enviado por él.”
Francisco Suárez, teólogo en tiempos del Concilio de Trento, insistía que la verdadera sucesión apostólica y la misión canónica son requeridas para ser verdadero pastor. La sucesión no viene solo del orden, sino del poder de gobierno, que debe estar subordinado al primado del Papa. El obispo válidamente consagrado posee el poder del orden, pero si no ha sido recibido legítimamente en comunión por el Papa, no posee ni el poder de gobierno ni misión alguna.
El Cardenal Louis Billot, desarrollando esta doctrina, enseñó:
“El episcopado, en cuanto tal, implica una función de jurisdicción; sin esta, no es más que una simple facultad estéril.”
Y precisó que solo el mandato del Papa convierte la consagración válida en una verdadera constitución pastoral con autoridad.
El Concilio Vaticano I, en la constitución Pastor Aeternus, declaró:
“Por ello enseñamos y declaramos que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras, y que esta potestad de jurisdicción del Romano Pontífice, que es verdaderamente episcopal, es inmediata. A ella están obligados, los pastores y los fieles, de cualquier rito y dignidad, tanto singular como colectivamente, por deber de subordinación jerárquica y verdadera obediencia.”
Y más adelante:
“Guardada la unidad con el Romano Pontífice, tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un solo rebaño bajo un único Supremo Pastor. Esta es la doctrina de la verdad católica, de la cual nadie puede apartarse sin menoscabo de su fe y su salvación.”
Pío IX, quien presidió dicho Concilio, resumió esta doctrina diciendo:
“Es absurdo imaginar que un obispo puede estar en comunión con el Papa si no le está sometido. La sucesión apostólica y la misión canónica vienen del Papa, y sin ellas no hay jurisdicción legítima.”
Pío XII, en medio de las controversias sobre las consagraciones ilícitas en China, declaró:
“Nadie puede conferir legítimamente la consagración episcopal si no ha recibido el mandato de la Sede Apostólica. En consecuencia, si tal consagración se comete contra todo derecho y ley, con este crimen queda seriamente atacada la unidad de la Iglesia.”
Y más generalmente:
“Los obispos, en cuanto sucesores de los Apóstoles, gozan de jurisdicción ordinaria, que el mismo Sumo Pontífice directamente les ha comunicado. Por tanto, aunque cada obispo rige su diócesis como verdadero pastor en nombre de Cristo, no son completamente independientes, sino que están sujetos a la autoridad del Romano Pontífice.”
Quien actúa en contra de esta doctrina incurre en excomunión, pues comete:
“Graves ofensas contra la disciplina y la unidad de la Iglesia… totalmente desacordes con las enseñanzas y principios sobre los que se basa el recto orden de la sociedad divinamente instituida por Cristo.”
Un estudio contemporáneo, publicado por la Fraternidad Sacerdotal San Pedro, resume así:
“El episcopado es un oficio de gobierno, no meramente una dignidad sacramental. Sin misión canónica, la consagración es válida, pero carece de liceidad y provoca confusión eclesial.”
Y también:
“La consagración sin mandato papal es una usurpación de autoridad, porque el poder de regir no puede existir separado del principio de unidad, que es el Romano Pontífice.”
Si tomamos en cuenta el peso de toda esta enseñanza doctrinal, resulta evidente que la cuestión de la jurisdicción no es un asunto menor o de opinión, sino que pertenece a la misma naturaleza de la Iglesia tal como fue establecida por Cristo. Por eso es preciso que se esclarezca este punto para que los fieles entiendan que la fe tradicional y católica nos obliga también a defender el primado papal y la importancia de la jurisdicción en la misión de la Iglesia.
