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Este domingo sirve de marco a todos los que han de seguir hasta Septuagésima. El introito y los demás cánticos de la misa son los mismos; al proclamar la gloria y la realeza universal de Cristo, invitan a su adoración. De este modo, la liturgia del tiempo después de Epifanía se aproxima al Tiempo de Navidad.
Las oraciones, en cambio, tienen un carácter más general; como las del Tiempo después de Pentecostés, son la expresión de la plegaria cristiana en sus peticiones y disposiciones habituales, sin relación directa con una fiesta o un misterio particular. Y lo mismo hay que decir por lo que se refiere a la Epístola y al Evangelio.
La Epístola es continuación de la del domingo anterior, y trata el espíritu que debe animar a los creyentes con relación a todos los hombres, sean quienes fueren. Les debemos tener una voluntad buena y pacífica, que no se deje desarmar por nada, mucho menos por el mal. El Evangelio nos invita a la confianza, por miserables que seamos o por muy alejados que estemos de Dios.
El leproso purificado de su lepra, símbolo del pecado, y el centurión romano, que obtiene la curación de su criado, son dos ejemplos aleccionadores. El elogio de la fe del centurión culmina en la solemne declaración con que anuncia Jesús el acceso de todos los pueblos a la salvación.
El próximo domingo empieza el tiempo de Septuagésima que son tres domingos de preparación para la Cuaresma. La Cuaresma empieza este año el 18 de febrero. Consulten los documentos adjuntos para sugerencias para la Cuaresma:
Desde el Escritorio del Párroco
Otra vez quiero avisarles de los próximos cambios en los horarios de la confesión a partir del primer domingo de Cuaresma y animamos a todos a aprovechar de los horarios entre semana. En seguida les dejo unos textos que nos hablan sobre el tipo de atención que debemos de tener en misa. Además tengo otro aviso importante que les quiero compartir . . . .
Sobre nuestra atención en la Santa Misa, consideremos estas exhortaciones sabias
Asistir a la Santa Misa es mucho más que estar presente en un acto de culto: es unirnos interiormente a la oblación de Cristo al Padre. Nuestro Señor renueva sacramentalmente su sacrificio del Calvario, y nos invita a asociarnos a Él, ofreciendo con Él todo lo que somos y todo lo que hacemos.
No es necesario que el fiel siga todas las palabras del rito ni que medite continuamente en los misterios representados; basta que permanezca en una actitud interior de fe viva, de adoración humilde y de ofrecimiento sincero. Una atención simple y amorosa, sostenida por la voluntad, agrada más a Dios que una atención tensa y fatigosa que termina por cansar el alma.
La Misa produce sus frutos en proporción a la unión interior del alma con Cristo sacerdote y víctima.
(Don Columba Marmión)
Muchos cristianos oyen Misa sin aprovecharla, no porque les falte fe, sino porque no saben cómo asistir a tan alto misterio. Creen que basta estar presentes con el cuerpo, y no entienden que el altar es el Calvario y que allí se ofrece el mismo sacrificio de la Cruz.
Para oír bien la Misa es necesario ejercitar el corazón en el ofrecimiento. Desde el comienzo, el cristiano debe decir interiormente: Padre eterno, me uno al sacrificio de tu Hijo; ofrezco contigo mi vida, mis trabajos, mis penas y mis alegrías. Quien así asiste, aunque no medite mucho ni siga cada palabra, oye mejor la Misa que quien se distrae en pensamientos piadosos sin relación con el sacrificio.
No se oye la Misa con los oídos, sino con el corazón unido al altar.
(San Leonardo de Porto Maurizio)
Antes de comenzar la Santa Misa, conviene ofrecerla al Padre eterno, uniéndose al sacrificio de Jesucristo. Durante la Misa, no se turbe el alma si no puede meditar mucho ni seguir todo el rito; basta que quiera amar, adorar y ofrecerse con Cristo. El fruto de la Misa no depende tanto de la cantidad de pensamientos como de la unión del corazón con el divino sacrificio.
(San Alfonso María de Ligorio)
Con algo de tristeza les informamos que, a partir de la próxima semana, Francisco García, “Paquito”, quien durante muchos años ha sido una presencia constante en numerosas actividades de nuestra comunidad, se retira de Casa Cristo Rey. Tras un largo y serio proceso de discernimiento, Paco ha llegado a la convicción de que este es el paso que debe dar en este momento.
Sin duda lo vamos a extrañar en Casa Cristo Rey, no solo porque lo hemos considerado siempre un verdadero hermano, sino también por la generosa ayuda que nos ha brindado en tantos proyectos y apostolados. Sentiremos profundamente su ausencia, aunque confiamos en que no se distancie de la vida de la comunidad parroquial.
Él pide humildemente las oraciones de todos ustedes mientras discierne y toma decisiones sobre sus próximos pasos.
Cabe recordar que algunos de los fundadores de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro han expresado el deseo de establecer, dentro de nuestras constituciones, una figura estable para hermanos laicos que puedan aportar de manera significativa a la vida de nuestras comunidades. Dicha figura debería ofrecer estabilidad, formación y permanencia, con el fin de ayudar a sus integrantes a crecer en santidad mediante el servicio a Dios. Desafortunadamente, esta figura aún no existe y no se trata de un proyecto fácil de concretar, especialmente en el contexto actual de la Iglesia en torno a la Misa tradicional.
Por ello, sería muy conveniente seguir pidiendo a Dios que, algún día, esta vocación de hermanos laicos dentro de la FSSP pueda hacerse una realidad. También pidamos por Paco para que siga su camino de santidad y entrega al Señor y le demos gracias estos años de servicio y buen ejemplo.
A que no sabías que…
El Lavabo
Después de la incensación en la Misa solemne y después del ofertorio en la Misa rezada, el sacerdote se dirige a la esquina de la epístola y se lava las manos mientras reza el Salmo 25, 6-12 que en español es:
Lavaré mis manos entre los inocentes,
y rodearé tu altar, oh Señor,
para oír la voz de la alabanza
y contar todas tus maravillas.He amado, Señor, la hermosura de tu casa
y el lugar donde habita tu gloria.No arrebates mi alma junto con los impíos,
ni mi vida con los hombres sanguinarios,
en cuyas manos hay iniquidades
y cuya diestra está llena de dones.Mas yo he caminado en mi inocencia;
redímeme y ten misericordia de mí.Mi pie está firme en el camino recto;
en las asambleas bendeciré al Señor.Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
La acción no es tan autoexplicativa como cabría esperar. El sacerdote se lava las manos antes de revestirse en la sacristía, y no ha tocado nada sucio entre entonces y ahora. Dicho esto, es posible que sus manos se hayan ensuciado al manipular el incensario. Guillermo Durando, por ejemplo, escribe que en su tiempo el sacerdote también se lavaba las manos después de la segunda incensación.
Incluso si existe una razón práctica para el rito, la explicación simbólica es la que ha recibido mayor atención entre los comentaristas litúrgicos. Pero si el lavabo fuera solo por razones simbólicas, podríamos preguntarnos de nuevo por qué tiene lugar aquí y no al comienzo del rito del Ofertorio, antes de que el sacerdote manipule el pan y el vino.
Hay al menos dos posibilidades. La primera es que, a partir de este punto, el sacerdote tocará pan y vino consagrados. Por “consagrados” no nos referimos a transubstanciados, sino apartados para un uso sagrado. Cuando el sacerdote tocó por primera vez la patena que contenía la hostia, esta era un simple trozo de pan; cuando terminó de ofrecerla a Dios, se había convertido en una hostia reservada exclusivamente para lo divino.
Formación Espiritual
365 días con el Padre Pío - Gianluigi Pasquale
365 días con el Padre Pío ofrece un pensamiento para cada día del año del Padre capuchino, uno de los santos más conocidos y queridos del siglo XX.
Formación Intelectual
Mero Cristianismo - C.S. Lewis
Mero cristianismo es un libro de C. S. Lewis, adaptado de una serie de charlas realizadas en 1943 y transmitidas por la BBC mientras Lewis se encontraba en Oxford durante la Segunda Guerra Mundial. Es considerado como un clásico sobre apologética cristiana.
Literatura
El Oriente en Llamas: Biografía novelada de San Francisco Xavier - Louis de Wohl
Sobre el trasfondo de París, Lisboa, Roma, India y Japón, esta novela desarrolla el drama de la vida de san Francisco Xavier. Siendo estudiante en París, comparte habitación con otros compañeros, entre los cuales está Ignacio de Loyola, y allí se enciende con el fuego que quiso llevar consigo para prender Oriente en llamas.
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