También quiero comentar que en un boletín anterior había mencionado que intenté convencer a Luis Roman que hablara de otro punto de vista sobre este tema en su canal y no quiso. Me dio mucho gusto que entrevistó el P. Highton y les recomiendo mucho la conversación
A que no sabías que…
El Suscipe Sancta Trinitas
Después del lavabo, el sacerdote va al centro del altar, levanta los ojos al Cielo y, inclinándose, pide al Dios Uno y Trino que reciba toda su ofrenda:
Recibe, oh Santísima Trinidad, esta oblación que te ofrecemos en memoria de la Pasión, Resurrección y Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, y en honor de la Bienaventurada María siempre Virgen, del bienaventurado Juan el Bautista, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, de estos santos tuyos aquí presentes y de todos los santos; para que a ellos les aproveche en aumento de honor y a nosotros en salvación; y se dignen interceder por nosotros en el Cielo aquellos cuya memoria celebramos en la tierra. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
La fórmula no es única. El llamado rito galicano tenía varias oraciones que comenzaban con Suscipe, sancta Trinitas, hanc oblationem, quam tibi offerimus, y continuaban con diversas peticiones, como el bienestar del Sacro Emperador Romano y del Rey de los Francos. La oración que pasó al Misal de 1570/1962 apareció por primera vez en la región de Monte Cassino, en Italia, hacia el siglo XI, y no iba acompañada de oraciones similares.
Formación Espiritual
El sentido de la vida monástica - Louis Bouyer
Louis Bouyer fue uno de los teólogos más agudos y desconocidos del siglo XX. Una de sus obras más relevantes es la Introducción a la vida monástica, en la que se expone la espiritualidad cristiana con una fuerza y una claridad que se conjuga perfectamente con la síntesis que sólo un hombre sabio como el autor es capaz de realizar.
El libro echa luz a la espiritualidad del cristianismo que muchas veces fue opacada por los autores posteriores a la Contrareforma y por aquellos que son buenos representantes de los aspectos más decadentes de la devotio moderna.
Como el mismo autor afirma, se trata de un libro dirigido primariamente a los monjes, pero “pero hay que decir que se dirige, al mismo tiempo, a todo cristiano. Si es verdad que el llamado: “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” apunta, de una u otra manera, a cualquiera que quiere ser hijo de Dios, se puede invertir lo que acabamos de decir. En toda vocación cristiana hay un germen de vocación monástica. Se puede desarrollar más o menos; su desarrollo mismo puede tomar muchas formas diferentes. Pero este germen no podría ser ahogado sin que sucumba con él el germen propio de la vida en Jesucristo. No se puede, en efecto, ser hijo de Dios sin escuchar en lo más profundo de su corazón la voz que nos grita: “Venid al Padre”, sin estar preparados a responder con un sacrificio total”.
Formación Intelectual
Cinco defensores de la fe y la razón - Richard Bastien
Ensayo que reúne el pensamiento de cinco autores de habla inglesa de gran influencia en la actualidad. A los cinco les une un denominador común: su oposición al dogma modernista que rechaza todo vínculo entre fe y razón, y su compromiso de ofrecer una explicación.
Literatura
Una familia de bandidos en 1793 - Marie de Sainte-Hermine
Resulta difícil no emocionarse varias veces al sumergirse en esta narración -a medio camino entre la novela de aventuras y el relato autobiográfico-, atribuida en un principio a Jean Chaurrau, el jesuita que la llevó a la imprenta. Sin embargo, en las últimas ediciones francesas es más común, y más justo, encontrar el nombre de María de Sainte-Hèrmine como autora. Ella misma explica en las primeras páginas el lente que le movió a escribirla: dar a conocer a sus descendientes los beneficios con los que Dios ha colmado a su familia "beneficios amargos, sin duda, pero preciosos a la vez". Es uno de sus nietos quien entrega el manuscrito a Chaurrau con la autorización para publicarlo. El conmovedor testimonio de Sainte-Hèrmine nos muestra el Terror de la revolución más allá de la conocida barbarie parisina, porque los cantores de La Marsellesa también perpetraron el primer genocidio moderno, masacrando a toda una región que se resistía a convertirse en esclava de las nuevas ideas. El episodio se llama la Guerra de Vandea (la Vendée) tomando el nombre de la región insurrecta, y "bandidos" llamaron a aquellos nobles y campesinos que se bordaron en las camisas el Sagrado Corazón con una divisa antigua, Dios y el Rey, es decir, lo más proscrito de la Francia revolucionaria. Este libro es la terrible historia de una familia de aquellos memorables bandidos.
Contacto del Apostolado de Guadalajara
Donativos | Donorbox
No podríamos realizar nuestra misión sin su ayuda.
Fieles a la Tradición de la Iglesia. "Ad Maiorem Dei Gloriam"
Copyright © 2026 FSSP en México A. C.





